"El pensamiento burgués está constituido de tal manera que, en la reflexión sobre su propio sujeto, admite con necesidad lógica el ego, el cual se cree autónomo. Por su esencia, es abstracto, y su principio es la individualidad ajena al acontecer, la individualidad que, en su pretensión, se eleva a causa última del mundo o aun a mundo. Su opuesto inmediato es la convicción que se tiene a sí misma por la expresión no problemática de una comunidad ya existente, por ejemplo, la ideología de la raza. El nosotros retórico es usado aquí en serio. El hablar cree ser el instrumento de la generalidad. En la desgarrada sociedad de hoy, este pensamiento es, al menos en cuestiones sociales, armonicista e ilusionista. El pensamiento crítico y su teoría se oponen a ambas actitudes. No son ni la función de un individuo aislado ni la de una generalidad de individuos. Tiene, en cambio, conscientemente por sujeto a un individuo determinado, en sus relaciones reales con otros individuos y grupos, y en su relación crítica con una determinada clase, y, por último, en su trabazón, así mediada, con la totalidad social y la naturaleza. No es un punto, como el yo de la filosofía burguesa; su exposición consiste en la construcción del presente histórico. El sujeto pensante tampoco es el lugar en el que confluyen conocimiento y objeto, lugar a partir del cual se obtendría entonces un saber absoluto. Esta apariencia en la que, desde Descartes, vive el idealismo, es ideología en sentido estricto: la limitada libertad del individuo burgués aparece en forma de libertad y autonomía perfectas. Pero el yo, sea que actúe simplemente como pensante o de alguna otra manera, en una sociedad impenetrable, inconsciente, tampoco tiene la certeza de sí mismo. En el pensar acerca del hombre, sujeto y objeto se separan el uno del otro; su identidad está puesta en el futuro y no en el presente. El método que conduce a ello puede llamarse, en la terminología cartesiana, clarificación; pero esta, en el pensamiento realmente crítico, significa, no solamente un proceso lógico, sino al mismo tiempo un proceso histórico concreto. En su decurso se transforman, tanto la estructura social en su totalidad, como la relación del teórico con la sociedad, es decir, se transforma el sujeto así como el papel del pensamiento..."
Introducción En esta ocasión, voy a realizar un pequeño comentario de los capítulos que más interesantes me resultaron del bello ensayo del poeta mexicano Octavio Paz cuyo título es La llama doble. El amor y el erotismo (1993), trabajo donde, según consta en la tapa del libro en cuestión (al menos en la versión de Seix Barral), el autor se propone abordar “la conexión íntima entre sexo, erotismo y amor.” Me topé con este libro a partir de haberme propuesto, este año, indagar un poco sobre la cuestión del amor desde la perspectiva del psicoanálisis. Desde luego, vale destacar, no es esta la posición (el psicoanálisis) desde la que nos habla Paz en su trabajo. En las primeras páginas del ensayo que me propongo comentar, el poeta mexicano nos pone al tanto de que el mismo fue escrito en tan sólo dos meses. Empero, si bien este fue el tiempo de plasmación concreta de su pensar, no deja de señalarnos que siempre fue para él un proyecto pendiente cuyo...

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