jueves, 28 de marzo de 2019

Discapacidad y familia: el trabajo del psicoanálisis


En términos psíquicos la discapacidad repercute como “falta”, es decir, castración. Ahora bien, se trata de la castración imaginaria y no de la simbólica -que nos atraviesa a todos por el hecho de ser hablantes (tenemos pulsión y no instinto; deseo y no necesidad). La castración imaginaria es creer que el que está en falta es uno y solamente uno.  

Durante el embarazo, ninguna madre –más allá de sus temores- espera que su hij@ nazca con alguna diferencia. Se espera al hijo “sano”, “normal” y en cierto modo “ideal”. Es por eso que el diagnóstico de discapacidad suele repercutir de manera fuerte en el psiquismo de los padres. Emocionalmente puede hasta ser algo traumático y es preciso que, por eso mismo, en la medida de lo posible pueda ser conversado con algún profesional (las sensaciones, los afectos, los miedos, las preguntas e inquietudes).

Se tratará fundamentalmente de llevar adelante un duelo por el/la hijo/a deseadx. ¿En qué consiste un duelo? Es un trabajo simbólico de aceptación de una falta (privación). Es decir, hay que sacar a la familia de la frustración imaginaria que conlleva la pérdida del Ideal del hijo no nacido, fantaseado para conectarla con lo real del bebé sí advenido. Sin este pasaje de aceptación, superación va a ser muy difícil que puedan trabajarse los recursos y las potencialidades del sujeto con discapacidad ya que su mismo entorno –por su rechazo, consciente o inconsciente- va a estar atrofiándolo a ese lugar de impotencia.

Desde el psicoanálisis sabemos que la angustia puede paralizar o movilizar. Lo más interesante es la segunda posibilidad. Salir de la inhibición o de la melancolía que conlleva la no aceptación de la falla. Despegotearla de la cuestión de la discapacidad y empezar a entenderla como algo que nos atraviesas a todes: familia, profesionales, etc. Para el discurso y la clínica psicoanalíticos ningún ser hablante, ningún sujeto está exento o exceptuado del atravesamiento traumático que implica el significante. No existe una verdad última sobre nuestro ser de sujeto sino marcas simbólicas con las que nos hemos identificado para poder ser “alguien” y dejar de ser “algo”. Esto último es clave en el trabajo con la discapacidad. Es importante entender que estos niñes y no tan niñ@s no son un objeto a ser “curado”, “tratado”, “dirigido”, “educado” sin más. Aquí se abre la visión ética que aporta la experiencia psicoanalítica. Todo ser humano está en falta, es incompleto y necesita del otro para sobrevivir. Además de las necesidades básicas de alimentación y aseo (etc.) el cachorro humano demanda amor, que es fundamental.   
Luis F. Langelotti      

lunes, 11 de marzo de 2019

lunes, 4 de marzo de 2019

La capacitación psicoanalítica no puede pensarse por fuera de la propia experiencia del análisis, tanto del propio como de aquellos respecto de los cuales nos hemos autorizado a apuntalar, en tanto dedicarse a sostener la función analítica forma parte de la propia cura -porque curando uno se cura. 

Recuerdo el caso de una muchacha que me consultó para tomar unas clases particulares de Psicoanálisis (tenía que rendir un examen en la Facultad). En determinado momento, planteó algo así  como -pasaron varios años ya, por lo que no podría reproducir exactamente sus palabras y, para el caso, tampoco sé si tendría sentido hacerlo- que ella "había superado a su propia analista." Claramente, a lo que ella apuntaba, no porque yo comprenda sino porque en el contexto de la clase particular estaba totalmente en juego esto, a lo que ella apuntaba era a la dimensión del SABER. Así, con mayúsculas. 

Varios años más tarde, volví a pensar su actitud, que en su momento me dejó sin palabras por la vanidad obscena con la que el ego allí se enseñoreaba en un presunto dominio de la escena analítica bajo la inacabable ilusión del control. Simplemente me había limitado a no responder el mail con el que suspendía las clases. Creí pertinente allí, darle lugar al silencio, a la falta de respuesta, aún no siendo obviamente su psicoanalista. Era una cuestión de ética psicoanalítica en la extensión, diríamos. 

¿Qué reflexión pude hacer, tiempo más tarde? Pues, ésta que señalé más arriba. Atender pacientes es la cuarta pata que debe agregarse al conocimiento teórico, a la supervisión del caso y al propio tratamiento psicoanalítico. En Freud esto era más que supuesto. Desde el origen de su praxis, nada escapa a la experiencia, a la práctica, al saber-hacer-allí. La jugada freudiana está expuesta en su letra. No es un filósofo especulador, ni un científico de laboratorio. Freud, de entrada, es alguien que no retrocede ante lo real de la clínica. Porque, si como dice Lacan, en el fenómeno está la estructura, no hay manera entonces de asir la estructura sin toparse primeramente con el fenómeno, respecto del cual hoy día encontramos una depreciación muy fuerte, producto de la quimera teoricista para la que "solamente alcanza con ser un buen lector". 

Grupo de "estudio" -muy diferente del término lectura-, posgrados (que prometen la garantía de un ser analista inexistente más que en el fantasma de cada cual), residencias y/o concurrencias hospitalarias que confunden al psicoanálisis con la psicología clínica donde el espíritu crítico del decir freudiano decae en una psicopatología acartonada de cinco casilleros: psicosis, neurosis, perversión, pasaje al acto y acting out.

La psiquiatrización o la hiper-racionalización del pensamiento analítico, son modos de la resistencia al psicoanálisis. El rechazo a recibir pacientes, también. Esa preferencia por la teoría (el Saber) antes que por la praxis huele a una angustia de la que no quiere extraerse su certeza. A un temor del que no quiere aprenderse su verdad reprimida, que siempre es del orden del deseo inconsciente.

Otra consultante, dice en una de sus primeras entrevistas (es psicóloga), que "empezar a atender en x zona (muy asociada a su historia) sería equivalente a crecer." 

En mi experiencia personal, también fue muy valioso correrme de la aglomeración porteña, escaparle a los lugares comunes. Volver al barrio, digamos. Conectarme en algún punto con "mi" gente. También en lo atinente a la formación. Renunciar a esas pantallas que encubren la castración y donde uno siente que está siendo parte de algo que, en realidad, no existe. Dejar de idealizar a ciertos personajes que viven del, como se dice, "autobombo". Que se presentan a sí mismos como la encarnación de la IDEA PSICOANALÍTICA en el planeta tierra.               






REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL NEXO “PSICOANÁLISIS ◊ DECOLONIALIDAD”

    “La modernidad no sólo necesita la colonialidad sino que la colonialidad fue y continúa siendo constitutiva de la modernidad. No hay m...