lunes, 2 de octubre de 2017

“Negar la negación: de cara a las elecciones legislativas 2017"



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En el capítulo “Secuencia de una lógica”, del libro del analista argentino Daniel Mutchinick El saber de la herejía, el autor extrae algunas conclusiones en relación a la negación dentro de la práctica psicoanalítica. Primero, lo que él llama el papel agitador de la misma, por cuanto apunta a un doble lugar; o bien, escinde al sujeto de cierto ser, o bien, lo distancia de tal atributo. La negación es aquello que permite separar una cosa de otra. Es decir, introduce la discontinuidad y la diferencia. En segundo lugar, el autor señala la virtud de la negación en tanto permite anotar la ausencia. En su perspectiva, Lacan sacará provecho al máximo de esta particular función lógica que es el negar, hablándonos de una negación creadora. Nótese, claramente, el espíritu hegeliano de su formulación. Efectivamente, hay una etapa muy dialéctica en Lacan, así es como entiende la progresión de una cura. Pero, a la vez, heideggeriana: “… la muerte nos aporta la cuestión de lo que niega el discurso, pero también la de saber si es ella la que introduce en él la negación. Pues la negatividad del discurso, en cuanto que hace ser en él lo que no es, nos remite a la cuestión de saber lo que el no-ser, que se manifiesta en el orden simbólico, debe a la realidad de la muerte” (LACAN, Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud, 1954, P. 360). Siguiendo este razonamiento, podríamos conjeturar que si Freud sostenía que en el inconsciente no hay representación de la muerte, esto se deba tal vez al hecho de que allí tampoco hay - otra aseveración freudiana - negación: pero la inversa no es menos válida. O sea, tal vez allí falle la negación por el hecho de que la muerte – y su poder - no llega a inscribirse. Negando la negación, diremos, ese punto de imposibilidad que no cesa de no escribirse, apelación lacaniana mediante a la lógica modal aristotélica.
Lo imposible, en nuestro campo, tiene varios nombres: LA Mujer, la relación sexual, el goce todo. También, lo Real. Lo que no se sostiene sino, justamente, más que dejándose fallidamente negar, es decir, reprimir como modo de no-saber sabiendo nada de la cosa traumática. Porque el inconsciente es un saber no sabido y el fantasma una escena que sostiene al sujeto frente al agujero. La subjetividad ya es una defensa frente al gozo mortífero, el sujeto del inconsciente-lenguaje ya es una resistencia al capricho del Gran Otro del que depende para ser, más no para existir. Si el Otro me da la esencia, no me garantiza la existencia (esta afirmación no es aplicable al serhablante que se ubica del lado femenino del cuadro de las fórmulas de la sexuación, puesto que allí, por el contrario, sólo está garantizada la existencia de un goce-Otro, excedente al del significante fálico, mas por ello mismo falta toda sustancia; por último, el sujeto psicótico pierde ser y existencia al no ingresar al mundo donde sólo eso es posible y que es el del Complejo de Edipo freudiano). Ese esencialismo es significante y esa existencia es dialógica. El primer efecto del NO dirigido enunciativamente a la demanda del Otro, es el deseo. La demanda es la negación de la necesidad; el deseo es la negación de la negación.

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Aterrizando de un sopetón a nuestra realidad contemporánea, nos encontramos con una coyuntura política donde el 51% de la población, o al menos del electorado, ha elegido “el cambio”, es decir, situar un voto antitético – inclusive con la connotación de castigo – al proyecto nacional y popular que gobernó durante 12 años, desde el 2003 hasta el 2015, nuestra República Argentina. Ganó la negación, y acaso también el negacionismo, que ya es otra cosa, vinculada a lo Freud define como mecanismo perverso y que es la Verleugnung en tanto renegación: negar que se niega. El Supremo de Buenos Aires pasó a ser el Supremo de la Argentina (FEINMANN, 2014, p. 338). Este Pequeño Rey, hijo del miedo, gestor y gerenciador del Macricidio, especie de Isidoro Cañones del Siglo XXI viene a garantizar el siglo de las OBLIGACIONES y no ya del “curro de los derechos humanos”. Ya aprendimos la lección, sabemos de la importancia de que el Estado no se exceda en su función de control y resguardo del establishment, pero ahora llegó el momento de administrar racionalmente esa defensa de la sociedad de bien(es), de la propiedad priva(tiza)da, del libre – y anárquico – mercado. Porque estamos en el capitalismo financiero, mercantil, no ya en el empresarial, ni mucho menos en uno estatista. Demasiados derechos para el pueblo, terminan por generar vagos y parásitos. Hay que insistir: este es el siglo de las Obligaciones. Hay que recordarle al esclavo que es un esclavo, al obrero que es un obrero, al pobre que es un pobre. Es el SIGLO del superyó, sin más. Para eso lo votó la gente, manipulada o no, esta elección fue verdaderamente un castigar, pero entiéndase bien, un castigarse-a-sí-mismo. Mientras tanto, las potencias del Norte y toda su maquinaria bélico-comunicacional descorchan champagne (sin pizza) frente al avance obsceno de los neoliberales. El homo terrorista imperial o, más lacanianamente, el sujeto supuesto imperialista – que no es “alguien” sino un Sistema -, festeja la victoria del Consenso de Washington en su patio trasero. Mientras tanto, los pueblos latinoamericanos, vemos lentamente cómo nuestras ganancias y reivindicaciones históricas se van deteriorando o directamente se arrasan. No creo que sea escuchando a Jacques Allain Miller, que sería algo así como el López Rega del Lacan-Perón, que los psicoanalistas de estos lares podamos concebir y comprender qué es lo que está sucediendo aquí y ahora, porque nadie mejor que nosotros conoce nuestra historia y sí allá había que defender a Macrón a sabiendas de la estupidez de tal elección, acá no había otra chance que Scioli.
No había que negar (antítesis) la afirmación (tesis) nacional y popular que se venía sosteniendo. Hegemonía fallida, ¿por qué no habría de serlo?, pero proyecto identitario, soberano y plural, al fin. Que cada cual lea el discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación del 1° de Marzo de 2015, si quiere enterarse un poquito al menos de lo que estuvo pasando por acá la última década. Yo entiendo que las Conferencias porteñas tienen una edición mejor, que leer a un francés, garpa, pero ¡por favor! No seamos tan colonizados de mente. Abramos los ojos de una buena vez ante el Leviatán que nos quiere convertir en hienas, los unos de los otros.
Resumiendo, y dado que además de psicoanalista, quien escribe es un CIUDADANO, por favor, tengamos el coraje de negar la negación. Hegel, Lacan pero, sobre todo, muchos argentinos (y también hermanos, paraguayos, bolivianos, venezolanos, peruanos, uruguayos, ecuatorianos, chinos, coreanos, colombianos y chilenos, porque este País siempre aspiró a ser una PATRIA GRANDE) que hoy se quedan sin trabajo, sin subsidios, sin educación y sin salud, nos lo agradecerán. Votemos con pensamiento crítico, el último recurso que nos queda ante la osadía del Nuevo Amo.

Buenos Aires, Octubre de 2017.

domingo, 1 de octubre de 2017

“La resistencia y las defensas: Historia/ pasado – Memoria/ olvido”



“¿A fin de cuentas, de La interpretación de los sueños al período que he calificado de intermedio, qué es lo que fue originariamente reprimido? Es, una vez más y como siempre, el pasado. Un pasado que debe ser restituido, y acerca del cual no podemos sino evocar (…) su profunda ambigüedad…”.
(J. Lacan, “Los escritos técnicos de Freud”, 7/1/1954)



“El olvido es (…) persistente. Todo lo negado persiste en la conciencia, persevera. Lo negado engendra peste. Una patología devastadora que enferma a los pueblos. Hay una frase que se utiliza en estos casos y dice que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo. La frase exige a los pueblos recordar lo malo para no sufrirlo otra vez. Es una frase-advertencia. Pero los pueblos no creen en las advertencias. Las advertencias advierten sobre el futuro, y los pueblos (…) quieren habitar el presente, dado que el pasado quieren olvidarlo y el futuro los asusta. Nada más cómodo que olvidar.”
(J. P. Feimann, El parque de la memoria, 9/9/2007)

El pasado individual es algo tan escurridizo, tan ambiguo, tan sujeto a falsificaciones y lagunas que una reconstrucción ad integrum del mismo siempre resultará una empresa cuasi-delirante. Además, ¿cómo determinar, dice el sentido común, qué fue efectivamente vivido y qué, en cambio, es fantasía o discurso del otro - anécdota, comentario, etc.? ¿Cómo pretender, entonces, que el pasado colectivo no esté, a su vez, determinado por todas estas condiciones pero potenciado en su inconsistencia y complejidad por el hecho de su misma multiplicidad protagónica (de actores involucrados)? Sin embargo, la reflexión del filósofo argentino nos interpela. Pese a lo que señala respecto de lo que sucede con los pueblos, va en otra dirección. Por eso, en ese mismo artículo que citamos y que habla sobre el “Parque de la Memoria” inaugurado en la Ciudad de Buenos Aires en evocación a los desaparecidos por la última dictadura cívico-militar, Feinmann sostendrá que el mismo ha sido hecho “para que nadie los olvide”. “Es una herida en la ciudad, un gesto testimonial, valiente, que habrá que cuidar de la injuria de las hienas y visitar asiduamente para estar ahí, cerca de ellos, inocentes todos, porque el que muere sin justicia, sin defensa, sin ley, con su cuerpo escamoteado al amor postrero de los suyos, es inocente…”. La importancia de recordar, de la Memoria que combate al olvido definitivo que pretende negar el hecho sucedido, se vincula directamente con la noción de Historia que, como señala Lacan en este mismo Seminario citado, no es el pasado (LACAN, 1953-4, p. 27). Y no: la historia no es el pasado. La historia es el pasado re-historizado, simbolizado, reinterpretado, resignificado en el aquí y ahora del Presente. Si el Otro es definido por este psicoanalista como el lugar del lenguaje, diremos que no hay historización posible sin ese Otro. Pero, ¿de qué Otro se trata?
La Clase III se llama La resistencia y las defensas. Lacan está polemizando con un psicoanálisis cada vez más intersubjetivo, centrado en una concepción del sujeto como Yo a quien él mismo articula en tanto imaginario, producto  de una identificación, de una construcción artificial y no en cuanto que dado o psicogénico. Por su parte el sujeto, es el sujeto del lenguaje o, más exactamente, de la palabra. No es lo mismo el análisis del discurso que el análisis del yo. El primero compromete un concepto del análisis donde la verdad surge de la equivocación y en el cual la posición del analista debe ser la de una ignorantia docta (formal) que puede ser subjetivante si compromete al sujeto en una operación dialéctica que posibilite mostrarle que habla mal. Lo cual es diferente de indicarle que se engaña, propuesta que remite al segundo de los términos situados, allí donde se pretende reducir la experiencia a una mala voluntad fundamental del sujeto. A este estilo analítico, Lacan lo llama inquisitorial.
“… sólo la perspectiva de la historia y el reconocimiento permite definir qué es lo que cuenta para el sujeto.” Esto es, el ORDEN SIMBÓLICO. Pero se trata de una dimensión lenguajera que debe dar lugar a la función de la palabra, puesto que sólo ahí la escucha analítica deviene formadora para el sujeto. En este sentido, podemos pensar al Parque de la Memoria no solamente como un espacio significante muerto, enmohecido, polvoriento sino como algo que su manera habla y que, rescato la postura de José Pablo, hay que habitar, visitar, para apropiárselo, agenciarse de él. Hacerlo hablar más de lo que ya habla por sí mismo. Nos dice de una época atroz, oscura, vil y sanguinaria que no queremos repetir. Los pueblos son neuróticos, por eso reproducen lógicas ligadas a la pulsión de muerte. Pero, frente a ello, la radical importancia del recordar para continuar en este arduo trabajo de elaboración de los acontecimientos traumáticos del pasado. Es muy importante hacer este señalamiento hoy, a dos meses de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Los medios de comunicación desvían el foco acorde a los intereses patronales que se sintonizan con un Gobierno que pretende desligarse al máximo de su responsabilidad pero que entorpece a todas luces la investigación del hecho a la vez que encubre de manera grotesca a Gendarmería, fuerza de seguridad involucrada en el siniestro. De esta manera, se instala en una parte de la sociedad un clima de negacionismo o renegación/ desmentida harto execrable. Otro sector social acude a la Plaza de Mayo para reclamar lo mismo de siempre, desde que se fueron los militares: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.  
Lo que cuenta para el sujeto-pueblo es el reconocimiento – la no-negación y la visibilización - de aquello que hizo y hace a nuestra Historia. Todo acontecimiento deja marcas, huellas, trazas algunas de las cuales son verdaderamente imborrables porque son constituyentes. Aún las más destituyentes, odiosas, pulsionales y destructivas que puedan recaer, ya sea sobre un ser individual o sobre una comunidad, han de tener algún efecto SUJETO. Obviamente, las consecuencias no serán las mismas, pero no nos vamos a desviar aquí con el entretenimiento burgués de la psicopatología, por más “lacaniana” que se la justifique.
Sin embargo, la clínica, enseña. Y cuando Lacan aborda el caso de Annie Reich, nos introduce a un distingo ético fundamental del que podemos extraer corolarios interesantes. Él no niega el plano al que define como tópica de lo imaginario, donde el amor y el odio hacen de las suyas en el vínculo analista/ analizante, sino que busca asir un elemento tercero que le posibilite romper la dualidad, trascender la (sin)razón narcisista ligada a la proyección y a ese error que es previo a lo verdadero y lo falso. La interpretación de la defensa de ego a ego, elude el planteamiento de una terceridad, de una legalidad gracias a la cual es posible acceder a un tipo de reparación de las heridas que dejó lo traumático para permitirle al sujeto (ya sea individual o colectivo) ir más allá. Situarse en otra instancia, en otro lugar. Para eso el analista, “el único sujeto analizante” (¡! … LACAN, Op. cit. p. 57), pero convocado a ocupar el lugar del Otro con mayúsculas, es quien debe primero rectificar su lugar. Es decir, debe él mismo salir de ese lugar defensivo y resistencial que es el YO, para posicionado como sujeto animado por un deseo [de analizar] permitir que el otro a su vez logre poco a poco, progresivamente, ir ubicándose como sujeto él, abandonando el lugar de simple paciente o consultante.
Trasladado algo de esto a la dimensión de la Civilización, o más humildemente de nuestra sociedad, habría que pensar en la postura que adopta no el Estado sino quienes allí contingentemente se hallan como gobernadores. ¿Alojan la demanda del pueblo que reclama Memoria, Verdad y Justicia o significan violentamente esto como “el negocio de los DDHH”, o “una politización zurdo-kirchnerista del asunto”?
Si ante el analizante cuyo éxito profesional desentona con la gravedad con que llega a cierta sesión, luego de haber hablado de un tema en la Radio de algo valioso para su Otro (la analista, en este caso), esta última responde imaginariamente como si tratara de una cuestión de competencia fálica o lo que mierda fuere, ella desconoce así ese otro plano de determinación asociado al fallecimiento reciente de su madre, ignorando que tal vez algo de lo sucedido – más ajustadamente – haya tenido que ver con ese hecho significativo y traumático en sí, en tanto pérdida, duelo, falta. La analista no aloja, se muestra completa, comprende, clausura el sentido en lugar de permitir que se despliegue abiertamente la subjetivación, la continuidad de la reincorporación y reapropiación no del Falo sino del resto, para empezar a situarlo como causa del deseo y ya no como palea o desecho (recuérdese que fue sólo invirtiendo el aspecto depresivo de la psicología del duelo en una actitud de carácter pseudo-maníaco como este sujeto había logrado superar la muerte de ese ser querido). Es por eso que Lacan dice: “… en la imaginación del locutor, la palabra no se dirige forzosamente a quienes le escuchan sino más bien a todos, tanto a los vivos como a los muertos. El sujeto estaba allí en una relación conflictual: podía lamentar que su madre no pudiese ser testigo de su éxito, pero a la vez, quizás, en el discurso que dirigía  sus invisibles oyentes, algo estaba a ella destinado.”        
El Otro tiene que estar barrado, castrado, en falta. Ese es el que posibilita la verdadera tramitación del horror. Si nuestros dirigentes (y cierta parte desagradable de nuestros contemporáneos) niegan la posibilidad de elaboración introduciendo la perspectiva hobbesiania de que “todos somos lobos entre todos” – recusando, reprimiendo o llenando nuestras marchas de infiltrados policiales y/o barrabravas –, resultan tan inquisitorios y chocantes como esos analistas arcaicos que hipnóticamente imponían un sentido a la subjetividad. De todos modos, sabemos de qué lado en la oposición objetivante/ subjetivante están, como cualquier tecnócrata contemporáneo, por sus modos de (des)hacer la política, forcluyendo de entrada lo político, real y que es el SUJETO como carencia de identidad individual mas no en cuanto que entramado en una realidad compartida, que le da identidad (simbólica), porque le es instituyente.
Durante la semana, Sergio Maldonado aclaro que este acto encerraba no sólo un pedido a que se haga algo sino también un mensaje a su hermano, a quien quiere mucho y espera. Estas líneas reflexivas van dirigidas a él, no son más que otro empuje – solidario del acompañamiento en carne y hueso de la gente en estas marchas – desde la dimensión de lo escrito, que también hace memoria porque rescata del olvido.

Latinoamérica, la de las venas abiertas.
  1° de Octubre de 2017.

REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL NEXO “PSICOANÁLISIS ◊ DECOLONIALIDAD”

    “La modernidad no sólo necesita la colonialidad sino que la colonialidad fue y continúa siendo constitutiva de la modernidad. No hay m...