jueves, 14 de febrero de 2013

Grupo de los Viernes, año 2013 ¿Qué es el amor?




Durante este año 2013 nos proponemos abordar la temática del amor, desde la perspectiva del psicoanálisis, sirviéndonos para ello, de Freud y de Lacan pero también de otros autores no exclusivamente del campo psicoanalítico.
La temática del amor, a nuestro entender, se presenta como una cuestión nodal en los desarrollos teóricos del psicoanálisis y forma parte de la lógica misma de la cura, en la clínica. Ya desde los orígenes del psicoanálisis, el propio Freud entrevió la presencia del amor en la relación que vinculaba a sus analizantes con él. A ese lazo libidinal lo llamó transferencia y se atrevió a sostener que el mismo está presente también en las relaciones humanas en general.
Por lo demás, el Eros del cual la transferencia es testimonio, subyace también la formación de síntomas, pudiendo pensarse la transferencia en sí misma con una “enfermedad”, tal como lo sugiere Freud al hablar de una neurosis de transferencia. Ahora bien, para el psicoanálisis, la escisión antinómica entre lo normal y lo patológico carece de sentido desde el momento en que la dicha “enfermedad” es menos un proceso mórbido que la manifestación de ese Eros que atraviesa al sujeto más allá de su conciencia.
¿Qué es el amor? ¿Qué es amar? ¿Quién ama? y ¿A qué? ¿Qué amor hace posible un psicoanálisis? ¿Qué amor hace posible al psicoanálisis?
Enamoramiento, hipnosis, narcisismo, yo ideal e Ideal del yo, la transferencia, el deseo (del Otro, del analista), la pulsión, la dirección de la cura, la relación sexual que no existe, la poesía y el arte en general, el sinthome, entre otros, son algunas de las cuestiones que nos atreveremos a recorrer durante todo este año.
La propuesta está dirigida a todos aquellos que tengan interés en compartir un espacio de trabajo, de pregunta y de conversación siempre en un marco de respeto por la opinión ajena y de interés por construir colectivamente. La intención es que cada cual pueda producir desde su lugar - único e irrepetible - el camino hacia donde sus propias preguntas habrán de conducirlo, más allá de la propuesta general del Grupo.  

Las reuniones serán las Viernes de 19hs a 21hs en Boyacá 242 (Flores, a dos cuadras del subte A) y comenzaremos el Viernes 1° de Marzo.

Más info: losange_@hotmail.com  - 15-5663-5918

jueves, 7 de febrero de 2013

“Saberse callar”




“Debería aprenderme a callar. Siempre sospeché que era una persona altamente parlanchina. Pero jamás me imaginé que tanto. Por lo demás, ha llegado la hora de hacer un mea culpa. A los pocos días de tomar esa decisión, sentida como la única solución viable frente a una situación insoportable, fui viendo mis implicancias, esas que silencio, que silencié. Voy a ir rápidamente al punto. Por momentos, construyo todo de manera tal que ya nada me sorprenda. Es decir, armo una especie de fucking panóptico donde quedo absolutamente atrapado y anulado, ¿muerto? Elegir aquello que luego me va a posibilitar salirme de la escena, heroicamente desde la mirada menos astuta, cobardemente desde la mirada más perspicaz. He tejido una enorme red sobre lo Otro, red de saberes, de suposiciones, de conjeturas, de prejuicios, de ideales. Todo ello para no saber nada de lo Otro. Destruir, aniquilar, matar la diferencia. Jamás se sabe realmente sobre el Otro: ¡Ni siquiera sabemos de nosotros mismos, cómo podríamos saber acerca del Otro! Nada queda por decir, todo el misterio ha sido sepultado. Estas premisas, que pretenden suturar la infranqueable brecha que nos separa de lo Otro, evidentemente son de algún modo el objetivo de mi actuar, la motivación de mis elecciones, mis estratagemas más sutiles y a su vez, más peligrosos. Si creía que lo peor iba a advenir luego de mi decisión de separarme de ella, ahora advierto que lo peor ya estaba en acción durante mis elecciones.
¿Qué sería eso? ¿Qué sería lo peor? El avance furibundo e inmarcesible de lo Mismo. Esa silente ola de mismidad que puja por identificar lo Otro agotando el misterio mismo de la vida. El misterio del Otro y de yo mismo como Otro para mí.
Agarro la guitarra y simplemente hago una descarga motriz. Esto, en realidad, es una metáfora que pretende significar la detumescencia de mi deseo, la caída pura y simple a la chatura de la vida donde padecemos existir y donde huelga todo hálito de poesía. Mi potencia muere y queda un cuerpo pura biología, esa es la metáfora. En realidad lo que queda es la mismidad y el rechazo de lo desconocido. Lo desconocido sería aquello por venir, eso que podría emerger, de seguir el camino menos ilusorio. Ese camino Otro donde lo común es descartado. No se trata de la ansiosa y tonta búsqueda de “la novedad”. Muchas veces queremos cambiar a quienes nos rodean como si fuesen meros objetos. Lo hacemos por el terror que nos genera confrontarnos con la certeza de que no sabemos nada del Otro y de que ni siquiera el Otro sabe sobre sí. Cuando el Otro no coincide con nuestros parámetros de sentido, pretendemos matarlo.
Y, también, nos matamos a nosotros mismos, no dejándonos transitar la diferencia, el misterio, lo desconocido. Pero lo desconocido de nosotros mismos. Poder darle tiempo a ese encuentro, para que madure, para que devenga otra cosa, para que no muera sin siquiera haber nacido.
Nada está cerrado, hay abertura. Se trata, simplemente, de no caer en la trampa del saber. Coinciden dos o tres cosas e inmediatamente nos vemos empujados a decir cualquier pavada, como si ya supiéramos. Comprendemos. Vivimos comprendiendo. No soportamos no comprender. No comprender nos angustia terriblemente, nos pone en falta, deja abierta la situación al misterio, al enigma y eso nos asusta. Así, pues, vamos armando escenas repetidas, buscamos la misma mierda, trabajamos incesantemente para anular toda singularidad. Nos quejamos del sistema pero somos esclavos del sistema, adoramos al sistema. ¿Qué haríamos sin el sistema? ¿Quiénes seríamos sin el sistema?
El problema es que si la hermeticidad del sistema lo traduce todo, el amor se vuelve lo imposible mismo. En principio, porque el sistema da un modo de amar estereotipado: son los ideales, lo que se debería hacer, cómo, cuándo, por qué. La televisión, por ejemplo, nos enseña a quiénes debemos amar y a quiénes no. Internet y su sobreoferta de pornografía pretende hacernos creer que nada hay de misterioso en la sexualidad. Estaríamos en una época en la que lo sexual ya no hace pregunta. Pero la pornografía es imagen. El Otro es real. Ahí yace la gran diferencia entre la pornografía y el deseo. La pornografía hace hincapié, al igual que la prostitución, en el Otro como objeto. Cuando algo en el Otro cuestiona esa creencia, creencia que nos brinda el sistema, entonces ya no sabemos qué hacer, queremos rajar. La pornografía sería una suerte de saber sobre la sexualidad donde creemos que dominamos la situación. El muchacho se siente “Hombre” al coger con una puta. Pero que él sea “Hombre”, a la puta no le consta. Ella tiene clientes. El hombre está más allá de la puta. La condición masculina es, en cierto modo, ir más allá de la puta. La condición masculina es bancarse lo femenino sin degradarlo en significaciones objetivantes.
¿Cuál es la relación entre el amor y el sistema? Antes dije: “adoramos al sistema”. El sistema es máquina anulatoria del devenir, propensión imperativa de nominar lo innombrable, lo indecible. Sin misterio, sin devenir, sin futuridad, sin innombrabilidad no hay amor posible. El sistema, a su modo, ama. Pero ama a quienes reproducen su lógica y garantizan su existencia perpetuándola. Es un amor limitado: “Amen en serie: así, así y así”. Amen y Amén lo Mismo. “Es lo que hay.” Pero, ¿“Es lo que hay” o, lo interesante, es lo que falta? Para amar sin ataduras y constructivamente, quizá haya que ceder nuestra adoración fanática por el sistema y sus certidumbres. Como si el sistema no tuviera veleidades ni puntos de incertidumbre. Nuestra pasión nos enceguece. Si el árbol no nos deja ver el bosque, la tanga no nos deja ver a la mujer. Somos fieles a nuestras condiciones perversas de elección del partenaire. Sistemáticas condiciones de elegir. Pero, ¿eso es realmente elegir? ¿Hay elección si todo está sobredeterminado? Pretender hacer entrar en nuestra parcial condición sistematizada por los ideales y lo deseable que nos vende el sistema, es perdernos de la poesía posible de emerger allí donde doy lugar a las apuestas. Pero, apostar, es abstenerse de saber. El que ya sabe, no juega. Necesitamos la ilusio.  
Abstenerse de saber sobre ese enigma que es la femineidad. Qué difícil es. Para decirlo todo: soy un cagón. Preferible culpar al Otro de todos mis males que aceptar mis propias angustias y problemas. Preferible sentirse dueño, fuerte, poderoso, potente y creer que es el Otro el impotente, el que no puede, el que no sabe, el que tiene complicaciones y que, por ósmosis, me las transfiere. Ni justificar al Otro, ni justificarme. Cada cual tiene sus cuestiones.
¿Tratando de entender o tratando de no entender? Comprender, he dicho, es el camino de la estulticia donde todo el misterio de una situación de encuentro y de intensidad puede verse mortificado hondamente. Lo peor ya está en acción cuando lo que quiero es comprender.          
Hoy ya no quiero contención, no quiero alguien que me comprenda, ¿o sí? No me lea para comprenderme, no me comprenda. No sé qué estoy diciendo. Desconfíe de mí como yo mismo he aprendido hacerlo. Aunque nunca sea suficiente. Desconfíe de usted, también, al leer estas líneas. ¿No será acaso que usted también busca ser comprendido y comprehendido? Los mexicanos utilizan la expresión “estar hasta la madre” cuando pretenden expresar una encrucijada subjetiva donde ya no hay a quién recorrer, exceptuando a aquella que – supuestamente - siempre va a estar para socorrernos. ¿No estará, pues, hasta la madre, usted, querido lector?
Por el momento, me basta con saber que lo nodal de todos estos asuntos jamás podrá ser dicho de una vez y para siempre. Debemos hacer ese duelo. Si este escribir intenta situar cierto cálculo respecto de mi subjetividad, delo por hecho lector, ese cálculo jamás será exacto.”

Buenos Aires, 7 de Febrero de 2013


lunes, 4 de febrero de 2013

"Tratando de entender"



“La mano me tiembla aún. Sé que no estoy diciéndole ´no´ para siempre. Ciertas cosas me asustan. Son mis ruinas, mis vicios. Quedar detenido, conformarme con poco. Quizá deba ser mucho más paciente, bancarme la angustia. Sé que la amé y que mi deseo por ella fue intenso. Pero no siempre lo que deseamos es lo más interesante para nuestro bienestar. No lo sé. Pasamos un límite. La balanza se torció para mal. Su indecisión, mi círculo ´tolerancia – intolerancia´ y no poder salir de ahí.   
¿Volverá? ¿Volveré? ¿Qué sentido tiene preguntarse esto ahora si, en rigor de verdad, no se sabe? ¡Shhh! ¡Silencio! ¡Demasiado ruido! ¡Poca claridad! ¿Por qué he de sentirme tan poca cosa? ¿Por qué todo lo que se me ocurre es pensar que sin ella no podré? ¿Sin ella no podré? ¿Qué demonio canta ese presagio siniestro? ¿Qué búho nocturno pretende semejante ignominia?
Pasará el tiempo y caminaré nuevas costas. Ya atisbo varios parajes y he olido dulces perfumes que aun no me animé a probar. Mi cuerpo es incierto, ¡maldición! ¡Cómo saber si mañana seré un león o una babosa! Tal vez, león o babosa sea una elección mía, aunque yo no la pueda tomar como tal. ¿Saldré a pasear por el bosque en busca de miel cantando la canción del hombre que quiere ver crecer su libertad? He caminado un poco y la sed no ha cesado. Al regresar, las paredes que me rodean suelen hacerse aplastantes. Vil tormento es que a todo esto se le agregue otra ausencia inesperada. Resuena. Pues bien: ¡que resuene! Mañana rugiré más fuerte que el búho y me levantaré y edificaré un Mundo Nuevo. Tropezar, caerse, errar, arrepentirse, llorar. Sé de todo esto porque lo he vivido. Mi carne no es inocente ni tampoco ingenua. Puedo salir. Lo sé.
Es cierto que la amé. Es cierto también que jugué por ella cartas nunca antes jugadas. Que he crecido mucho en este tiempo y ella, en parte, me ayudó a crecer. Pero, hoy por hoy, soy conciente de que mis avances son causa mía y si ella repercutió en mí provocándome más, fue porque yo le di ese lugar. Yo la busqué, la quise, la deseé. Tonterías buscan hacerme creer que valgo poco, que para nada sirvo, que estoy condenado. Si me dejo orientar por ese avance repentino de lo peor (siempre acechante a atacar cuando uno ensaya una jugada y muestra cierta endeblez), pues caeré muy bajo y me dolerá. Pero sé que eso no va a pasar. Por más de que lo peor redoble su furia, jamás habría de sobrepasarme. La pulseada siempre la gano yo. No será distinto esta vez.
Quizá no debí abrazarla esa última vez. Ella rompió en llanto y sintió que lo nuestro era una despedida sin retorno. Tal vez haya sido que sintió la verdad. Es demasiado pronto para aventurarse a una respuesta contundente, cuando nuestro ser es azar y caos. No sé si eso fue la verdad. Pero si sé que fue un instante muy duro, intensamente duro para ambos. Claro que para mí también. Mi enojo, mi desamor no me desalma. Pero predominó mi dolor, mi frustración, sentir que no fui retribuido y que el tablero de mis apuestas fue pateado, pisoteado. Ella habrá retribuido como pudo. Lo siento. Para mí fue poco en comparación con el daño que me hizo su violencia, su agresividad, su cerrarse a mi deseo. Creo que, de los dos, quien más se hizo cargo de la relación fui yo. Hacerse cargo de la relación pero sin descuidar nuestra propia película. Esto es crucial. Ella se olvidó de su película. Por momentos, yo me volví el personaje protagónico de su película. Eso ya no es digno de llamarse amor, ahora que lo pienso. Es otra cosa. No sabría cómo llamarle. Una historia donde uno protagoniza la vida de dos… Es aquello que da lugar a un execrable desleimiento subjetivo. Insisto, no sé si eso merece ya, llamarse amor. Por fuerza, el amor debería ser otra cosa. Quiero que sea otra cosa.
Tendré que tomar el vaso y lanzar los dados otra vez. Pero antes, reflexionar hondamente sobre mis implicancias. Nada es casualidad. Nadie es el demonio del otro sin que uno mismo dé lugar a ello. De ese modo, pues, uno mismo es su propio demonio. Es posible maltratarse y desearse lo peor. Transitar un existir humano es confirmarlo, tarde o temprano.
De todos modos, no quiero exagerar y caer en una posición schopenhaueriana melancólica. Por eso siempre preferí a Nietzsche. Porque su esperanzador cantar, ese tronar de un Zaratustra, es decirle a todo fue un así lo quise. La culpa no es cómoda morada para el alma Noble. Nobleza obliga y llama a la responsabilidad, esto es, a responder sobre los hechos. Los hechos no son tales hasta que no los asumimos. Es decir, hasta que no los aceptamos de derecho, podríamos decir. Hasta que no les damos un lugar genuino en nuestro espíritu. No se trata de las solemnidades de la conmemoración. Se trata de no negar los hechos. El único modo de transformar la realidad es aceptándola. Sólo así hay crecimiento. Por un lado, está lo que nos gustaría y, por otro lado, está lo real. Creo que lo mejor es aceptar lo que fue y, por qué no, brindar porque ello haya sido así. Nada es absolutamente en vano, aunque a veces queramos creer eso. Para decirlo sueltamente: ¡Quién te quita lo bailado!”           


Buenos Aires, 4 de Febrero de 2013
La imagen: "El caminante sobre el mar de nubes" - Caspar David Friedrich