lunes, 26 de febrero de 2018

Política psicoanálisis: Sociedad




“Siempre encontramos en este punto una ambigüedad cuyo origen es que tenemos una ciencia del sujeto, no del individuo. Ahora bien, sucumbimos a la necesidad de poner al principio al individuo, olvidando que el sujeto, como sujeto, no es identificable con el individuo. Aunque el sujeto esté ajeno, como individuo, al orden que le concierne como sujeto, ese orden no deja de existir.”
(Jacques Lacan, 27-2-1957)
El contexto de la cita no es una disquisición sobre la importancia del pensamiento crítico, sino una referencia a la particularidad de la clínica psicoanalítica. Sin embargo, la amplitud del significante en su resonancia, no nos obliga a cerrar el sentido de unas líneas permitiéndonos en cambio poner la letra al servicio de nuestro propio decir. En este caso, se trata de pensar cómo la época que nos atraviesa vuelve a caer una y otra vez en la bagatela de la individualidad, incluyendo el discurso de ciertos analistas locales, que se desentienden de la política por considerarla “esa cosa corrompida e impregnada de ideales” , desconociendo que el psicoanálisis también tiene la suya.
El desinterés del analista por la singularidad epocal del lazo social y los efectos sobre la subjetividad del contexto contemporáneo, que lo enclaustran en dispositivos atrofiantes – ya se trata de Escuelas, Cátedras o el propio consultorio cuando no interviene una terceridad interpelante (cosa que sucede muy a menudo) -, equivale a un empobrecimiento de su situación analítica no sólo en lo que él representa en tanto custodio de un lugar, sino ya como analizante mismo.
Repasemos de qué va la política psicoanalítica.
La política del psicoanálisis es una política del Sujeto y no del individuo. La noción de individuo es esencialmente anti-política, porque supone que el todo es equivalente a la suma de las partes lo cual es falaz, en tanto desconoce así el orden simbólico como trascendente a la mera adición de individualidades. Inclusive, puede decirse que una de las más subversivas definiciones políticas hecha hasta el momento es aquella que sostiene que “el deseo es el deseo del Otro”, porque incluye la alteridad sin integrarla ni reducirla.
Otro rasgo de la política del psicoanálisis, es la lectura. La lectura como política, que remite a la escritura, sin la cual no hay «sujeto historizado» posible – porque historizar es reescribir. La instancia de la letra en el inconsciente es el soporte material de la función de la palabra (que lleva hacia la media-verdad o verdad no-toda) y supone un camino de acceso a lo real pulsional que en lo simbólico es agujero, y que además interpela la lógica imperante de “caracteres” vacuos propia de este semiocapitalismo, a los que se les supone un Saber, un decir, pero que no remiten a nada más que a sí mismos casi delirantemente. Su verdad es la posverdad, es decir, la pura y simple mentira de lo ilusorio y hologramático.
Lo que se lee y escribe en psicoanálisis tiene que ver con el goce del cuerpo y, la política, en definitiva - en tanto basada a fin de cuentas en el ejercicio del Derecho -, no remite más que a la distribución, repartición y retribución de lo que toca al goce o, si se quiere, “de la riqueza” (en sentido amplio). Ni el psicoanálisis ni la política trabajan sobre entes virtuales, imaginarios, bidimensionales, a no ser un psicoanálisis canalla y una política de la misma factura – tal como la que propone el neoliberalismo actual con su votante tipo 2D.
Tanto la democracia como el psicoanálisis verdaderos parten de una condición fundamental: que haya renuncia al goce. Que haya interés por el otro goce, que es el que la mediación de la palabra hace posible. No siempre sucede, porque tenemos eso que no es de jure sino de facto en cuanto a los modos en que se ejerce el Poder a nivel gubernamental y ahí ya estamos en el Deber. O sea, en el superyó como imperativo, exigencia, imposición del goce. La falsa democracia, que captura la “atención” de los ciudadanos mediante estrategias de hipnotismo e infantilizaciones diversas, se propone como “de derecho” pero actúa “de hecho”, tal como ciertas psicoterapias - siempre bien recibidas por el neurótico en sus ansias de evitar la castración (falta, no-todo) – las cuales detrás de una serie de enunciados egosintónicos enmascaran una enunciación reaccionaria y renegatoria, cuando no forclusiva de la diferencia. Políticas y terapias de normalización siempre prestas a pauperizar la participación social, porque esta nunca es del todo calculable en sus efectos.  

Buenos Aires, Febrero de 2018

lunes, 19 de febrero de 2018

Palabras



“El poder-goce trata de dominar la subjetividad del sujeto de la polis. Todo el inmenso aparato del entretenimiento, desde los dibujos animados hasta las masacres en Irak, busca sofocar-controlar la subjetividad. Impedir que el sujeto piense. Que el sujeto se haga dueño de sí. Que tome distancias. Que se aleje. Que desconfíe. Que no crea. Que se apropie de su conciencia crítica. Aquí, en esta apropiación por parte del sujeto de su propia subjetividad, aparece la política. La política es conciencia crítica. Es ruptura. Es ausencia y soledad. Es aburrimiento y dolor. Esto, al principio. Luego irá en busca de OTROS a los que abruma este suceso inesperado: no creer más en nada. O peor aún: no pueden entretenerse más. Aquí, el sujeto ya no está sujeto [en tanto sujetado].”

(“La condición argentina”, José Pablo Feinmann)

Se viven épocas complicadas en el país argentino, en particular, y en Latinoamérica en general (cuando no, en el mundo). Ha regresado al poder la «derecha neoliberal» y, lejos de lo que suelen sostener los tibios, no es que “no se sepa qué va a pasar” sino que, por el contrario, el miedo lo genera saber cuál es la mentalidad de los ahora dominantes. Más precisamente hablando, es cuando se pesquisa algo de ese goce del otro – el verdadero, no del supuesto - cuando surge la angoisse, porque ésta es señal de la proximidad de un real referido a una marca [Eindrücke] históricamente material (allende la estructuralidad de la castración, de la que es su evocación traumática por el grado de indefensión en el que vuelve a ubicar al sujeto). El 2001 como momento de crisis o “coyuntura dramática” fechada y situada (histórica) en la que estalla la realidad sociopolítica argentina y con ella la subjetividad, más allá de las defensas fantasmáticas, identificatorias, etc., siempre más o menos eficaces. La ética del psicoanálisis – tal como yo la entiendo - no hace nudo con quienes avanzan en contra de la cultura, de la Democracia verdadera (porque hay la que no es, como la presente del señor Mauricio Macri y “equipo”) y de que el pueblo tenga mayor voz y libertad, queriendo significar con este último vocablo, plausibilidad de articular sueños y proyectos vitales. A los más fieles representantes del sistema cruel - que no configuran ningún Otro completo, vale aclarar - pero que sí sostienen una dirección cuyas consecuencias en carne propia son sabidas, no puede considerárselos amigos del psicoanálisis.

Tiempos de forclusión, de degradación, de mortificación, de desarraigo, donde el entramado social se desteje. He allí las consecuencias de un capitalismo neoliberal salvaje y articulado a un anarquismo-financiero. Si “el inconsciente es la política”, la existencia neoliberal, tecnocrática y capitalista tiende a su abolición (de ambos). En este punto preguntamos: ¿siendo, a su vez, esta degradación de la Política el intento omnipotente de arrasar con lo político? Así como la ciencia se divorcia de la filosofía, lanzándose a un proyecto de realización meramente técnico (“tiempos de penuria” diría Hölderlin; “tiempo indigente” agrega Heidegger), la política contemporánea – especialmente la más ligada a los gobiernos que sintonizan en su posición con las características de la época – pareciera ir en la búsqueda de una clausura en la relación con «lo político». Como dice Byung-Chul Han:

“La política es una acción estratégica. Y, por esta razón, es propia de ella una esfera secreta. Una transparencia total la paraliza. (…) Sólo la política como teocracia se las arregla sin secretos. Aquí la acción política cede a la mera escenificación.”

Podríamos decir que si inconsciente es la política, el núcleo real no-transparente de la misma debe pensarse como «lo político» que, al igual que al objeto a lacaniano, representa aquello que está más allá del DISCURSO DEL AMO en tanto vacío indomeñable, no-lugar a resguardar frente a cualquier índole de nominalismo o – lo que es lo mismo – de Totalitarismo, por ser el resto motorizante del sujeto del deseo. Regresando a Han:

“[En la sociedad de la transparencia] La política cede el paso a la administración de necesidades sociales, que deja intacto el marco de relaciones socioeconómicas ya existentes y se afinca allí. (…) Por eso, la sociedad de la transparencia va de la mano de las pospolítica. Sólo es por entero transparente el espacio despolitizado. La política sin referencia degenera, convirtiéndose en referéndum.”      

Decir capitalismo gore es situar la utilización que del a se hace en el marco de este discurso. No precisamente en términos deseantes, motorizantes si no, más bien, en la vía de ese goce que mejor NO. Lo obsceno, lo impúdico, lo porno, lo “posprivado” e íntimo en su vertiente de exhibición, exposición, fetichización. El cuerpo en su versión fantasmática y renegatoria de la diferencia sexual, como partes mutiladas, parciales destinadas a tapar la castración en tanto real, como falta de un significante en el campo del Otro.  


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El discurso psicoanalítico relanza la tragedia de la «exsistencia», acotando el goce de lo hiper-representable, clasificatorio, objetivante. Época de la psicotización generalizada en el sentido de una nominación pretendidamente totalizante. La tecnocracia, la psicofarmacologización indefinida, el aplicacionismo de manuales factura DSM y de tratamientos al modo TCC (más de la última “C” que de la primera), sitúan una escena cuya característica principal es la ausencia de tiempo para el despliegue del deseo, que se escribe así: S (Ⱥ) porque implica soportar que las respuestas anticipadas velan esta ausencia de respuesta radical. El deseo es un Che vuoi? que me retorna como un: ¿Qué quiero? Esto apunta directo a la responsabilización subjetiva por el estar-aquí, en tanto me conmina a tomar una posición. Así opera, por lo demás, el pensamiento crítico en tanto tal.

Este libro es una toma de partido. Por el contenido pero también por el hecho de la publicación en este momento del país donde ha vuelta a tomar el poder la derecha neoliberal. Hay que celebrar la vida, salir, conectar, compartir, intercambiar, poner el cuerpo, comunicar, transmitir, subvertir. Demostrar que el ejercicio del pensamiento crítico está vivo. Pensamiento crítico y existencia desasida, van de la mano. Los medios masivos de comunicación han demostrado una vez más su profunda incidencia en el corpus social, inclinando la balanza a su favor posibilitando la llegada al poder de un personaje inigualable, a quien se subestimó, y respecto del que todavía nos estamos preguntando cómo llega a ser presidente alguien tan cuestionado y cuestionable. Por algo se ha dicho de la prensa que es, acertadamente, un “cuarto poder.” Y que, “a los boludos no se los ve venir”. Cuestionando ambos dichos, diremos que la prensa, hoy en día y en nuestro país, ha escalado en el ranking de los poderes y que, a este supuesto boludo, lo vimos venir, pero no hicimos lo suficiente para evitar su llegada: lo subestimamos.


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Espero que lo que diga en este punto no ofenda a nadie. En lo personal, mi experiencia universitaria no ha sido mala, lo que tampoco significa que haya sido buena. Obviamente, esto depende de las condiciones en las cuales se desarrolla dicha labor (la de docente universitario). Elegí ser ayudante de una materia anual de la Facultad de Psicología de la UBA, en calidad de ad honorem, durante cinco años, como un modo de persistir en mi capacitación profesional y como una manera de sostener el lazo social con otr@s que comparten la propia causa (o hacen semblante de…). Ha habido encuentros interesantísimos, más que nada, con el alumnado , ese espíritu joven de ávidos e interesados en conocer más sobre la propia posición con relación a los temas del psicoanálisis (pero no sólo, obviamente, porque el Psicoanálisis no es TODO, además de ser no-todo). En cuanto a mis colegas, rescato los intercambios teóricos, las conversaciones clínicas, el poder pensar diferente y que se respete, el interés de muchos por la producción personal y por aportar a - o tomar algo de - la misma.

Sin embargo, lamentablemente en muchos otros casos ha primado el narcisismo y los prejuicios de saber, además de una supeditación casi-militar a la estructura jerárquica, verticalista y piramidal de la organización académica. Se registra mucha burocracia y mecanización de conductas. Humores densos o sardónicos (superyó), poca reflexividad, diálogo, tiempo y espacio para la escucha de lo que insiste y que como analistas sabemos que vale la pena tener en cuenta. En definitiva, lo que acaece en toda institución humana, aunque sinceramente duele ver que suceda lo mismo en quienes tenemos (en mi caso: teníamos) la profunda responsabilidad de formar nuevos agentes psi, se dediquen ulteriormente a la clínica o no. Cuesta correrse de la letra admitida, del sentido coagulado y supuesto a la cita. Eso lleva, por otro lado, a la queja y, como decía antes, a cierto manejo burocrático. Muchos carecen notablemente de la capacidad de generar una genuina transferencia de trabajo lo que torna a las reuniones (o a las clases) un mero juntarse a mirarse los rostros, sin productividad (“plus”) alguna o, peor, con déficit – porque nunca es gratis poner el cuerpo. Se confunde no responder al mandato de tener que hacer, con directa, lisa y llanamente desentenderse de la responsabilidad de brindar una orientación. ¿Nos dormimos en los laureles del Sujeto Supuesto Saber? O también nos vanagloriamos yoicamente en las cúspides del saber “expuesto”, ese que hay que detentar cada tanto, para ubicar a los desubicados, para normalizar a los anormales.

Registro una fuerte mortificación en colegas que, autodefiniéndose como psicoanalistas, aún siguen creyendo en esa idea de “profesión”, desconsiderando que la nuestra – quiero decir, la del psicoanálisis – es una práctica más bien con estructura de discurso, es decir, que postula un modo de lazo social atravesado por una ética singular, que no cesa de no escribirse en los manuales y/o códigos habituales definidos por los Colegios, las Escuelas, Superintendencias, Foros, Cátedras, Facultades, Secretarías, Ministerios y demás... El psicoanálisis se lleva a las patadas con la Universidad.

Porque la praxis analítica conlleva un despeje para con toda esa batuta administrativo-burocrática situándose en su esencia una posición que antepone la falta al famoso “es lo que hay” juvenil y epocal. No entiende de “chapas”, de linajes ni de acomodos (que, aún en nuestro campo, los hay). El psicoanálisis es un movimiento sostenido por el deseo, la apuesta, la implicancia, por la jugada que cada cual hace en función de la aseveración radical de que no existe el Otro del Otro. «Pensar críticamente» – al igual que analizarse -, lejos de suponer una cotidianeidad caótica de diatribas endiabladas y de cáusticas imprecaciones, de peleas, disputas, discusiones sin sentido o confrontaciones estériles (versión imaginaria de lo que representa el PC), es más bien un puente que conduce a una calidad de vida sobradamente disímil. Obviamente, no es para cualquiera. Pero sí vale la pena invitar a descubrir este camino Øtro. Porque en algún lado está. O, mejor dicho: está tan ausente de cualquier lado, que puede estar en alguna parte pero a condición de que una subjetividad se haga cargo de su invención (ambos genitivos).

Buenos Aires, febrero de 2018

domingo, 18 de febrero de 2018

DECANDECIA DE LA POLÍTICA. Aportes del psicoanálisis




“Ahora bien: si el propósito del educador es impedir cuanto antes que el niño llegue a pensar por su cuenta, sacrificando su independencia intelectual al deseo de que sea lo que se llama «un niño juicioso», el mejor camino es, ciertamente, el engaño en el terreno sexual y la intimidación en el terreno religioso.”
(S. Freud, La ilustración sexual del niño, 1907)

“Si la designación Tú eres mi padre ya significa para el sujeto un acto político, hay que encontrar el porqué de su eficacia, ver cómo funciona.” (FERREYRA, 2000, p. 18).    

Continuando la cita freudiana, diremos que cuando adulto, nada mejor que continuar la represión psíquica en el plano político. Tomando esa referencia de Norberto Ferreyra, que él a su vez toma de Leo Strauss, tenemos que decir Tú eres mi padre, ya es un acto político. Pero lo que se vive hoy tanto en Argentina como en Estados Unidos, donde han sido “elegidos” – entre comillas porque lo que ha sucedido es una impresionante manipulación mediática apoyada en específicas estrategias de psicopolítica – presidentes como Mauricio Macri y Donald Trump (respectivamente), no tiene que ver con la función del padre en términos simbólicos. Diríamos más bien que es su rechazo, o eventualmente algo referido a su degradación. Hay una infantilización social increíble articulable a cierta añoranza o nostalgia por un padre terrible, castigador, fantasmático que nos recuerda textos como Pegan a un niño o El problema económico del masoquismo. Es un padre que no sólo amenaza de castración, sino que cumple dicha amenaza pero en el sentido más burdo e imaginario que pueda esperarse, vale decir, excluyendo, maltratando, sodomizando.
Desde el psicoanálisis sabemos que la metáfora paterna falla, más todavía hoy en día donde pierde efectividad el significante del Nombre-del-Padre como efecto de ciertos movimientos del sistema socio-económico y de los desarrollos de la ciencia en el sentido de la forclusión del sujeto, por cuanto este último discurso verifica al sujeto como su resto, coartando así la posibilidad de que se reconozca como el sujeto que habla. Se refuerza la posición del sujeto como resto, impidiendo que se responsabilice precisamente de su posición de sujeto. Se enfatiza la posición de objeto. Todo esto se registra no solamente en las patologías “actuales” como lo son la anorexia-bulimia y las toxicomanías, sino en el plano de la política, como anulación de la función crítica.
En el texto de Freud citado, él habla de una “neurosis que se deriva de interrogaciones inconscientes no contestadas”. No queda del todo claro a cuál se refiere pero, al pie de página, formula que esa misma sujeto desencadenó luego una esquizofrenia. Me resultó chocante e interesantísimo a la vez, esta referencia. Pienso cómo puede llevarse esto a niveles sociales contemporáneos y cómo la ausencia de respuesta o inclusive la imposibilidad de la formulación de la pregunta misma, conllevaría a la locura. Semejante a lo que dice Lacan en el Seminario III, cuando plantea cierta problematización psicótica en lo tocante a la dimensión de la pregunta (que da su estructura a la neurosis). Qué pasó con Santiago Maldonado, qué pasó con el ARA SAN JUAN, qué va a pasar con el empleo, empiezan las clases o no, hacia dónde está yendo el país, etc. Preguntas que parecerían incomodar hasta tal punto que teme formulárselas. No quiere que se piense, que se reflexione, que se desarrolle la curiosidad. Prohibido pensar. O peor: que pensar se vuelva imposible. Vivimos una época profundamente antinómica al pensamiento crítico y, inevitablemente, al psicoanálisis.        
Desde los medios de comunicación se construye un televidente, un espectador, un receptor o público obtuso, estulto, idiotizado. Se propone goce las 24hs. Por eso, quizá molestaban tanto las cadenas nacionales de CFK. Porque se dirigían a un sujeto mínimamente instruido, a un sujeto de la palabra, a un adulto. No se apelaba a las emociones ciegas en busca de generar efecto de posverdad. No se reducía todo a gobernar o legislar vía twitter. La metáfora paterna claramente allí también fallaba, pero al menos había una referencia, un Estado presente y no sólo para reprimir. Hoy se plantea una trama forclusiva, un discurso psicotizante. Por momentos, renegatorio, es decir, perverso y psicopático en su cinismo. Tomando cierto planteo de la clínica psicoanalítica, quizá en lo que no se supo avanzar, fue en esta idea de ir más allá del padre. Que el padre deje de ser la referencia ultima del sujeto del inconsciente para que pueda aparecer algo del orden de la causa del deseo. Sin embargo, pedirle semejante giro a la política, me parece demasiado y no es que no se hayan hecho cosas en ese sentido, es decir, en la dirección de revalorizar lo significativo para el pueblo, en resituar las coordenadas históricas que dieron origen. Pero faltó. De lo que se trata de ahora en más, es de seguir sosteniendo esa lucha, sólo que desde otro lugar. Como oposición lúcida, que no cae en chicanas, que insiste de manera renovada tratando de que pueda oírse una voz. Pero no la voz del superyó que actualmente ladra obscena e impúdicamente, de modo pornográfico felicitando a policías asesinos o premiando a gendarmes represores. No. La voz del amor al otro, a la patria entendida como casa del sujeto. Una voz que, en función del amor, se ligue a la palabra. Único medio de edificación subjetiva y emponderamiento popular, ya sea en psicoanálisis, ya sea en política.

Buenos Aires, Febrero de 2018






REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL NEXO “PSICOANÁLISIS ◊ DECOLONIALIDAD”

    “La modernidad no sólo necesita la colonialidad sino que la colonialidad fue y continúa siendo constitutiva de la modernidad. No hay m...