Ir al contenido principal

Entradas

"Hoy no tuve ganas"

Hoy no tuve ganas, de perfumes ni de camisas caras Solamente quería, estar colgado sin pensar en nada Tal vez, encender un cigarro y desvariar Aunque luego me di cuenta, que jugando el juego se puede ganar No quiero ganar lo que todos quieren Solamente un lugar, un puñado de placeres, no mucho más Algunas curvas sensuales, que se animen a bailar Y por qué no, buenos amigos, con quienes valga la pena hablar Hoy no tuve ganas, de perfumes ni de camisas caras Solamente quería, estar colgado sin pensar en nada Tal vez, encender un cigarro y desvariar Aunque luego me di cuenta, que jugando el juego se puede ganar Estar colgado, a veces, puede llevarte a la resignación No hay canción que no surja, en parte, del quebrado corazón Un detenimiento vale, cuando es para ir por más No el deleite del tormento, ese que te impide actuar Búscate en una mirada, que hable de ti más que vos Encuéntrate en una palabra, que diga de vos más que ti Aprende a ...

¿Una ética en Nietzsche? (Parte I)

Introducción ¿Habrá una ética que pueda desprenderse del pensamiento de un autor tan múltiple, contradictorio y polifacético como Friedrich W. Nietzsche? Tal vez no sino a condición de atreverse a construirla. Esa es una apuesta. Una apuesta de lectura . Suponer una ética ya-ahí, quizá implique postular la idea de un Nietzsche en sí , otorgándole una esencia definida, un principio y un fin sabidos, una independencia del Otro la cual estimamos impensable, ya que ningún autor, pensador, escritor, en definitiva, ningún ser hablante puede sostenerse sin un Otro – un oyente, un lector - desde donde producir un mensaje. Ese Otro del reconocimiento simbólico cuya sanción retroactivamente nominará mi palabra como tal. Ese Otro lejano, desconocido, inconsciente, ese Otro verdadero en donde apoyamos nuestra fe. Sin ese Otro, no valdría la pena hablar. Y quizá tampoco vivir . Pues, ¿no sería prácticamente imposible?  Pero nosotros, ¿estamos acaso dispuestos a sentarnos en el lugar ...

"La poesía es una arma cargada de futuro" (G. Celaya)

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas, cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo. Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo. Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo. Maldigo la p...

"Alienación societal, goce y otros giros"

Supermercado, fin de semana. El apuro, el empujón, el no respeto por la más mínima distancia, el suspiro. Esto es no-todo lo que pasa, pero aparece claramente en primer plano. Carencia de palabra, de ternura, de tacto, de sensibilidad. Tal vez convenga interrogarse respecto de ciertas situaciones cotidianas generadas por la “sociedad de consumo”, donde la subjetividad misma aparece en cierta medida arrasada por un empuje ciego, impulsivo, frenético a tener el objeto . Ese objeto cuya consistencia supuesta no es más que ilusoria, puesto que no deja de ser un significante perteneciente al campo del Otro, como todo significante. Nuestro mundo es un mundo de discurso, entendiendo a este como la diacronía de ese tesoro sincrónico de elementos diferenciados que hacen a la estructura simbólica. Inconscientemente transita el hombre y eso no siempre conlleva lo mejor. El ejemplo es Edipo, ese que sin saber termina actuando un oráculo ignorado, signos del libreto que nos atraviesa y de...

"Breve relato de un encuentro" (*)

1 "Eran alrededor de las nueve de la mañana en ese Bar de la calle Irigoyen al tres mil cuando terminó de irse la última nube de una brumosa manada de algodones. Resplandeció intenso, así, el sol matutino y estival, encandilando a los interlocutores, uno de los cuales optó por correrse hacia la silla contigua para, como más no sea por unos escasos minutos, evadir los calientes rayos que daban en su frente.   - ¿Viste cuando prendés la tele y están dando la misma película otra vez pero, a pesar del fastidio que te genera, aún así, te la quedás mirando? – le preguntó Esteban a Sofía. – Bueno, así me siento yo a veces. Esteban, un joven periodista oriundo del porteño barrio de Flores (donde aún vivía), leía vaga y apresuradamente Página/12 , deteniéndose apenas en la parte de Política Internacional. Por momentos, sus ojos se mantenían absortos en un punto indefinido de la escena que definía el marco de la ventana. Estaba angustiado, quizá triste. Si bien trataba de to...