lunes, 24 de febrero de 2020

¿Qué significa pensar críticamente?



Para las filosofías postmetafísicas –siguiendo en cierta medida con el espíritu ilustrado–, “razón” y “crítica” han devenido prácticamente sinónimos. Ahora bien, como lo sostiene Gerard Vilar: al mismo tiempo que se produce esta identificación tiene lugar también un complejo proceso interno de diferenciación o especialización de la crítica y movimientos contrarios a ella. En líneas generales, tienden a separarse: -la crítica teórica, que apela a la verdad o validez cognitiva de unos juicios frente a la falsedad o el carácter ideológico de otros; -la crítica pragmática o técnica, que apela a la eficacia o utilidad de ciertos juicios, acciones o instituciones frente al carácter ineficiente o inútil de otros; -la crítica normativa, moral o política, que defiende el carácter justo o bueno de unas opiniones, acciones o instituciones frente a la naturaleza injusta o mala de otras; -la crítica estética, que defiende la belleza, la autenticidad, la adecuación, etc., de ciertos objetos o experiencias frente a otros.

Esta discriminación interna al campo de la crítica no ha evitado, sin embargo, que los distintos tipos de crítica se confundan, se dominen unos a otros, se absorban o se nieguen recíprocamente el derecho a existir. Pero ese estado de cosas, no contradice el espíritu mismo del pensamiento crítico sino que, al contrario, patentiza su carácter deconstructivo e inestable, su tendencia permanente a la inquietud, a la fuga, como también a la polémica, al debate, a la discusión.

Pero vayamos a la pregunta en cuestión: ¿qué significa pensar críticamente? Fue M. Heidegger quien hizo célebre la primera parte de esta pregunta (1951-2). Hoy, como se ve, intento resignificarla agregándole la cuestión de la crítica, o mejor dicho, de lo crítico. Cuando pregunto qué significa pensar críticamente, no lo planteo en términos de su sentido o explicación sino más bien en relación a sus condiciones de posibilidad así como a sus consecuencias –qué aporta, qué comporta, es decir, qué deberes le plantea al sujeto que elige ese camino y qué efectos subjetivos conlleva (esto aplica también a una comunidad). Decía en aquella ocasión el filósofo: 

"Lo no-pensado es el don más sublime que un pensar tiene para ofrecer. Para los supuestos sobreentendidos de la sana razón, empero, lo no pensado de un pensar pasa simplemente a ser lo incomprensible. Lo incomprensible, por su parte, nunca será para el entendimiento ordinario motivo de perplejidad acerca de sus propios alcances de comprensión, ni menos servirá para llamarle la atención sobre sus límites. Para el entendimiento corriente lo incomprensible será siempre y solamente algo escandaloso que al punto se convierte en prueba de que se le quiere proponer algo no verídico y sólo presunto, a él que de entrada lo ha entendido todo."

 Parto de una conjetura, la cual es pasible de definirse como una «sospecha» (en el sentido nietzscheano del término): pensar críticamente implica introducir una diferencia entre la mismidad y la reiteración acrítica de fórmulas consolidadas, de sentencias sacralizadas y de hábitos tipificados de existencia. Dejarse atravesar por el pensamiento crítico implica soportar el riesgo de pensar lo que se resiste a ser pensado (lo impensado). Y también, por qué no, sostener el desafío de vivir lo que se resiste a ser vivido (según la ética del deseo). Luego diré que esa “mismidad” y esa “reiteración acrítica” (identificación, alienación, repetición, fijación, reproducción de lógicas instituidas, etc.) que cada cual transita representan un tiempo lógico necesario por donde pasar para que ocurran otras cosas, del mismo modo que todo infans debe necesariamente abonarse al Otro en un momento inaugural de su advenimiento al mundo parlante, para luego caer de ese lugar de objeto y devenir sujeto del deseo y de la palabra, al fin. Ser el falo de la madre para faltar en ser. Pensar críticamente es pensar a partir de un rechazo inicial a lo heredado, es decir, implica poner en suspenso las certidumbres afirmadas primitivamente para, soportando lo que estructuralmente se sustrae al intelecto, poder así relanzar el circuito de pensamiento, en un nuevo nivel, justamente más “crítico”. Soportar eso incomprensible de lo que habla Heidegger y que es lo no-pensado. El límite y la causa misma del pensar, su condición de posibilidad y también su imposible.

Fragmento de: FALTAR EN SER: ESTULTICIA O DESASIMIENTO. Agujereando el Techo ed., Buenos Aires, 2019.

REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL NEXO “PSICOANÁLISIS ◊ DECOLONIALIDAD”

    “La modernidad no sólo necesita la colonialidad sino que la colonialidad fue y continúa siendo constitutiva de la modernidad. No hay m...