jueves, 10 de agosto de 2017

“Asociación – compulsión – separación”



Resumen:

El presente trabajo (ponencia), pretende abordar la contemporaneidad desde ciertas claves freudianas, apoyándonos a su vez en el pensamiento del psicoanalista francés J. Lacan. Esto no quita, sin embargo, un importante aporte de elaboraciones personales del autor.

Existencia, insistencia, exsistencia
El psicoanálisis existe. Es una práctica a la que le ponemos el cuerpo. Tiene su densidad, su consistencia, es lo que hay. Colegas formándose, capacitándose, analizándose, atendiendo sujetos que demanda una escucha, supervisando esa praxis, aprendiendo a saber-hacer con el malestar. Ese malestar habla de algo que no existe, sino que insiste. Es el inconsciente, como cadena significante, como huellas mnémicas – trazas, marcas – que conservan una eficacia de goce y que hacen ni más ni menos que a la compulsión, en tanto no son puestas a trabajar en el marco de este dispositivo que es el análisis, donde la conversación es el eje. Es decir, se trata de una experiencia dialéctica que va tejiendo una trama a través de la cual pueda llegarse a una urdimbre. Esa urdimbre es el fantasma fundamental, defensa por excelencia de la sexualidad en tanto traumática. Es una escena, en la que el sujeto remite a una posición. Y allí hay un objeto, es el a minúsculas en su función de plus de goce, porque el fantasma previene del goce del Otro, pero articula un instante privilegiado para la satisfacción del sujeto. Es el resto que las zonas erógenas pulsionales delimitaron gramaticalmente (ello habla) y que el análisis, vía la retórica del inconsciente, reducirá a elementos significantes separados, desarticulados. La lógica de la cura es hacia la ex-sistencia que implica toda destitución subjetiva. Que el sujeto pueda sostenerse en su extimidad al Gran Otro. Desarrollemos esto.

Lo epocal. Homogeneidad zombie
¿La época está cada vez más muda? O quizá los analistas cada vez más sordos. El malestar en la cultura no es de ahora, es de siempre. No negaremos la particularidad de este momento histórico, donde la mortificación silente parecería copar la parada, vía lo que Freud definió como neurosis actuales. Más que la era del vacío, parece la edad de lo lleno. Frenesí, anticipación, multi-espacialidad, subjetividades compactas, patologías masivas. Lluvia torrencial de Ideales individualistas, de éxito, empresarial, consumista (subjetividad neoliberal). Avance fenomenal de la letra por sobre el discurso. Del lenguaje por sobre la palabra. Como diría Bifo [filósofo italiano], semiocapitalismo. Iconicidad, emotions, abreviaturas cada vez más agramaticales. Antes se clavaba una mirada. Ahora te clavo el visto. Diríamos que la época está más bien, verborrágica. Tiene muchas bocas, orejas, ojos. Lo que, desde luego, tampoco equivale a una mejoría en la “comunicación”. Porque ese no es un verdadero cuerpo, es una esfera de tubos que no conducen a ninguna parte más que al limbo del autoerotismo. Es un cuerpo cibernético, una consistencia artificial, redobladamente imaginaria, sostenida en la tecnocracia imperante. Lo simbólico al servicio de la objetivación absoluta. Las series web [NETFLIX] son un buen referente para ver qué está pasando con el Hombre. Narcos, zombies, mucha sangre, transgresiones, codicia, poder, lujuria. Una bajada de línea bastante particular. Sobre todo, desde el punto de vista de cómo se elabora esto. Es ficción, pero, lamentablemente, la realidad no está mucho más acá; al contrario, y para ser fiel al dicho, la supera. Terrorismo, femicidios, fascismo, crisis económicas, desagregación familiar, racismo, xenofobia. Violencia de toda rama. Nuestro país, azotado por el desempleo, la desocupación, la carencia de oportunidades… otra vez.
Una vía
Nuestro compromiso debería permitirnos salir un poco de la consulta privada entendida en un sentido paupérrimo, como abordaje del individuo. Tenemos que aprovechar ese espacio en toda su contundencia. Porque nos viene la subjetividad ´de hoy´ pero no deja de traernos algo del ayer (lo que padecen muchas mujeres – para tomar un ejemplo de esto - no es el patriarcado, sino sus marcas de las que no se han podido separar aún). También hay futuro. Es decir, del mañana y, para decirlo nietzscheanamente, del pasado mañana. El sujeto es hablado, hay que hacerlo devenir subjetividad. Para eso, es esencial que, a su vez, el analista sea un sujeto hablante. Lo que no quiere decir que vaya demandar: lo hará en su análisis. Debe tirar un anzuelo. Algo hay que proponer, desde algún lugar debe estimularse la transferencia, para que empiece el juego. El analista tiene que seducir. Si el deseo es el deseo del otro, qué mejor que articulando su deseo y es lo que hace en su práctica. Su deseo de analista es su cuerpo, con todo lo que implica de enunciación, de hechura, de estar-ahí. De dasein. De compromiso. Al principio, no basta, luego tal vez solamente escuchar ya produzca grandes efectos, pero en un inicio debe tomar la palabra, invitar a charlar, a dialogar. Lo real es para después, al principio importa la Verdad. El neurótico ha perdido toda fe en la verdad. Es un pobre infeliz. Un incrédulo. Alguien que ya no piensa en el deseo. Lo que Séneca llamaba un estulto. Un nihilista, un pesimista, alguien tomado hasta el cuello por el aburrimiento de vivir. En eso radica la importancia del síntoma. Ya no nos podemos entretener, algo nos ha dejado de divertir, perdió eficacia. Y retorna el MALESTAR. Ahí es donde puede suceder que el habla sea recobrada. Nosotros pondremos la oreja.

Pensamiento crítico y desasimiento
El paciente-objeto (del sistema, del mercado, que se autodefine y piensa como “cliente”, motivo por el cual querrá tener siempre la razón) está absorbido por la compulsión – claramente fomentada por el momento histórico que la propone como modelo. El método psicoanalítico le impondrá la asociación libre como regla fundamental del psicoanálisis. Eso implica dejar de hablar al pedo, para empezar a escuchar-se, para hilar, tejer, hilvanar un entramado crítico. Historizarse. Subjetivarse. Salir de la sujeción, dejar de ser sujeto/ sujetado (aunque esto sea un primer paso) para devenir subjetividad. Renovada esperanza cual flecha lanzada al ocaso, con el espíritu de lo que se afirma en el instante y por la eternidad, puesto que sabe que renacerá Otra. Eterno retorno del que Zaratustra hizo apología. Vivir el presente terrenal como corpo-mentalidad desasida de la máquina que nos consume internamente. Ser-en-acto o faltar-en-ser, traspasar el fantasma para disfrutar la pulsión desde otro lugar, esa es ni más ni menos que la ética del deseo. Más desasido, desprendido, separado. Asociar para dejar la compulsión y vivir la separación. Esto resume toda la clínica psicoanalítica. Esto es todo lo que Freud y Lacan dijeron. La compulsión es síntoma de alienación. El amor de transferencia reduce ese lazo patológico al Otro, gracias a que internamente opera el deseo de analizar, como una búsqueda crítica por el desprendimiento verdadero. O sea, un plano allende la identificación. El pensamiento crítico, así como la capacidad de amar y de trabajar, es algo que el psicoanálisis hace posible. El pensamiento crítico es dejar de ver la realidad (y a uno mismo) como una COSA, dura, rígida, estanca, inmutable. Es empezar a entender que se deja moldear, que pese a lo imposible [sexualidad y muerte; goce y finitud] algo es posible y que esa posibilidad puede [cada vez y cada vez] superarse y superarse. Correr el límite, la auto-superación de la que hablaba el filósofo alemán, es equivalente al transitar de un psicoanálisis, que ha empezado por la vertiente del silencio pulsional que no llama a nadie, que se satisface solo, para empezar a ser un llamado a Uno – el psicoanalista -  pero que tampoco debe quedar en eso. Separarse es salir del Edipo, del incesto, de la endogamia, es empezar a llamar al definitivo, al último, al decisivo y verdadero Otro. Pero también, y quizá esto sea más fundamental aún, aprender a bancarse su falta de respuesta. Su inexistencia, su vacío, su falla. Lo que se dice castración y que, pese a lo que diga el cognitivismo, es la mayor y más fundamental [puesto que funda] de todas las evidencias.

Buenos Aires, Agosto de 2017

jueves, 8 de junio de 2017

"Introducciona la obra de JACQUES LACAN"


Actividad realizada en el Año 2012 a cargo del psicoanalista Luis Langelotti. Participantes de variados campos, interesados en el discurso lacaniano.

Buenos Aires, Argentina.

jueves, 1 de junio de 2017

Curso Junio 2017: Introducción a la clínica lacaniana

Una introducción a la clínica lacaniana

Este curso consiste en una introducción a Lacan pensada para psicólogos con orientación
psicoanalítica o estudiantes avanzados de la carrera que cuenten con cierta base en
psicoanálisis lacaniano.
Recorreremos los conceptos fundamentales de la teoría teniendo en cuenta su impacto en
el mundo del psicoanálisis en los años y contexto de su surgimiento. Exploraremos el cómo
y los por qué de la posición del analista y la ética de nuestra praxis a partir de material
teórico y recortes de casos clínicos. Finalmente analizaremos cómo la teoría se aplica a la
casuística, especialmente en los primeros momentos de un tratamiento.
Duración: ​5 encuentros de hora y media. De modalidad quincenal. Inicia 2da quincena de
Junio.
Temas:
1er encuentro
La influencia de la filosofía en la obra de Lacan.
Sujeto del psicoanálisis (1)
Necesidad, deseo y Demanda.
Objeto a: resto y causa.
2do encuentro
Lacan y la Ego-Psychology
Sujeto del psicoanálisis (2)
Ética y praxis del psicoanálisis lacaniano
Posición del analista
3er y 4to encuentro
A partir de los siguientes conceptos teóricos se analizarán viñetas clínicas:
Inconsciente freudiano, sujeto lacaniano
El Otro
El Yo y el Sujeto
El Sujeto y el Significante
El Registro Simbólico y el Imaginario (el esquema L)
La célula elemental del Grafo del deseo
El Fantasma
Ché Vuoi?
5to encuentro
A partir de la lectura de un caso se analizarán los siguientes conceptos teóricos:
Abstinencia y Neutralidad
Implicación subjetiva
Rectificación subjetiva
*Cómo armar un caso clínico (Si los participantes quieren presentar un caso propio, se
proveerá y estudiará una guía de preguntas que nos orientan en la dirección de la cura y en
las entrevistas preliminares a los fines de organizar nuestro material clínico)

LOS INTERESADOS EN CURSAR EN RAMOS MEJÍA O CABALLITO DEBERÁN ESCRIBIR A LOSANGE.CONSULTA@GMAIL.COM

Para más información e inscripciones en COLEGIALES enviar un mail a esilberfich@gmail.com con una
breve presentación del recorrido teórico-práctico del interesado.
La bibliografía puede variar en base al recorrido teórico clínico de los participantes y será
enviada previo al inicio del curso.
Lic. Eliana Silberfich (M.N 51202)

lunes, 1 de mayo de 2017

"Palabras iniciales" QUÉ SIGNIFICA PENSAR CRÍTICAMENTE (futura publicación)


Toda introducción no deja de tener siempre un hálito de respuesta a una demanda de sentido, a un pedido de explicación. Si el acto es acto, lo es en la medida en que, por serlo, no se deja seducir por la pretensión de tener que justificarse ante nadie. De todos modos, esto no quita que sobre un acto no se pueda conversar. A fin de cuentas, pensar que por hablarse del acto se estaría tratando de justificarlo ante alguien, no es más que un prejuicio. Uno de esos que cada cual arrastra individualmente consigo. Por el contrario, puede sostenerse la idea de que hablar sobre los actos sea hasta algo necesario para que estos queden sancionados como tales (o entren en la vía de serlo). Por eso no creo vana la empresa de conversar sobre este acto de publicar, para poner en circulación aquello que durante cierto tiempo me he estado preguntando y pensando, conversando, masticando, reelaborando, cuestionando, produciendo.

“Cada cual cree que no cambia y que cambian los demás…”[1],  decía el poeta Atahualpa Yupanqui. Valdría agregar: hasta que de repente un rayo misterioso desciende desde una nube y nos despierta abruptamente, poniéndonos al corriente de que las circunstancias han cambiado (léase: nosotros mismos). Un rayo que sacude la modorra de nuestros autoengaños y nos desvela para situarnos de cara a lo que ha sido una transformación. El tiempo no pasa solo, sino que al pasar el tiempo pasan muchas otras cosas con él. Y en este pasar va jugándose un verdadero pasaje, del que uno puede enterarse o hacerse el desentendido (non arrivé). Por su parte, este acto – el de la publicación de estas líneas bajo el concepto de un “libro” - tiene precisamente el carácter de ese rayo sacudidor. O, tal vez, más precisamente, el haberme confrontado con su posibilidad. Porque ahí el rayo se vuelve, entonces, pregunta. Pregunta como momento de decisión donde debe arriesgarse, o no, una jugada.

«¡De modo que realmente existe esa serpiente marina en la que nunca quisimos creer!»[2] De modo que existe. ¿Qué cosa? Diría esa posibilidad, la de ser partícipe del diálogo epocal con otros pensadores, interesados, “colegas”, en definitiva, con aquellos con quienes se comparte una comunidad en el interés (decir “en el deseo” sería demasiado. Sobre todo, demasiado histérico). Entonces, este acto de publicación no sólo aparecería como un modo de sancionar y resignificar un trabajo que ya se ha venido haciendo sino que además aparecería como una puerta de apertura al diálogo crítico y constructivo con otros. La publicación bajo el concepto de libro como instrumento de lazo social. Y también de potenciación y de apuesta. De apuesta por el psicoanálisis como - y por el – pensamiento crítico, vale dejarlo claro. Suena interesante y, en gran medida, es mi intención que esta sea la movida. Lo común sería caer en la trivialidad habitual en donde algún mengano escribe alguna trillada y archiconocida futilidad para que la letra quede muerta y haya consecuencias de repetición acrítica, puesto que nadie va a decir nada sobre lo que se produjo, puesto que ninguno va a tomarse el trabajo de problematizar lo dicho, de repreguntar, de reformular, de repensar. Pasa habitualmente, estimo, sobre todo con los “autores consagrados”, allí donde de lo que se trata es de consumir la novedosa mercancía que nos obsequian sin un mínimo de pausa crítica.

¿O sea que los escritores mismos tenemos una cuota importante de responsabilidad en esas consecuencias de achatamiento, de reiteración banal y recurrente? Recuerdo algo en el final de un número especial de la revista Sudestada, dedicado a J. L. Borges y R. Arlt, en donde se citaba a este último, quien decía:   

“La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases. Es el oficio, “el métier”. La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.”[3]  

Es muy dura su posición. Quizá no sea para tanto. Pero vale la pena traerlo a colación, para problematizar algo que puede pasar y que, de hecho, pasa. Esta introducción algo distendida en su discurrir, discúlpeme el lector, es parte del proceso mismo de hacerse la pregunta. ¿Cuál? La de si acaso publicar es un acto genuino – significativo - o un punto de alienación a una demanda epocal, muy instituida entre los psicoanalistas contemporáneos. Tal vez haya un nudo de contradicción insalvable en términos morales (del bien y el mal) y cuya superación esté dado únicamente por la introducción de una mirada ética sobre la acción misma. En ese sentido, si uno va alienarse para pujar por un acto de separación, es decir, si uno va a entrar en el espacio para interpelarlo realmente (“desde adentro”), entonces, bienvenida esa tensión y ese nudo. Porque ahí el asunto que se plantea es desde dónde intervenir y para qué (no si está bien o si está mal).

Recuerdo una frase de Lacan muy interesante y ligada a esto que vengo planteando:

“La comunicación desinteresada, en última instancia, no es sino un testimonio fallido, o sea, algo sobre lo cual todo el mundo está de acuerdo. Todos saben que ese es el ideal de la transmisión del conocimiento. Todo el pensar de la comunidad científica está basado en la posibilidad de una comunicación cuyo término se zanja en una experiencia respecto a la cual todo el mundo puede estar de acuerdo.”[4]

Si hay algo que puede pensarse como provocando el trabajo de este escribir es, siguiendo la lógica de la cita, el desacuerdo. El desacuerdo como un intento de ruptura con lo estatuido y el des-interés. Estar en desacuerdo como un modo de apostar por el estilo, genuino punto de referencia a la hora de pensar en la enunciación de un discurso cualquiera (o sea, de pensar si efectivamente alguien está diciendo algo o solamente está haciendo señas en busca de aprobación). Entonces, en cierta medida, aquel que haya obtenido este libro con la idea (tal vez inconfesada) de conseguir una sumatoria intrascendente de “monografías” pseudocientíficas (desinteresadas, eruditas, prolijas y armónicas) - francamente - perdió. Pero, ojo, no deja de ser una pérdida que quizá haya que poner a la cuenta de una eventual intervención para con la subjetividad del lector y que, dejo oír una esperanza, puede que devenga causa del interés de proseguir con su lectura (genitivos subjetivo y objetivo). Esto tampoco significa que quien hubo de adquirir el libro sin aquellas expectativas (tal vez inconfesadas), vaya a tener asegurada una ganancia. Es que todo plus nunca deja de ser a posteriori de una jugada. Porque no soy de los que creen que puede haber genuina producción sin algún esfuerzo, como más no sea el de la lectura. Y vaya esfuerzo si los hay.

Si tuviese que ser directo y claro, diré que la tesis central de este libro es que el pensamiento crítico constituye una verdadera «ética», entendiendo por tal, un estilo de vida aceptado y asumido como propio, tanto en sus beneficios y conquistas así como en sus contrariedades y derrotas.

Hablé de enunciación. Pues bien, ese es el punto de conexión que me parece válido para pensar en lo que podría darle cierto dejo de “unicidad” a este libro. Lo cual no quita que podamos preguntarnos libremente: ¿por qué un libro tendría que ser algo unificante, integrado, sensato, razonable, armónico? ¿Serán las pretensiones del ego y de la Razón? La razón encarcela la palabra y la vuelve impotente para llegar a su cúspide, el efecto de transmisión de un decir que desfallecería en una hiperracionalización significante. Lo cual no excluye tampoco que uno tenga que ser claro en ciertas ocasiones. De hecho, creo que en varias de las cosas que comparto a través de esta publicación lo soy. Pero hablando de la lógica que enlaza los diferentes trabajos agrupados, pienso directamente en una enunciación común. Lo cual no deja de quedar a criterio del lector, quien a fin de cuentas es el que va a sancionar si hubo o no alguien diciendo algo o meras gesticulaciones asemánticas. Tengo que aceptar, a pesar de mi renuencia a que algo quede incalculado, que se me escapan cuáles podrían ser las consecuencias de este acto de publicación.  

Retomo algo que se me ocurrió en esa ocasión: “Aquellos a quienes menos les importa el arte, quizá sean los propios artistas”. O sea, bajémoslo un poquito a todo esto. Que el psicoanálisis nos enseña que no estamos hechos de un alma celestial perfecta sino estructurados como un chiste, que nuestro espíritu está henchido de pasiones oscuras, triviales y absurdas y que nuestras miserias - esas que no queremos ver ni mostrar - nos singularizan hasta tal punto que el mejor camino termina siendo el aceptarlas, y reír. Del mismo modo, “Tal vez, aquellos a quienes menos les interesa la escritura no sean sino los propios escritores.” Y entonces, así, el libro cae de ese lugar pesado, sublime y divino en el que solemos ubicarlo para transformarse ahora en una simple y terrenal publicación de cierto volumen y seriedad (dije seriedad para no decir: rigurosidad) a cuyo través logramos realizar nuestro anhelo de expresar algo de lo que pensamos y de lo que sentimos, y de un modo muy personal. El libro como un espacio de posible encuentro entre dos subjetividades (no necesariamente unificantes) en donde se pellizcan, se acarician, se pelean, se interceptan, se sacuden, se seducen las ideas, los pensamientos, las sensaciones, los sentidos, los afectos, los deseos, el espíritu. El libro como publicación inquietante y viva, tanto más provocadora cuanto menos responda al criterio de tener que “satisfacer al cliente”. Al contrario, un libro que venga del psicoanálisis, debería saber decepcionar al “cliente”, es decir, saber dejarlo insatisfecho. Creo que estas líneas que me propuse agrupar, pueden ir tranquilamente en el sentido de ese promover alguna insatisfacción.

Pero el que primero aceptó que el libro tenía que jugar más en esa dirección que en la dirección de un complacer, fui, indefectiblemente, yo mismo. Yo mismo tuve que aceptar que, fuere como fuere, el producto final jamás iba a ser exactamente aquello que hubiese soñado. Entonces, estas Palabras iniciales, son un poco también la crónica de un duelo personal. Ahí hay, ciertamente, una degradación operatoria que es muy amiga de la lógica de una cura en tanto tal, donde se le falta un poco el respeto a las solemnidades admitidas, perdiéndose así las ilusiones sujetadoras. La pregunta que da título a la publicación, en absoluto es ajena a semejante movimiento, por cierto. Puesto que el pensar crítico necesariamente conlleva una exigencia de degradación, en el sentido de una terrenalización de lo cuestionado y también del cuestionador y de su instrumento mismo. Mas todo duelo no deja de ser, en su ambigüedad, un desafío. Y, como anticipo del desarrollo posterior, afirmo que el pensar crítico conlleva fuertemente esa vertiente del desafiar. Ante todo, del desafiar-se. El duelo no es la pérdida, sino su aceptación, el trabajo de asunción de esa falta. “Los hombres son dioses muertos, de un templo ya derrumbao”, decía nuevamente Don Ata. Templo ya derrumbado de los paraísos ideales, en donde se resquebraja la completitud de la sublimidad y en donde pueden emerger la hombría - y la femineidad -, como posición inédita para aquel andrógino ángel inmaculado, que yacía a la espera. El duelo es el desafío de aceptar que uno está presto a devenir. A devenir otro. Porque hay delgadas líneas que son harto delgadas, es cierto, finísimas como una línea de sal derramada sobre la mesa. Pero cuyo pasaje marca una transformación radical en la subjetividad que allí elige.

Un primer acto de publicación, representa para quien opta por escribir, un pasaje mutativo cuya verdadera (más nunca “última”) significación siempre está por verse en un futuro por venir. Pero no creo que esté demás poner al tanto al lector de lo que representa para mí – en este momento - compartir estas líneas que son de mi autoría. Y que son de mi autoría tanto más cuanto que, al publicarlas, más me autorizo de ellas en su circular, porque las suelto para que sean (y quizá regresen algunas vez, tan iguales y tan distintas, en el transitar de un boomerang que sacuda a un dueño desprevenido, taciturno y olvidado). No deja de ser parte del trabajo de uno mismo con su propia palabra todo esto y, en ese sentido, una parte del propio análisis. Publicar un libro, en este caso, además de ser la materialización de un sueño muy personal e intenso, va en la orientación de cuestionar a EL libro, como idea pesada y aplastante, henchida de moho, de polvillo, de saber, de superyó. Es una toma de posición frente a la severidad del pensamiento incondicional-demandante, por la vía del corte y en donde se pone a jugar la condición absoluta del ser-en-acto como desasimiento (cuestiones estas a desplegar en el libro, desde ya).

Quisiera insistir en un aspecto no subrayado con tanta firmeza y que tiene que ver con esto del corte, más precisamente en tanto que punto de capitón. Se trata también de un hacer justicia a toda una producción jugada efectivamente que viene desplegándose desde hace varios años y en donde, al ser encarada seriamente, se han provocado consecuencias de formación, de transmisión, de creación, de crecimiento verdaderas. Grupos de lectura sobre psicoanálisis y otros pensadores; interés por conversar y repreguntar sostenidamente sobre lo supuestamente obvio, promoviendo siempre la participación particular en miras de dar cabida a la emergencia de posiciones singulares; clases individuales o grupales sobre autores psicoanalíticos; atención clínica propiamente dicha; análisis personal; participación en una Cátedra universitaria; dedicación a la escritura de lo trabajado (cuya cúspide, hoy por hoy, pretende ser esta publicación, pero como un paso inicial), etc. Así, pues, en sintonía con la idea del duelo como aceptación de la pérdida, uno tiene que aprender a aceptar y a justipreciar lo efectivamente jugado y vivido, inclusive más allá de sus propios prejuicios y temores. Entonces, este publicar no sólo tiene un carácter prospectivo en el sentido de “lo que vendrá” junto a él, sino que tiene un profundo carácter de resignificación que da un peso muy especial a todo lo acontecido durante estos últimos años, en donde, para decirlo claramente, le estuve poniendo el cuerpo al psicoanálisis.

El autor
Buenos Aires, Febrero de 2014.



[1] “Guitarra dímelo tú”.
[2]  Freud, S. (1936); UNA PERTURBACIÓN DEL RECUERDO EN LA ACRÓPOLIS -1936(Carta abierta a Romain Rolland en ocasión de su septuagésimo aniversario). Sería la expresión de aquel que, paseándose por el Lago Ness de Escocia, de golpe se cruza con el cadáver del famoso monstruo.  
[3] Citado en Revista Sudestada (de colección) #9: Borges vs. Arlt.
[4] Lacan, J. (1955-56): “El Otro y la psicosis” en El Seminario, Libro 3, Las Psicosis. Paidós, Buenos Aires, 2007. Clase III. Punto 3. Pág. 60. 

lunes, 17 de abril de 2017

La importancia de no confundir la Psicología con el Psicoanálisis. No son lo mismo. Sabemos que la primera disciplina es un campo heteróclito de prácticas y teorías más o menos difuso al que Foucault intentó dar unidad situando al descubrimiento freudiano justamente como la superación unificante (¿un Michel hegeliano?) de las tensiones habidas. Pero hoy día, así como en su momento, los psicoanalistas rechazamos esa junción sin desconocer los enormes aportes que aquella le debe a nuestro Padre. También sabemos de las inigualables aportaciones freudianas a la Psiquiatría y no por eso nos consideramos insertos en ese grupillo.

Sería totalmente erróneo creer que por ir a la Facultad de Psicología, acercándonos un poquito a nuestros lares, dentro de lo que es la UBA, uno saldría con una formación analítica insustituible. De un modo lamentable, los notables siguen vendiendo esa versión, ofreciendo encima capacitaciones pos-graduales a través de las cuales se garantiza un ser-de-analista nefasto y mentiroso. La parodia de restitución del Otro sigue a la orden del día. Y no vaya a creerse que por fuera del ámbito PSI, las cosas estarían tan distintas puesto que sabemos en qué han devenido las Escuelas psicoanalíticas argentinas. Articulan una lógica semejante a la del mundo universitario.    


Nuestra propuesta no deja de ser la misma de todos estos años en los que venimos trabajando en el PSICOANÁLISIS. Primero, la radical trascendencia del análisis personal. Después vemos…   

miércoles, 1 de febrero de 2017

Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo




            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

1
Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.

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Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017













  








 











 


 



 





  


 


 



 
 Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo
            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

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Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.
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Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017