viernes, 26 de noviembre de 2010

"Poesía para el hombre angustiado"



Una estética de la proximidad
sitúa vértigos que invaginan
huecos espacios que `absortan`
desde el inicio, al fin

Estrética; est ética, y así
no se reitera; irrumpe
no se postula; juega sucio
debe ahora yacer: "volvería a pasar"

No temas, hombre angustiado
una cita tienes con estas mis palabras
La irradio para centellear tu fénula
y tu tensión amarrar, no te despistes

Ronda la huella, cierne el ágalma
el aire lleno de plumas está, ¡esto es insólito!
son del ave que, espectral, te protege
se llama: disco de plata, y cuesta, y vale

Si cierta distancia se irrespeta
la loca imagen se arma del cuello
y un coágulo de sangre te atraganta el cuello
tiembla la tierra pero el corazón

RESISTE

[La pintura corresponde a Victor Borisov]

domingo, 14 de noviembre de 2010

A VECES ME FIGURO QUE ESTOY ENAMORADO


A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.
Me ha enamorado Aaela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.

GABRIEL CELAYA (1911 - 1929)

jueves, 11 de noviembre de 2010

"El sujeto según Lacan" (Guy Le Gaufey)


De la libertad a la servidumbre, el espectro semántico de la palabra sujeto, presente en los saberes occidentales desde la antigüedad, es tan amplio que linda con la homonimia. La filosofía, el derecho, la política, la medicina, las letras y las artes no podrían prescindir de él. Jacques Lacan hizo del sujeto, desde el inicio, un leitmotiv de su enseñanza.
Cuando en los años 60 lanza su nueva fórmula, donde define que un sujeto es lo que está representado por un significante para otro significante, le retira dos atributos fundamentales: la identidad y la reflexividad. Esta subversión, de la cual las etapas constitutivas son aquí examinadas, lo colocó en extrañas compañías. A veces de manera confesa (Maine de Biran), otras casi desapercibidas (averroísmo latino), y hasta circunstanciales (Foucault) se van revelando curiosas familiaridades. Reagrupando esas referencias, este libro devuelve al hallazgo de Lacan su espacio epistémico singular. Y su fuerza esclarecedora.

Ediciones literales – El cuenco de Plata  2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

"PAVANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA" (a Alejandra Pizarnik)

Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín

donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te adrementa el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.

 

Olga Orozco (1920-1999)