domingo, 13 de noviembre de 2016

“PSICOANALISIS Y PENSAMIENTO CRÍTICO” (PARTE 4)


El psicoanálisis descubre las profundas determinaciones inconscientes que sujetan al sujeto a una escena familiar de sufrimiento e inercia. Que nada cambie, dado que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”. En este sentido, la perspectiva marxista no tiene mayor sustento con respecto a la realidad de las transformaciones sociales en el sentido de que no todos quieren aun recibiendo las posibilidades para que así sea. La idea de progreso, en este punto, queda puesta en tela de juicio. Veamos.

Nisbet ha desplegado de un modo muy esclarecedor cómo se gestó la idea de progreso inseparable de un modo de concebir la historia como el desarrollo unilineal del tiempo. En nuestra lectura, aprendizaje y acumulación serían dos componentes clave del concepto que plantean un problema. ¿Cuál? Básicamente, suponen un sujeto dueño del mundo, confiado en su capacidad de apropiación de lo real y puramente voluntarioso. Esta idea de que “querer es poder”, de que sólo basta “desearlo para lograrlo”. Es una referencia progresista paradojalmente muy oscurantista. Máxime en tanto y en cuanto rechaza de plano la concepción de una subjetividad resistencial y subordinada al imperio de sus fijaciones inconscientes. El psicoanálisis descree de la idea de progreso, radicalmente, porque no es una teoría evolucionista. Otra gran diferencia con disciplinas como la filosofía, la ciencia y la religión es que no supone ningún intento de apropiación de “lo que es” de manera omnímoda. Estas tres, en cambio, de algún u otro modo, ya sea por la vía del concepto, de la formalización o del sentido apuntan a cierta caída, a determinado desfallecimiento de lo Real ante sus armas. Cosa que sólo sucede de un modo relativo porque este último termina imponiéndose. Dice Héctor Mandrioni:

“Se ha dicho también que, cuando se habla de la realidad como objeto de la filosofía, no nos referimos a un sector de lo real, sino a toda la realidad. Este ideal ecuménico de la filosofía, de hecho, no ha sido negado por ningún filósofo, pues, inclusive el escéptico que se establece en la duda universal invencible, con su actitud negativa intenta asumir una posición valedera para todo lo real, o que incide, debido a las consecuencias que ella implica, sobre todo el campo de objetos posibles. Entrar en el nivel filosófico, es penetrar en un horizonte desde donde se intenta contemplar y legislar sobre todo lo real.”          

En esta extensa cita, se detecta claramente la posición filosófica básica, allende las diferentes corrientes críticas que vinieron a romper con la mirada clásica, siendo una de ellas por ejemplo el nietzscheanismo. Ahora bien, la diferencia crucial con el psicoanálisis es que este precisamente cifra su eficacia en considerar la presencia de un objeto imposible y, si bien en él hay formalizaciones, conceptos y sentidos, lo esencial juega a nivel de la «causa». Lo Real para el análisis es justamente lo que es del orden de la causalidad de la realidad y no esta última. La realidad no es ´lo real´. Lo Real es el impasse mismo de toda realización entificante. La subjetividad es un intermedio entre el ocaso angustiante de la ausencia de ente y la consistencia agresiva del imaginario narcisista (moi). Un término medio entre el fenómeno y el noúmeno, inter el efecto y la causa. La psicología-psicoterapia cognitiva trabaja sobre los efectos. El cristianismo adormece la causalidad con un Otro. Las izquierdas anteponen el Ideal y recrudecen la mortificación del sujet.

Dentro de las famosas resistencias descubiertas o construidas por Freud, aparece aquella ligada al superyó y definida como sentimiento inconsciente de culpa o, posteriormente, «necesidad de ser castigado por un poder parental». Nos interesa articular esta precisión clínica con la temática de la pobreza, entendiendo esta última como específicamente relacionada con la situación socioeconómica ya sea de un grupo social, familiar o de un individuo particularizado.

¿Qué factores hace que alguien no quiera o no pueda, justamente, progresar en la vida? ¿Qué sujeciones subrepticias amarran el lanzamiento del deseo en su plenitud? Estas son algunas de las preguntas a desarrollar, es decir, que me interesan poner a trabajar.

Podemos empezar preguntándonos qué es la culpa. Uno de los lugares freudianos en donde encontramos el nacimiento del sentimiento de culpabilidad es su famoso texto “Tótem y tabú”. Allí, el creador del psicoanálisis, nos relata la clásica situación pre-civilizatoria donde ese pseudo padre dueño del deseo es matado y comido por sus hijos, emergiendo recién ahí la introyección de la Ley, a raíz de la preexistencia de sentimientos amorosos hacia ese padre no-todo déspota (su castración aparece de entrada; el asunto es su subjetivación). La culpa retaliativa y el remordimiento dan lugar a la constitución de la Sociedad. Ella es su resultado. El efecto es el deseo.  

La cuestión de la repetición intergeneracional remite a las marcas [Eindrück] eficaces cuya  incidencia es la de una gravedad que inmoviliza. El fantasma como espesura del un-sentido que se impone para el sujeto ampliado (comunidad, grupo, individuo).                                                                                                                                                                                                    

Lo que buscamos desde el psicoanálisis es la diferenciación progresiva, a saber, desasir (y deshacer) para poder asir (y rehacer) nuevas formas o posicionamientos del sujeto. La lógica lacaniana de los anudamientos y desanudamientos en este punto resulta de interés para pensar los procesos de subjetivación. Se nos ocurre decir que, si el $ está sujeto a determinados significantes, lo subjetivante es el movimiento gracias al cual se produce la separación que habilita un re-enganche ulterior, nuevamente sujetador. Alienación/ desprendimiento y, mientras tanto, la vida, con todos sus acting out, pasajes al acto y demás singularidades de la fenomenología del hablanteser en su abertura.

La trama densa de hilos disimiles que atraviesan un cuerpo dado, forjando una histórica subjetividad situada y concreta – es decir: Pedro, Pablo, Emanuel -, constituyen una mochila enorme que variará según justamente la contingencia sociohistórica de ese cuerpo mismo, o si vamos a referirnos a lo que hace un rato llamábamos sujeto ampliado, a esos cuerpos mismos en su estar-allí, viviendo, coexistiendo, cohabitando, ocupándose de sus asuntillos. Hay hilos más espesos y sobredeterminantes que otros. Dentro de todas las marcas que barran a una subjetividad, siendo a la vez constituyentes de ella, hay a nuestro entender uno que tiene un cierto privilegio y que pasa “por el tejido de su devenir, como uno de los más importantes hilos entre los hilos de sus experiencias…” . Se trata de la cuerda del deseo. Esta última, dirige al sujeto de modo esencial, conduciéndolo a vivir situaciones totalmente inesperadas, gracias a las cuales el ser de  ficción, virtual que se articula a nuestro fantasma, pierde consistencia.                                      

No creemos que la pobreza sea estructural, como dicen. Lo de estructura es la malicia de los vivos de siempre que efectivamente gozan y monopolizan los recursos societales, introduciendo en su cálculo la necesidad de que otros pierdan, quedando al borde del tablero. Mantenerlos al límite: esa es la forma más eficaz de dominación. Quitarles la posibilidad de elegir. Desde el pensamiento crítico creemos que otras formas de existencia deben ser posibles. No creemos que la postura neoliberal-capitalista sea el único modo posible de estar-ahí. Pero pensar críticamente es algo que juega por la vía de la ética y no de la moral. O sea, no se trata de reemplazar ideales que se creen degastados por otros que serían supuestamente mejor. Siguiendo la lógica del psicoanálisis, en cambio, sostenemos que la genuina construcción va por la vía de cuestionar toda certeza absoluta que se autoproclame como EL camino y que, en su despotismo, busque invizibilizar otras miradas acerca del ser, o mejor dicho, sobre el devenir. Multiplicidad y movimiento como características del Ser que aparecen desmentidos en la vertiente del Discurso del Amo. Plantea Enrique Carpintero: “[el capitalismo neoliberal] Para sostener sus creencias niega que se basan en una concepción ideológica desde donde construye sus mitos.” Es nodal desmontar el fantasma capitalista no para abolir su existencia misma sino para - objetivo mucho más humilde - acotar la modalidad de goce que ha venido a poner en juego y que cada tanto retorna, ya bajo el rostro neoliberal, ya bajo otras máscaras.

La ceguera canalla de no querer ver la realidad. El famoso “Yo no tengo nada ver” con la miseria, la pobreza, la enfermedad, la locura, la muerte. Recluirse en un fantasma defensivo para desde allí sostener los propios privilegios. El tema del pensamiento crítico que me he propuesto elaborar supone cuestionar no solamente en la vertiente de sujeto analítico, para nada fácil – desde ya -, sino agregar un cuestionamiento más profundo a nivel de lo que somos como subjetividad. Insisto en que este es el estilo específico al que me ha llevado tal vez mi propio análisis. Es decir, ha abierto la pregunta, siempre latente, respecto del lazo en relación al Otro epocal. La ladera del analista-ciudadano o, si se quiere, del analizante-ciudadano en tanto uno investiga y se pregunta siempre desde un lugar de analizante. ¿De qué se trata esa tragedia común que nos solidariza como hermanos (no necesariamente en un sentido religioso)? Si bien todos estamos en falta, ¿cómo se articula esa falta en relación a los contemporáneos? ¿cuál es mi grupo de pertenencia en relación a la posición subjetiva frente a la castración? Creo que el lazo social posibilita agrupamientos no sólo en relación a ideales o marcas comunes, sino que es posible otra colectividad vinculada al hecho de la causa. Inclusive, siguiendo ciertas aportaciones de Erik Porge, quizá altamente conocidas por otros pero que llegan a mí hace poco, hay posibilidades de pensar la masa en un sentido no-narcisista. Estas preguntas me exponen, no más de lo que se expuso Freud al proponer sus pensamientos y su modo de abordar, por ejemplo, los sueños.

El psicoanálisis, sólo puede ser relanzado anudándose a algo novedoso. Esto novedoso no está más adelante, está al contrario más atrás, o por qué no, en la contemporaneidad. Lo extemporáneo o, al estar nietzscheano, lo “intempestivo”, con el doble sentido del significante en su equivocidad, es el decir analítico que no hace las paces con ningún emblema instituido – se trate de Escuelas, de Cátedras, de Instituciones, de Apellidos. La dirección es la de lo que no cuaja con el superyó. Hacerle frente a sus contundentes directrices. El orden social, el control disciplinar, la pululación de significaciones anodinas estrictamente arraigadas en la vertiente virtual de este momento histórico. La coartación del ser-sexuado por la imposición de modelos cristalizados que pretenden cerrar el sinsentido de la castración en una redoblada estrategia del narcisismo. Reacciones defensivas frente al Amo que le hacen la jugada anulando la diferencia sexual (progresismo retrógrado, vale decir).
Simplemente se trata de ver cómo efectivamente podemos “no errarle tanto” en nuestra función a la subjetividad de este momento y de este lugar. Dentro de esa subjetividad está nuestro sujeto  dividido, como trenza que anuda goce, deseo y amor - pero no hay que olvidar las demás determinaciones subjetivas porque se ligan a la realidad, es decir, a eso que llamamos «castración».
Para finalizar, agregar algunas preguntas para dejar pensando al lector- o, quizá, ellas lo piensen a él:
¿Es posible el psicoanálisis dentro de una sociedad sin pensamiento crítico?
¿Hay discurso psicoanalítico cuando el énfasis está tan puesto en la mirada academicista?
¿Estamos los profesionales de la Salud a la altura del padecimiento de la época? Es decir, ¿brindan las aulas contemporáneas un soporte teórico-práctico suficientemente bueno para ser dignas de generar sujetos capacitados hacia el terreno de una «praxis»?

(esta nota iba a formar parte de las entregas en Imagoagenda, pero no fue publicada)

Buenos Aires, Octubre de 2016

martes, 26 de julio de 2016

"Somos" by Belén Charpentier

 


somos una colectividad instantánea de espectadores partícipes
somos la reconstrucción del territorio político perdido
somos el despliegue de una comunidad experimental
somos vínculos que están por venir
somos una forma de desarrollo subsistente
somos la exploración de modos de coexistencia
somos la viabilidad de la producción colaborativa
somos coordinación social
somos política de asociación
somos una microesfera pública
somos persistencia/ somos insistencia/ somos proximidad
somos un proceso de innovación organizacional
somos una propuesta para habitar un mundo en común
somos un microterritorio relacional
somos una revolución ínfima
somos la representación del deseo
esto es la emergencia del deseo
 
Buenos Aires, Argentina

jueves, 7 de abril de 2016

“Angustia y repetición: la pulsión de muerte en los confines del Siglo XXI” (*)

Introducción

El presente escrito pretende situar las coordenadas contemporáneas de la clínica psicoanalítica tomando en consideración lo que podría definirse como una terapéutica de lo real pulsional. “Terapéutica” allí donde el análisis propiamente dicho interviene, a nuestro entender, más en relación a “lo real de lo simbólico” (tal como J. Lacan lo denomina en 1975). De esta manera, poder precisar los diversos modos de la angustia tanto en el pensamiento freudiano así como en las consideraciones del analista francés. El tan mentando y actual “ataque de pánico”, fue expresamente definido por Sigmund Freud dentro la categoría de «neurosis actuales». Es nuestro colega Fernando Ulloa quien rescata de la nosología del maestro vienés, el concepto introduciendo a su vez la idea de una Cultura de la mortificación, inseparable del Síndrome de padecimiento. Será nuestra intención poder anudar estas nociones con lo mencionado primeramente: la subjetividad epocal atravesada por un aplacamiento del deseo en favor del goce mortífero y lo que de esta mecanización existencial deviene mutismo y repetición.

Fernando Ulloa: un referente[1]

Para este psicoanalista autóctono, la Salud Mental es algo que se produce. Es decir, no hace referencia puramente a algo que sería lo que no es “enfermedad”, siempre partiendo de una idea deficitaria. Suponer que la salubridad se construye, invita a pensar nuestra praxis, como tratamiento de lo real por lo simbólico, en su complejidad y movimiento, donde diversos actores son responsables del efecto sujeto. Con este último vocablo, podría hablarse de un consultante cualquiera, pero también de una familia, de una institución o inclusive de una comunidad. El trasfondo de un analista comprometido, es una ética coligada a creer en la Democracia en tanto verdadera, donde las ilusios (Bourdieu) estén sostenidas en tiempos y espacios genuinos, posibilitando esto que los participantes se sientan causados por entrar en el juego de los intercambios societales, a todo nivel.
El sujeto es una producción, no un “PRODUCTO”. Bien valdría aclarárselo a la industria psiquiátrico-farmacéutica actual. Este último es precisamente la objetivación de la exsistencia, allí donde se atrofia la hiancia del ser con paliativos iatrogénicos que indiferencia pacientes con “clientes”. El sistema capitalista demanda una petrificación a sus circuitos de consumición fatídica y una adaptación acrítica a moldes superficiales, donde la ontología está basada en el “tener” diluyéndose cualquier referencia a la constitución estrictamente «espiritual»[2] de nuestra subjetividad. Espíritu no es alma sino solamente una manera de no hablar de “neuronas” o de “genes”. «Geist» es, ante todo, palabra. Seres inteligentes, iluminados por el símbolo, sujetos al lenguaje pero con la posibilidad de ejercer la función del habla que dé cuenta de una presencia no anónima.
Regresando al autor argentino, la mortificación da cuenta de un avance de la pulsión de muerte por sobre una sociedad. Se pierde la palabra, el buen trato, el cariño, el amor y por consiguiente, el goce avanza sobre la castración, que es falta. Hablamos del Síndrome de padecimiento. La telaraña de deseos que constituyen la trama histórica de nuestro devenir juntos en un mismo tiempo-espacio se degrada notablemente cuando lo que se antepone es el Ego en sus diversas manifestaciones patológicas. En principio, cesa la creación. Los narcisismos atentan de lleno contra la tarea, dando cabida a posiciones estultas caracterizadas del siguiente modo:

-         Predominio del pensamiento único y de la uni-versión
-         Mecanización de las conductas y de los modos de interacción social
-         Obediencia e imposición de camino fijos incuestionables (tanto material como abstractamente
-         Mundo del sentido. Faltan los puntos de fuga o de ruptura. No es tolerado el sinsentido, por ende, la vida – estúpida e inefable (LACAN, 1955-56).  
-         Insistencia propia de lo simbólico en su faz imperativa y parasitaria. Sujetos del lenguaje más que de la parole, conversación o del diálogo.
-         La letra – inclusive en su valor de goce  - impera sobre la palabra – que es pérdida, siempre. Sujeción del deseo por signos muy cargados de un sentido “en sí”, que no existe más que en el fantasma de la periferia del enfermo.

La angustia: singularidad de la “especie”

“… nuestra predisposición a la neurosis no es sino el reverso
de nuestros dones puramente humanos.”
 (Sigmund Freud)

En una de sus Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, Freud sostenía:

“Por último, creemos observar que las tendencias sexuales poseen una más íntima conexión que las del yo con el estado afectivo de angustia, observación que aparece robustecida por la interesantísima circunstancia de que la no satisfacción del hambre y de la sed, los dos más elementales instintos de conservación, no trae consigo jamás la transformación de dichos instintos de angustia, mientras que, como ya sabemos, la trasformación en angustia de la libido insatisfecha es uno de los fenómenos más conocidos y frecuentemente observados.”[3]   

Estamos en la época del dualismo pulsional según el cual, están por un lado las pulsiones de autoconservación o yoicas y, por el otro, las sexuales. Sin embargo, la libidinización del ego provoca un callejón teórico que llevará al maestro vienés a construir un par de triebs definitivo y referido a la antinomia entre Eros y Tánatos que todos conocemos. De todas maneras, la lectura que nos interesa situar en este punto es la que sigue.
Lo que Freud está diciendo es que a nivel de la necesidad no aparece ninguna ligazón con la reacción afectiva de la angoisse - en francés, para decirlo con Lacan. Ésta última, en cambio, presenta un vínculo estrecho con esa irrealización prototípica del deseo en su condición de falta. Deseo sexual, infantil, reprimido. Su energía misma es insatisfacción, molestia, síntoma, inhibición cuando no pasaje al acto o acting out. El deseo, de existir como articulable a un significante, sería una demanda imposible, radicalmente aplastante de toda subjetividad. El deseo es, en el fondo, el restante de una demanda primitiva, inclusive su causa misma. Piénsese en la topología del toro, como la trabaja Lacan en el Seminario IX.
Yendo profundamente más allá, aunque se nos acuse de mezclarlo todo, no creemos que, como se ha puesto de moda decir, “el deseo sea un destino pulsional”. Más bien, afirmaríamos lo contrario; esto es, que el deseo es el drang de los componentes de todo instinto. Es lo que de la pulsión no compete ni al objeto más que tomándolo por su causa (el a), ni a la fuente (zona erogenizada de un cuerpo viviente) ni mucho menos a la meta (la satisfacción de un goce, generalmente sufriente). El deseo es la fuerza de toda pulsión, diríamos que es la pizca vital, siendo “de muerte” la tendencia cesante de su recorrido mismo. Pero el deseo está del lado de la eternidad. Por eso, Lacan lo plantea en 1975 (“Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter”) en tanto referido a lo infernal. Si hay nudo entre los dos reales lacanianos es en el ombligo donde la sexualidad humana, autoerótica y parcial, para desarrollarse en tanto tal toma su fuerza de un campo previo y que es el del Otro en tanto hablante/ castrado/ deseante. El sueño no llega a simbolizar ese ombligo.
La función de la palabra, es la dimensión del deseo que es siempre desir. El decir del Otro aloja al animal pre-culturalizado y lo baña de significantes que portan la maldición de una barra. Esta barra es el Falo, referente del goce inexistente. Su articulación marca el fin del análisis, allí donde no hay más nada que decir. Efectivamente, no hay nada más que… decir. Pero ese límite sexuado del goce en tanto se divide en dos (lado macho – lado hembra), es un punto de llegada fuerte y absolutamente difícil de desplegar cuando a duras penas nos decimos “buen día”.
El amor no deja de ser la única vía de acceso posible a una relación temperada con el objeto del deseo. El fantasma arruina más de las veces lo que de no entrometerse la repetición, funcionaría bárbaro (eso se cree). Pero no podemos estar sin él. A lo sumo, vaciarlo y vaciarse de consistencia desgraciada. Degradar el objeto, en este sentido, resulta un modo indirecto de atacar la infatuación secreta a la que llamamos narcisismo y que parte del I (A) como letra superyoica. Acentuar la dialéctica y discordancia del sujeto dividido entre lo que ama y aquello con y en lo que cifra su gozo, es precisamente el horizonte del deseo del analista. El neurótico evade y al evadir, se evade. Y más aún se evade evadirse. Toda la parafernalia del Sistema y sus caminos prefabricados, está destinados a sostener ese estado de evasión que llamamos estulticia. El pensamiento crítico viene a rescatar al sujeto de semejante tragedia, dándole las riendas para poder volver a “mover a los Dioses del infierno”. Pero dentro de las metodologías críticas, solamente una afecta de un modo directo al sujeto dividido. Aquí es donde, solamente y finalizando, decimos que la vehemencia subversiva del psicoanálisis es única.       

Conclusiones

Comprometerse en una época oscura no es realizar un programa sino buscar de manera  situada y según vías múltiples y muchas veces contradictorias. Una de esas vías es el pensamiento crítico como modo de posicionarse frente a la realidad, inclusive en su más vaga intrascendencia cotidiana. Pensamiento crítico es lo opuesto al reproche. Primero: siempre es colectivo. O sea: nuestro pensamiento siempre está interpelado por el pensamiento crítico de nuestros compañeros. Para finalizar, simplemente invitarlos a interrogarnos respecto de la pertinencia/ impertinencia de trasladar las adquisiciones personales de transitar un análisis hacia el plano compartido de esos otros que, aún en su anonimato y diferencia, constituyen parte de mi misma realidad y de mi misma existencia sociohistórica. Que no ponen en palabras una demanda de análisis, pero que en su sintomatología cotidiana, tampoco desestiman la posibilidad de un acercamiento en este sentido. El pensamiento crítico es una vía de interpelación directa que puede coadyuvar a despabilar entes aquietados. Y a nosotros mismos en nuestra estulticia irreductible. Si para Freud “nuestra predisposición a la neurosis no es sino el reverso de nuestros dones puramente humanos”, esto significa que el envés de una subjetividad alienada, es la condición absoluta que el objeto a como lugar de una causa perdida le ofrece a cada cual de desasirse, trascendiendo la espesa trama que puede objetivarlo en la desgracia de una repetición significante. Ahora bien, el presente desarrollo supuso considerar que para situarse en la malla, un paso previo es salir del estado de autismo en el que el sujeto posmoderno día a día se desenvuelve junto a sus pares. Para traspasar el fantasma, primeramente tenemos que ubicar a los sujetos en la urdimbre que los amarra. Pero, cuando alguien no se interpela dicha matriz alienatoria, ¿es ético intervenir sin demanda? Esta pregunta intitula un trabajo de mi autoría próximo a publicarse en Fuegos del Sur.
Ahora sí, finalizando, solamente agregar que no hay una receta para romper con esa carencia de lazo, que no es el no relación lacaniano, sino un síntoma cultural de aislamiento doliente, amigo de la soledad y de la protagonista de la época: la depresión. No existe el manual de procedimientos, pero sí una ética. La ética analítica está del lado de creer en el deseo como apuesta, cuerpo, palabra. Quizá de lo que se trate es, sin caer en el acting out, de entregarse más, apelando a un romper con tanta fijeza pulsional. El modo más eficaz de la resistencia epocal, desde el punto de partida de que es del analista, tal vez esté articulado justamente a no haber saldado lo suficiente su propia stultitia, lo que lo lleva a ser un mero técnico de saberes preestablecidos, descontextuado y a-histórico. Antes de pretender ubicar con claridad cuál es la subjetividad de la época, la tarea que se nos plantea a los espíritus libres [Freigester] es cuestionarnos profundamente qué lugar ocupamos nosotros en la dialéctica contemporánea, en todos sus aspectos: económico, social, político, analítico, etc.       

TRABAJO RECHAZADO POR LA COMISIÓN EVALUADORA DEL HOSPITAL PAROISSIEN de ISIDRO CASANOVA, POR SUPUESTAMENTE EXCEDER LOS LÍMITES DE LA TEMÁTICA DE LA JORNADA DEL 21 DE ABRIL DE 2016 RELACIONADA CON EL SEMINARIO SOBRE LA ANGUSTIA. SE TRATA DE UN TRABAJO QUE PRECISAMENTE ABORDA LA CUESTIÓN DE LA ANGUSTIA Y LA MORTIFICACIÓN SOCIETAL EN LA ÉPOCA ACTUAL. 

Quizá preferible juntarse a reiterar como loros los párrafos archi-conocidos, en lugar de dar cabida a lo nuevo por decir. 


Bibliografía

-         Freud, S.; ““Nuevas lecciones de Introducción al psicoanálisis: La teoría de la libido y el narcisismo.” en Obras completas, Biblioteca Nueva Ed., Buenos Aires, 1968. Tomo II.
-         Lacan, J.; El seminario, Libro IX: La identificación, inédito.
-         Lacan, J.; “Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter” (1975).
-         Ulloa, F.; Salud Ele-Mental, con toda la mar detrás. Ed. Del Zorzal, Buenos Aires, 2011.
-         Langelotti, L.; “La subjetividad epocal, ¿una clínica de lo real de la pulsión?” Trabajo presentado en las Jornadas por el 30° Aniversario de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Económicas, Año 2014.



[1] Se toman como referencia fuerte, las premisas del autor en Salud ele-Mental, con toda la mar detrás. Buenos Aires, Ed. Del Zorzal, 2011.
[2] Jean Allouch habla de “spi-análisis » pretendiendo deslocar el sentido «psico » en tanto esta realidad, siguiendo a Lacan, no existe.  
[3] Freud, S.; “Nuevas lecciones de Introducción al psicoanálisis: La teoría de la libido y el narcisismo.” en Obras completas, Biblioteca Nueva Ed., Buenos Aires, 1968. Tomo II. Conferencia XXVI.  

martes, 15 de marzo de 2016



15 5663 5918 - 20766987

RED DE DERIVACIÓN PSICOANALÍTICA
GRAN BUENOS AIRES Y CAPITAL FEDERAL
ANALISTAS FREUDO-LACANIANOS

sábado, 16 de enero de 2016

"Miscelaneas porteñas" de Luis F. Langelotti (Textos intrusos Ed.).



"Misceláneas porteñas no es una novela, es un entramado o un plexo relacional de hilos desemejantes que se anudan, se rozan, se imbrican y no. Es una apuesta al relato en tanto relato. Sin mayores sobresaltos en cuanto a los sentidos, la argumentación o la elaboración de los personajes, pero tampoco cayendo en un elogio a la intrascendencia, el tedio o la vaguedad, dado que ciertos acontecimientos, escenas y reflexiones representan un cachetazo seco para el adormecimiento del lector. Su política es la del decir en cuanto decir: describir, reflexionar, crear, conectar, proponer, recordar. Historizar. Más que “idea”, el deseo de narrar y de narrarse, de detenerse y de caminar en la literalidad-litoralidad de la letra, como soporte material de toda enunciación posible (a falta de voz en la escritura, sostén concreto de la función de la palabra), y en la que no hay inmersión, profundidad, ni “consumación mística” en una supuesta realidad pre o pos-lingüística. Todo es y no-todo sucede en los márgenes de la territorialidad de lo escrito y su evocación, tan eterna como perecedera a la vez, de esta existencia nuestra, que es fragmento, azar y contingencia. Pero también: recurrencia, estereotipo, frase hecha, lugar común y rutina. Diálogo, barrio, calle, bondi. Todo esto, sin desconsiderar la presencia de una cantidad otros elementos que le dan mayor sofisticación al asunto: pregunta, simbolización, amor, olvido, elección, deseo sexual, muerte, angustia."

El autor.