domingo, 18 de agosto de 2019

De la Ilustración como crítica a la crítica de la Ilustración




En este punto quisiera situar los aportes de la teoría crítica o Escuela de Frankfurt. Dice Hugo Mansilla:

Dialecktik der Aufklärung ocupa un puesto clave en el desarrollo de la «teoría crítica de la sociedad», como se denomina la obra de la Escuela de Frankfurt. Los escritos de esta tendencia, durante los años treinta y cuarenta, hasta finales de la guerra, aproximadamente, reflejan una actitud más bien optimista en relación con las perspectivas de una revolución social, que posibilitaría la construcción de una sociedad emancipada en relación con la identidad del sujeto de dicha revolución.”[1]

Sin embargo, como el autor lo explica, después de la Segunda Guerra Mundial, la situación cambia radicalmente. Es decir, se produce un pasaje a una concepción más bien pesimista de la realidad. Aunque tal vez se pueda decir “realista” respecto del mundo humano y su complejidad. Esto asocia la postura de la Escuela de Frankfurt con el pensamiento psicoanalítico. Ambas corrientes, además, tienen su conexión con el pensador Schopenhauer.

¿Qué sentido puede tener hoy, rescatar esta tradición crítica? En primer lugar, es importante señalar que la teoría crítica ahonda el contraste fenomenal entre las capacidades técnico-racionales de la especie humana, por un lado, y la brutalidad y el salvajismo de la experiencia del nacionalsocialismo, por el otro. Es por ello que, en determinado momento de la reflexión intelectual, occidente “se plantea la pregunta de si a la razón no le incumbe parte de la responsabilidad en este desarrollo irracional.”[2] Comienza así una etapa donde la actitud crítica de la razón, otrora dirigida al Mundo, retorna sobre sí misma. La autocrítica de la razón constituye un pilar esencial dentro de lo que llamamos pensamiento crítico. Este último jamás podría serlo verdaderamente, si él no se sometiera a sí mismo a examen, si no se aceptara barrado, castrado, incompleto.

En este sentido, prosigue Mansilla:

“La misión que se propone Dialecktik der Aufklärung, es la de mostrar «que las causas del retroceso que van de la ilustración a la mitología, no hay que buscarlas tanto en las mitologías nacionalistas, paganas y de cualquier otro tipo moderno, creadas precisamente con el único fin de crear una situación retrógrada, sino más bien en la propia ilustración, paralizada por el miedo a la verdad.”[3]

Es decir que, más allá del rescate foucaultiano del escrito menor de Kant, la actitud crítica representada por la Ilustración y su imperativo de pasar a la mayoría de edad, se produce una parálisis en el hombre ante el horror de su propia potencia cuando su deseo es encontrar la verdad de la existencia. ¿Tendrá esto, acaso, relación con el planteo del psicoanálisis respecto de la verdad como verdad sin verdad, de la verdad como verdad de la castración?  

Mediante la investigación crítica el hombre ilustrado -racional- encuentra una realidad que lo angustia (un real): lo irracional del goce del nacionalsocialismo, la inutilidad de la pulsión de muerte que no aspira a ningún bienestar, lo sinrazón de la racionalidad concentracionaria. De esta manera, los pensadores de la Escuela de Frankfurt llevan adelante una crítica poderosa de la alienación del hombre moderno y también del positivismo.

¿Qué entender estrictamente por dialéctica de la Ilustración, que es el nombre de la obra escrita por Adorno y Horkheimer? En principio, según Hugo Mansilla:

“La dialéctica de la ilustración se manifiesta en el hecho de que la decadencia espiritual del hombre se produce en medio del progreso técnico. El incremento de la productividad económica ofrece por una parte las condiciones materiales para un mundo más justo, mientras que por otra parte, confiere a la economía y a los grupos sociales que la manejan, una indiscutible superioridad sobre el resto de la población. De ello resulta que el individuo aparece completamente impotente frente a los poderes económicos.”[4]

Es decir, si tomamos el pensamiento hegeliano, tenemos que la dialéctica se divide en tres momentos: 1) Tesis = Ilustración (razón) 2) Antítesis = Lo irracional o la acriticidad de la razón con sus consecuencias[5] y 3) Síntesis = el pasaje a una razón crítica que podría dar lugar a una sociedad emancipada. Según lo establecido más arriba, esto último sólo sería posible si la razón no retrocediera ante el medio a la verdad que, en rigor, podemos pensar como la angustia del hombre moderno –ateo, cientificista, etc.- que ha creído domeñar acabadamente lo real.  

El concepto de razón crítica es el que quisiera rescatar de estas reflexiones de la teoría crítica de la sociedad porque, a mi entender, pueden ser de gran utilidad para entender y definir lo que denominamos como «pensamiento crítico».


[1] Mansilla, H. C. F: “Dialéctica de la Ilustración” en Introducción a la teoría crítica de la sociedad. Ed. Seix Barral S.A, Barcelona, 1970. Pág. 44.   
[2] Mansilla, H. C. F: Op. cit.      
[3] Mansilla, H. C. F: Op. cit. Pág. 50.    
[4] Mansilla, H. C. F: Op. cit. Pág. 50.      
[5] Las consecuencias de esa fe ciega en la razón, podemos leerlas en el libro ya citado: “Se trata de una «objetivación» del espíritu, que asola las relaciones humanas. El hombre ha quedado reducido a un punto centralizador de reacciones y funcionamientos convencionales que se esperan objetivamente de él. En nuestra época, de la producción en masa y de la cultural normalizada, las formas de comportamiento aprobadas le son impuestas al individuo como las únicas naturales, correctas, razonables. Porque, a fin de cuentas, la norma según la cual se juzga al hombre, es la lograda o fallida asimilación de la objetividad de su función.”  En Mansilla, H. C. F: Op. cit. Pág. 55.      

jueves, 1 de agosto de 2019

Condiciones para un renovado pensar crítico



El filósofo y sociólogo Didier Eribon publicó una obra titulada Principios de un pensamiento crítico la cual, si bien es bastante reticente (y hasta reactiva) con respecto al campo psicoanalítico, de todos modos, establece algunas cuestiones que resultan interesantes a los fines del presente desarrollo. Por ejemplo, aquello que él ubica como los dos principios fundamentales de cualquier pensar que pretenda operar desde la crítica.

Esos “dos grandes principios” son el principio determinista y el principio de inmanencia. Al primero lo define así:

“El pensamiento crítico es necesariamente un pensamiento que se consagra a analizar la fuerza constitutiva de los determinismos históricos y sociales mediante los cuales se da forma a las existencias individuales y colectivas…”[1]

Este principio junto al segundo, que a continuación describe, constituyen el marco básico, elemental de un pensar desasido y capaz de romper con lo establecido o con aspiraciones de avizorar lo actualmente impensado.   

Cuando el autor establece la cuestión de la inmanencia, lo que Eribon plantea es que “el pensamiento crítico es necesariamente un pensamiento para el que la fuerza de los determinismos es de carácter íntegramente histórico y social”[2] lo cual supone, a su vez, un verdadero rechazo de cualquier apelación a un orden suprasensible (platónico) trascendental que explicaría a priori el avance problemático de la historia –individual o colectiva- y sus vicisitudes. En sus propias palabras:

“El análisis de los determinismos históricos y sociales, por un lado, y el rechazo de las trascendencias, los trascendentales o los casi trascendentales, por otro, (…), delimitan a mi entender el campo del pensamiento crítico, si se considera este como el lugar donde se anudan los hilos de un proceder a la vez teórico y político que se asigna como horizonte –jamás alcanzado- el ideal de una democracia radical y que, por consiguiente, aspira a estar siempre abierto a la llegada del acontecimiento, de lo inédito…”[3]

Desde el discurso psicoanalítico estos dos axiomas no solamente son respetados, a mi entender, sino que inclusive la teoría y la praxis freudo-lacaniana ha profundizado esa vertiente causal de un modo sumamente complejo y enriquecedor. Por ejemplo, para Lacan el sujeto es efecto del Otro social y esta dimensión constituyente –el orden simbólico- presenta mutaciones epocales que definen singularmente la subjetividad. Este determinismo significante en absoluto se presenta como un ente abstracto de pizarrón, sino que remite a configuraciones coyunturales sociohistóricas específicas y también, por qué no, a constelaciones sociopolíticas y socioeconómicas que los analistas –empezando por Freud- tratamos de situar porque estimamos que nuestro sujeto no es ajeno a ellas.

Según Eribon,

“…el pensamiento crítico ganaría en radicalidad si estableciera un espacio de pensamiento no psicoanalítico y se asignara la tarea de construir una teoría política del sujeto, es decir, una sociología, una antropología y una historia de la subjetivación.”[4]   

Ahora bien, ¿por qué el pensamiento crítico debería privarse de los aportes psicoanalíticos acerca de la sexualidad humana (el goce, el deseo, el amor), de la ética, de la dimensión de la pregunta, de sus conceptos, de su experiencia clínica o de su metodología de trabajo? Y, ¿qué les impide a otros pensadores críticos, efectivamente, desarrollar esa antropología, esa sociología o esa teoría política de la subjetividad cuando, de hecho, son cuestiones que se vienen estableciendo hace tiempo, más allá de las posiciones psicoanalíticas respecto de la constitución del sujeto? Pretender este cercenamiento del psicoanálisis del ámbito más general del pensar crítico, es casi como querer excluir el análisis marxista de la lógica del capital o a la crítica nietzscheana de la metafísica. Hay muchos vasos comunicantes entre ambas esferas teóricos-prácticas como para desechar así, sin más, su conexión, su sinergia, su recíproca potenciación.


[1] Eribon, D. (2016): “Introducción” en Principios de un pensamiento crítico. El cuenco de plata, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2019. Pág. 10.   
[2] Eribon, D. (2016): Op. cit.    
[3] Eribon, D. (2016): Op. cit. Pág. 12.     
[4] Eribon, D. (2016): “Teoría del sujeto” en op. cit. Primera parte. Pág. 31.     

REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL NEXO “PSICOANÁLISIS ◊ DECOLONIALIDAD”

    “La modernidad no sólo necesita la colonialidad sino que la colonialidad fue y continúa siendo constitutiva de la modernidad. No hay m...