sábado, 23 de septiembre de 2017

Psicoanálisis y poesía: para pensar el Seminario



“Metáfora y padre comparten una misma fuerza de engendramiento. Es por ello que si la metáfora es ciertamente una operación que estructura el inconsciente como un lenguaje, el ejemplo de “Booz” nos hace concluir que lo estructura como un inconsciente poético. Es porque el inconsciente está estructurado como un inconsciente poético que es accesible a la interpretación y que el síntoma se define como el campo de lo interpretable.”
(PORGE, 2005, p. 78).

El espacio del SEMINARIO de “Poesía y psicoanálisis” que corresponde a la parte de extensión de la Universidad de La Matanza también responde a la vertiente de extensión del Psicoanálisis como praxis. Llegamos allí una cierta cantidad de desconocidos a los que nos convoca la propuesta en un primer movimiento de corrimiento respecto de los ´centros´ clásicos (o legitimados) de formación para analistas. Ya hay una toma de posición en el simple hecho de elegir asistir a algo diferente. La temática del corriente 2017 es El rechazo de lo femenino. Lo que sigue es un intento de capitonear, de puntuar lo que va siendo, vez a vez, a medida que transcurre esta cursada.

La metáfora del sujeto
Dice Lacan, en el texto que evocamos con el título de nuestro primer punto: “La metáfora es, radicalmente, el efecto de la sustitución de un significante por otro dentro de una cadena…”. Efecto de plus de significación que es también de producción subjetiva en el doble sentido de sujeto-producido así como de creación hecha por el sujeto. En esa anfibología insiste el psicoanálisis, impidiendo cualquier reapropiación narcisista de las ganancias simbólicas que le posibilita la palabra. El “del” debe ser entendido siguiendo ambos genitivos. En esta dirección, un poco más abajo, el maestro francés agrega: “Vale decir que la realidad más seria, y aun, para el hombre, la única seria, si se considera su papel en el sostenimiento de la metonimia de su deseo, sólo puede ser retenida en la metáfora.” Es decir, si bien no hay metáfora sin metonimia – como solemos decir -, tampoco hay deseo sostenido sin almohadillado. ¿Será por esto que J. Lacan afirma que “el deseo es su interpretación”? Es un modo de pensarlo.

Pensamiento crítico
Pensar críticamente conlleva ir, en mis propios términos, desde la stultitia que Foucault rescata de Séneca hacia el desasimiento del que uno puede encontrar rasgos, cuando menos, en las obras de Nietzsche, Freud y J. Lacan. Cada uno a su manera, introduce esta noción de caída, de ocaso, de desprendimiento o separación como algo a fomentar, a causar, a promover, a facilitar o favorecer. Y la propuesta que coordinan Juan y Eleonora va claramente en ese sentido. No se trata de un ámbito atravesado por la lógica del discurso universitario, donde el que “sabe” es UNO y los demás acatan, repiten, memorizan... estudian. No. Hace a la extensión del psicoanálisis y a la circulación del decir poético, porque ambos son poetas y psicoanalistas – y eso se nota en el estilo de transmisión. El estilo, que atañe al objeto a, es suplemento del deseo [PORGE, op. cit.]. O sea: no su ´complemento´, mitad perdida que en tanto neuróticos persistimos en encontrar.

Discurso matemático
Como se ve, el discurso psicoanalítico pondera la dimensión retórica del lenguaje. Su función poética y no referencial. El Yo [Je] analítico nace, así, del lugar de una escucha – gran Otro – siendo este un sitio disímil al de los meros enunciados. Porque el yo (moi) ostenta el dominio de los dichos, pero – Spaltung freudiana mediante – el sujeto, es esclavo del decir (que ya involucra el piso superior del grafo, esto es, un Otro barrado). Escuchar en psicoanálisis es estar abierto al poder de agujero que implica este inconsciente estructurado como un lenguaje poético. Vacío que remite a un ex-sistencia a la que llamamos enunciación. Si los efectos retóricos se extienden a toda significación eso no necesariamente implica que siempre sean metafóricos, por un lado (piénsese en las psicosis), y, por otro, que no se detengan en el decir de las matemáticas, allí donde Jacques Lacan vio un límite a la significación indefinida, por no significar nada. Ningún azar existe, allende la determinación del lenguaje, ya sea como tyche o automatón; como contingencia o necesidad.

Repudiar la castración
Una analizante de veintiséis años, en análisis conmigo hace más de uno, me cuenta su sensación al regresar del Encuentro Regional de Mujeres. Se dio que oyó a una “trans no-binaria” dando cátedra respecto del ser sexual. Ella (o él), estaba muy segur@ de quien era, puesto que había de-construido su “identidad impuesta” para rearmar ´libremente´ su verdadero ser. Si esto no es lo más anti-foucaultiano que hay, que nos digan qué. Por el contrario, esta joven paciente de orientación homosexual, observaba en sí misma la dimensión de la pregunta, la falta de saber, cierta dimensión de incertidumbre respecto de su posición sexuada más que una certidumbre absoluta, cerrada, incuestionable. La época, por diversos frentes, rechaza el interrogante, el carácter electivo inconsciente, las fórmulas de la sexuación. Clausura con significados patriarcales o anti-patriarcales, machistas o feministas, etc., desconociendo nuestro campo de acción que no es ideológico o sociocultural, sino clínico y de estructura. Pero no hay clínica sin lo político.

La Política/ Lo político
Para finalizar, la importancia de no confundir ambos términos. Ser psicoanalista (entre comillas SER) lleva la implicancia de la abstinencia más no la de neutralidad entendida como objetividad científica. Hay un deseo de psicoanalizar, una búsqueda de la verdad y un no-retroceder ante lo real que suponen el goce, la angustia y la castración. Lo político es lo femenino en tanto No/todo.

Buenos Aires, Septiembre de 2017

viernes, 22 de septiembre de 2017

¿Un psicoanalisis decolonial?

 La clínica psicoanalítica en los confines del Siglo XXI

“El sujeto cartesiano y el sujeto hegeliano están, hoy, más centrados que nunca. Nadie descentró al sujeto. Nadie lo adelgazó. Nadie lo deconstruyó. El sujeto absoluto es hoy el Sujeto del Poder Bélico Comunicacional. (Así: con mayúsculas fascistas, porque es de derecha y colonialista).”

(José Pablo Feinmann, Crítica del neoliberalismo)


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El Psicoanálisis emerge en función de una práctica. Es inseparable de su experiencia; la freudiana, vinculada tempranamente a la subjetividad histérica. Allende cualquier contingencia histórica que nos podría llevar a hablar de “la psicología del fundador”, lo que se abre a partir de sus investigaciones (porque también Freud lo define tempranamente como un método de investigación) y postulados teóricos es un continente desconocido y que es LO INSCONSCIENTE. Podemos sostener sobre Freud esto o lo otro (falocéntrico, patriarcal, sustancialista, cocainómano, etc.), pero lo que no podemos refutar – sin retroceder, cuando menos, un siglo ipso facto – es su descubrimiento. En todo caso, si es que se quiere decir sobre el padre creador, no podrá irse mucho más lejos respecto de su posición altamente comprometida con - y crítica de - la Cultura contemporánea. Tal vez pesimista, quizá un poco conservadora, pero no caben dudas que Sigmund fue un sujeto causado por el amor a la verdad. Un Nietzsche, un Marx o un Foucault. Detrás de su “espíritu científico”, hay un no-ceder a las pretensiones positivistas de su época, por estar atravesado por ese rayo del deseo que siempre exige ensanchar los límites de lo posible. Creyó que había más que un Yo/conciente y dispuso todo su potencial intelectual y humano para demostrar, no sólo la presencia de una “sombra” ignota en nuestra psique, sino también por desarrollar a partir de esa idea o hipótesis, una verdadera terapéutica del padecer humano existencial. El inconsciente es la causa - y la solución - de la neurosis. Y somos neuróticos, en tanto modernos. La modernidad es la etapa humana de la ´nerviosidad´ generalizada. Veamos.

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Sería realmente atropellado, pretensioso y delirante querer resumir en unos pocos párrafos QUÉ ES LA MODERNIDAD. Sin embargo, trataremos de desplegar algunas cuestiones esenciales que nos permitan decir algo en este sentido. La modernidad es el momento histórico donde se erige y entrona definitivamente al Sujeto, en tanto separado del Objeto, claramente.   Pero, ¿de qué sujeto se trata? Del sujeto europeo absoluto, Amo colonizador y conquistador que no sólo domina económica, política y militarmente, sino además a través de la imposición de una cosmovisión euro-centrada. La colonización es, ante todo, espiritual, se coloniza a través de las Ideas, de los ideales; en nuestros términos, del discurso y el significante. Entonces, se trata del sujeto cartesiano, hegeliano. Los indios no tienen alma (psique), nosotros se la daremos, a través por ejemplo de la Religión la cual, si bien cede su primacía medieval, no obstante no desaparece. Pero lo esencial de esta etapa es la entronización de la Razón.

Sin “descubrimiento de América” no hubiera habido Revolución industrial, es sabido. Tampoco sin la piratería inglesa que saqueaba a los galeones españoles que llevaron adelante la expropiación ultrajadora. Allí nace el capitalismo, como lógica económica acumulativo-expansiva. El liberalismo (sistema político) vendrá un tiempo – dos o tres siglos - después. Pero viene a darle un reaseguro clave, es decir, a complementar el “plan perfecto” de Dominación Global, imperial, totalizante. El capitalismo de producción y liberal. Entonces, retornando un poco a lo nuestro, ubicarse en esa época es pensar la constitución de una ontología fuerte gracias a la articulación de diferentes aristas. El Renacimiento, es el renacimiento de la fe en el Hombre, es el retorno a la Grecia de Sócrates y Platón. La ratio resurge gracias a pensadores que vuelven a edificar una noción de ser humano como dueño del Planeta, como señor de la Tierra, por encima de los otros seres vivos y además, no hay que olvidarse, superior a otras razas humanas. Porque es el Soberano Hombre Blanco europeo el que impone su voluntad de poder. Rey de la técnica, de las artes, de la religión, de las ideas filosóficas. Colonialidad y modernidad son dos caras de la misma moneda. La pluma y la espada, también.
Ahora bien, la Revolución francesa (1789) que supuso el levantamiento definitivo del Burgués por sobre el antiguo feudo, es el marco exacto de figuración societal que da luz al síntoma tal como lo piensan el marxismo y el psicoanálisis. El síntoma es precisamente lo que cuestiona, entre otros Ideales que emergen en esa época (libertad, igualdad, fraternidad), la idea de FELICIDAD como bienestar no sólo individual sino, ante todo, colectivo: la felicidad ha devenido factor de la política, señalará Jacques Lacan recordando a Saint-Just. Marx ubicará que, sin embargo, esa nueva idea de “felicidad para todos” encubre el goce privativo de quienes detentan el poder, los recursos y los medios de producción. Es para todos… los incluidos por el nuevo régimen o clase social llamada burguesía. Con respecto al freudismo, dice Esperanza Molleda Fernandez [Felicidad y psicoanálisis, en www.letraslacanianas.com]: “La invención freudiana del psicoanálisis se produce en este mismo caldo de cultivo, Freud no duda en sostener la idea benthamiana de felicidad “buscar el placer y evitar el displacer” proponiendo el psicoanálisis como una terapéutica científica. Pero la particular posición de Freud de no retroceder ante lo que encontraba en su práctica hizo del psicoanálisis una propuesta divergente del orden establecido.” Economía y sexualidad en tanto determinantes duros de la subjetividad pero generadores a su vez de una falsa conciencia, de una escisión, de una hendidura en el sujeto. Por su parte, el nietzscheanismo martillará contra el platonismo para el pueblo del Cristianismo y toda su pompa quimérica basada en un “más allá” que tanta fuerza le dio a la idea de un Dios, ahora muerto. Tenemos, así, la modernidad y su crítica misma. En palabras de Foucault, estos tres pensadores o ´maestros de la sospecha´ – Freud, Marx y Nietzsche - lo que hacen es prestarle atención a la autonomía del Lenguaje (al Otro) por sobre esa supuesta sustancia que se creía su agente (no hay fetichismo sin significante, el inconsciente es lenguaje, Dios es una ilusión efecto del discurso). Cambian, dice él, la naturaleza del signo. Y esto introduce, dirá Lacan, un nuevo sujeto, una nueva subjetividad que implica SUBVERSIÓN. Para este último pensador, Freud es el inventor de la lingüística moderna. No deja obviamente de tomar a De Saussure y a Jakobson. Pero ve en el analista vienés un adelantado. Pasamos a reducir, entrados en el Siglo XX, todo el poder del SUJETO TOTAL soberano y dueño de sí, a un poder específico, basado en la esfera del lenguaje, del discurso, de “la estructura”. El poder o la omnipotencia son del Otro. Hay una fetichización de la estructura del lenguaje (que deviene mera retórica, al desentenderse de su referente) así como de la mercancía, ambos síntomas efecto de una lógica que prioriza lo racional sobre lo pasional, la mente sobre el cuerpo, el pensamiento sobre el sentimiento. Por eso a nuestro entender, esos 3 autores representan al mismo tiempo la cúspide y la crisis de la modernidad clásica, son el puente-pasaje a Otra lógica, porque son fundamentalmente críticos con ella. Ahí hay un descentramiento radical, una deconstrucción que tanto Foucault como Lacan, Derrida o Deleuze, entre muchos otros, no podrán evitar redoblar, ellos sí mucho más enfocados en el LENGUAJE pero de un modo directo y explícito. No estaremos de acuerdo con el filósofo argentino de la cita que opera como epígrafe, pero tampoco tan en desacuerdo, no obstante. Se trata de matizar porque su idea, para los tiempos que corren, puede resultarnos operativa.


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Posmodernidad. Pasaron las dos grandes guerras, el hombre llegó a la Luna, cayó el muro de Berlín… ¿qué más? Muchas cosas. La posmodernidad según Lyotard implicó el derrumbamiento de 5 grandes relatos que operaron fuertemente antes: el relato cristiano, el hegeliano, el marxista, el capitalista y el del iluminismo. Según Feinmann a pesar de que se dio lugar a una etapa de micro-relatos, el Sujeto Soberano retornó, como fascista, de derecha, con un poder militar comunicacional radical. Claro: vivimos en la era de la hipercomunicación. Las redes del Amo son muchísimo más astutas que antes. Son potentes, masivas, destructivas a un nivel exponencial. Trump sería un gran ejemplo de esta nueva Bestia Americana. Pero en Corea del Norte tampoco se quedan atrás, ni los fundamentalistas de Medio Oriente. Es decir, surgen grandes relatores que son verdaderos monstruos polarizantes del Ser. O bien, surge un relato Amo que forcluye lo que después retorna desde lo real.

Sin embargo, lo interesante de sostener desde el psicoanálisis – y por eso nos diferenciamos de la filosofía, pese a apoyarnos en ella – es que ese Otro, y esto ningún misil transoceánico lo refuta sino al contrario da fe de su goce-castración, está barrado. El avance de estos totalitarismo, en algunos casos, “elegidos por la gente” (¡valga la contradicción!) no da cuenta de un Otro omnímodo, total, pleno, cerrado. Eso no se constata y es el punto de fuga que nos da esperanzas para actuar, cada cual desde su rincón, en función del pensamiento crítico. Porque el psicoanálisis es un motor generador de PC. No es meramente una herramienta burguesa de accionar liberador en el sentido casi confesionario del término. Es mucho más; tiene una incidencia política fuerte. Es movilizante, socialmente provocador porque enfatiza la toma de la palabra crítica por sobre el achatamiento del acatamiento conformista. Sin ser idealista, es un campo de resistencia serio que al Sistema le hace ´ole´ en tanto este no es un aparato (el cual según Bourdieu implicaría un verticalismo unidireccional letal). De allí la importancia de no desprestigiar nuestra clínica pretendiendo reducirla a un mero aplicacionismo psicopatológico. Hay que insistir: tampoco el PSA es una cosmovisión o un Gran Relato que teleológicamente apuntaría a la emancipación o liberación psíquica de la humanidad entera. Ahí se filtran peligrosamente las reminiscencias colonialistas de siempre. No hay que olvidar que el psicoanálisis tiene un origen europeo, moderno, liberal, capitalista y burgués – aunque nazca y se desarrolle en su etapa crítica de mudanza a una supuesta posmodernidad o modernidad tardía, o modernidad comunicacional. No se trata de renegar del origen sino de reconocer que eso tiene incidencias en el desarrollo de la disciplina puesto que cada tanto retorna el goce del HOMBRE DEL SABER inmiscuido en esta nuestra praxis pos-moderna, pos-colonial, pos-cartesiana, pos-hegeliana-, pos-cristiana. Antifilosófica. Subversiva. La pregunta clave es: ¿cómo? Y, en este sentido, ¿es casual que en América latina el Psicoanálisis tenga que pasar por la Universidad para ser bien recibido? Las Facultades, precisamente, conservatorios de entes momificados o “conceptos” totalmente en desuso y neutralizados por la formolización misma que supone la dinámica universitaria. Quienes atravesamos ese espacio, sabemos muy bien el acartonamiento y la lógica de laboratorio que prima en las aulas y en los claustros académicos (claustro-fobia o terror al Saber). La carencia dominante de análisis, de pensamiento crítico y de calle, experiencia de vida, deseo, falta, castración, sexualidad. Lo que debemos priorizar los psicoanalistas latinoamericanos no es la posibilidad de hacer un Master en París VIII, siguiendo con la brutal estupidez de la modernización/colonización mental, sino por el contrario, nutrirnos de nuestro suelo e historia, inmiscuirnos en nuestra lalengua singular, oyendo a nuestra gente, escuchando a nuestro pueblo. Necesitamos suplementar nuestra formación de base y no algo que – fálicamente – la complemente (ilusoria y fantasmáticamente). Qué es lo femenino acá, por ejemplo, en este conurbano bonaerense, cómo se articula a la subjetividad específica de este contexto haciéndose texto en la inhibición, el síntoma o la angustia específica de cada barrio. No es nostalgia por vaya saberse qué relativismo cultural. Es abandonar las pretensiones de la existencia de UN lenguaje o metalenguaje capaz de abarcarlo todo de un solo trazo. De un Discurso omnisapiente Total que reproduzca justamente lo que se supone que debe transmitir en tanto inexistente. Llámeselo Otro del Otro, Saber Absoluto o como dice Feinmann, sujeto del poder bélico comunicacional. Está en nuestras manos articular su falta estructural o ser siervos de la reproducción de su esencia, como más no sea en términos de una repetición insistente de significados que cierran la producción de subjetividad en lugar de abrirla para que emerja renovada, no calculada e impensada.

Buenos Aires, Septiembre de 2017
 

jueves, 21 de septiembre de 2017

“Cine y psicoanálisis: la materialidad (eficacia) del significante”


Por Luis F. Langelotti


“El espectáculo cinematográfico tiene mucho que ver con el fantasma, un espacio totalmente imaginario.”
                     
(Francisco Javier Gómez Tarín)
Introducción

Estas breves líneas pretenden situar algunos puntos de articulación entre el CINE y el PSICOANÁLISIS. Quien escribe es psicoanalista, por lo cual se sobreentiende que la visión respecto de aquella disciplina estará “sesgada” en función de los intereses de este nuestro molino, para el que traeremos un poco de agua fresca.

La concepción cinéfila de André Bazin

En su ya clásico ¿Qué es el cine? (BAZIN, 2008) encontramos algunas definiciones interesantes respecto de cómo entender el surgimiento del Séptimo Arte. En su primer artículo de dicha obra, un breve ensayo sobre la “ontología de la imagen fotográfica”, el autor francés comienza ni más ni menos que haciendo una apreciación humorística acerca del psicoanálisis de las artes plásticas diciendo que tal investigación llevaría a encontrar, en su génesis, el Complejo de la momia. De ese modo, realiza un comentario respecto del tratamiento egipcio del cuerpo finado donde a través de su conservación se entendía que era posible luchar contra la parca, la cual no es sino “la victoria del tiempo.” Exorcizar el tiempo – que no es esculpir en él, según la propuesta de Tarkovski –, “salvar al ser por las apariencias”, llevaba a los creyentes de esa antigua fe, a adornar el cadáver de estatuillas que pudieran servir en caso de que, en efecto, el cuerpo definitivamente desapareciera por su propia descomposición. Sin embargo, esa función mágica hallada en el origen de la pintura o el trabajo sobre arcilla, con la evolución de la Civilización, cae. Ahora se tratará de preservar la pérdida de “lo real”, demostrándose el valor psicológico de la acción artística, de una segunda muerte: del olvido espiritual. No se pretende ninguna identidad ontológica entre el modelo y el retrato (entre la cosa y su representación), sino que se busca satisfacer la exigencia anímica de semejanza, o de ´realismo´. En este punto, dirá Bazin, se produce una escisión, una división entre – por un lado - el placer estético del fenómeno pictórico y, por otro, esa pretensión psíquica de realidad. A esta última vendrá a responder perfectamente la imagen fotográfica, puesto que según él tendrá la capacidad de satisfacer esa obsesión humana por “una reproducción mecánica de la que el hombre queda excluido”. Y, más abajo, agrega: “La originalidad de la fotografía con relación a la pintura reside (…) en su esencial objetividad.” Además, “la fotografía no crea – como el arte – la eternidad, sino que embalsama el tiempo; se limita a sustraerlo de su corrupción.” De esta manera, llegamos a su definición del Cine, tal como lo concibe en función de estos desarrollos precedentes. En tanto coligado a la mecánica de la fotografía, el cine aparece como la realización en el tiempo de su capacidad objetiva. Ahora, la representación de la cosa equivale a un respeto por su duración temporal, verdadera “momificación del cambio” según la concepción - a todas luces hegeliana - de este crítico de cine. Hasta aquí, un sucinto desarrollo del discurso del pensador, que preferimos suspender para ir por una primera conexión con la clínica psicoanalítica no sin antes destacar cómo cierra ese primer ensayo del libro mencionado: “Por otra parte, el cine es un lenguaje.”

El nacimiento de la tragedia… psicoanalítica

1895 es la fecha que da Lacan, y nosotros con él, para ubicar el origen del psicoanálisis (si bien es cierto que existen textos previos que pueden incluirse en este campo teórico). No obstante, es sin más el mismo año que dio origen al CINE. Esto nos da un elemento curioso que habrá que saber interpretar. Por el momento, lo dejamos como algo enigmático. Yendo al terreno freudiano, para esa época Freud escribe su Proyecto de una psicología para neurólogos además de las Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa, que es del año siguiente. Por su parte, La interpretación de los sueños tendrá que esperar unos 5 años más para su publicación (aunque es de 1899). Estamos en el final del Siglo XIX e inicio del XX. Muere Nietzsche (1900), y un año después nace Jacques Lacan (1901), ese excéntrico psiquiatra francés que revolucionará el legado freudiano de manera radical. No será sin sus aportaciones que abordaremos lo que aquí nos convoca. Sin embargo, aquí resulta muy importante una aclaración: no vamos a desarrollar en este artículo un saber escolar acerca de “qué es el psicoanálisis”. Los lectores pueden ir donde la Erudición hace su Agosto, esto es, a los lugares sabidos (ya sean Cursos, Libros, Seminarios, etc.). Acá vamos a pensar críticamente el cine, tomando fragmentos del corpus analítico que den cuenta de su originalidad y eficiencia metodológica para leer cualquier producción cultural. Por el momento, el cine en sí mismo (su origen, parte de su desarrollo); luego, películas de quien ya dijimos.
 
Una primera y rápida aproximación a las líneas de André Bazin desde la óptica psicoanalítica, nos lleva a recordar el Capítulo VII de la Traumdeutung. Dice el maestro vienés allí: “Entre todas las observaciones que sobre la teoría de los sueños nos ofrecen las obras de los autores ajenos al psicoanálisis hallamos una muy digna de atención. En su obra Psicofísica (…) incluye el gran G. Th. Fechner la hipótesis de que la escena en la que los sueños se desarrollan es distinta de aquella en la que se desenvuelve la vida de representación despierta… La idea que así se nos ofrece es la de una localidad psíquica.” Se trata de la idea de otra ESCENA. Un poco más luego, menciona la posibilidad de pensar en un aparato fotográfico compuesto por instancias a las que él denominará Sistemas; percepción-conciencia/ preconsciente/ inconsciente. La memoria simbólica para Freud es propiamente lo inconsciente, efecto de una represión primaria fundante del psiquismo mismo que además es equivalente a la pérdida del Objeto, de “la Cosa” [das Ding] en sí. La mente freudiana está “PARTIDA A LA MITAD” o en varias mitades, de hecho. No hay una concepción monolítica del sujeto, para nada. La conciencia no es más que la punta del iceberg de un trasfondo mucho más ingente y determinante de nuestras acciones y pensares. El yo no es dueño en su propia casa, herida narcisista letal que se articula a otras dos: el heliocentrismo copernicano y la evolución darwiniana. Lo interesante de destacar, en este punto, es que Freud está pensando al propio psiquismo… ¡como una cámara de fotos! Que, justamente, toma impresiones de un modo “realista” y “objetivo”, y que las acumula en otro sector de su propio continente. ¿No vivimos acaso tomando información, datos, estímulos de lo real para, procesamiento mediante, descartar lo que nos resulta inútil y rescatar lo que creemos conveniente? En términos del psicoanálisis, lo primero es lo displacentero mientras que lo segundo va constituyendo un ego de placer puro basado en la exclusión o defensa frente a eso Otro, que posteriormente será el ello. Al inicio de su teoría, es lo reprimido. Lo desagradable, inconciliable, intolerable. Lo sexual en tanto no se corresponde con ningún orden de armonía vital homeostática. Pero, también, la muerte (Véase: Psicopatología de la vida cotidiana; el olvido del nombre Signorelli, el pintor de los frescos de Orvieto).

Articulación

Por otro lado, respecto de la necesidad psicológica de realidad en el cineasta francés, quien introduce la edición española del libro de Bazin, Francisco Zurián y Hernández, nos aclara: “Se trata de un realismo del espacio que tiene menos que ver con la exactitud de la reproducción que con su origen, cuando el hombre borra la diferencia que existe entre la fotografía y su objeto. Es el espacio que muestra la “huella” o los “trazos” que la realidad deja en el celuloide.” Excelente definición que nos da que pensar. Es aquí donde la relectura lacaniana de las formulaciones freudianas adquiere una relevancia sin precedentes. Se trata de lo simbólico. Nada que ver con un realismo puro, inefable, supuestamente pasible de ser vivido por el sujeto psíquico. Para decirlo todo, ese supuesto real o captación objetiva de la realidad recae sobre una realidad que ya es ficcional, construida, fantasmática, entretejida por los significantes en la que estamos insertos inclusive antes de adquirir existencia biológica puesto que lo simbólico nos antecede y atraviesa (noción de sujeto-sujetado).En definitiva, para el psicoanálisis, todos tenemos nuestra propia ventana al mundo, nadie es Dios como para poder apreciar LO REAL EN TANTO TAL, ni siquiera la Filosofía accede a tal cosa, aunque siempre sea ese su Ideal. En la concepción “baziniana”, empero, el origen del Cine es precisamente “el mito del realismo integral, de una recreación del mundo a su imagen” y si hay una justificación del placer radical que nos aporta este bello arte es a causa de que reproduce lo que Freud ubica como lógica del principio de placer en tanto identidad de percepción vía la alucinación desiderativa. Necesidad de recrear una “imagen sobre la que no pesaría la hipoteca de la libertad de interpretación del artista ni la irreversibilidad del tiempo.” Si hay un atisbo de platonismo muy fuerte es porque, de hecho, y a todas voces, André Bazin declara que, según su concepción, el CINE es un fenómeno puramente ideal cuyo nacimiento no dependió de ningún avance científico ni industrial en el sentido sociológico del término. Su mito de origen es la ilusión de poder representar lo real en su totalidad. Esa es la búsqueda también del sujeto para el psicoanálisis pero, insistamos, se trata de un sujeto YA atravesado por el lenguaje, que pretende reencontrarse con un objeto perdido pero que sólo reencuentra su huella mnémica, su trazo, su copia infiel. La concepción de Bazin se torna genial y sublime si la incorporamos en esta topología freudo-lacaniana donde el espacio en juego es el del significante. De ese modo, el crítico cinematográfico del siglo pasado, deja de ser un simple idealista burgués (como se ha dicho de él).

Agreguemos unas ideas más a este respecto. Hegelianamente, el concepto es el tiempo de la cosa; lacaniamente, la palabra, su muerte. La cosa desaparece por el significante pero puede subsistir como significado, sólo que es un sentido siempre deslizado, nunca definitivo. De allí la posibilidad de interpretación, noción fundamental en el campo del Arte y del Psicoanálisis, aunque en cada campo tenga su acepción especial. No obstante, si el mundo humano es el de una incesante metonimia que traslada, que desplaza “el acento psíquico” permanentemente, esto es así hasta que llega la metáfora. O sea, la puntuación. Si el cine pretende, según André Bazin, infinitamente reproducir la realidad entera como una suerte de OJO supremo supra-humano (a fin de cuentas), no le quedará sin embargo más que el perspectivismo (palabra de raigambre nietzscheana).

BIBLIOGRAFÍA:

Bazin, André (1958): ¿Qué es el cine?, Ed. RIALP, Madrir, 2008.
Freud, S. (1900): “La interpretación de los sueños” en Obras completas, Biblioteca Nueva, 1968.
Lacan, J.; “Función y campo de la palabra y del lenguaje” en Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2007.    

lunes, 11 de septiembre de 2017

El psicoanálisis, crítico


Otra vez aparece alguien que nos va a venir a hablar de un psicoanálisis más implicado, crítico, polémico, social, colectivo… Cada tanto retornan los molestos, los inconformes, los intempestivos. Pero, ¿será mera rebeldía sin causa o con causa? ¿Es casualidad o causalidad? ¿Por qué algunos sentimos la necesidad de contestar, de pronunciarnos, de plantear las cuestiones que creemos que no se plantean? Quizá, justamente, por eso. Porque es evidente que se saltean. Es claro que se invisibilizan. Como si hubiera una suerte de pacto de silencio entre algunos psicoanalistas mismos, donde poniendo el foco en la cosa puramente clínica o teórica acerca del sujeto, se dejan de lado otros atravesamientos que hacen a la subjetividad. Lo histórico, lo económico, lo político.
Hay un nivel de afectación que recae sobre el analista mismo en tanto subjetividad y no vengan con que eso no incide en la escucha. Obviamente, se trata de analizarlo por la vía que corresponde, a saber, como parte de la realidad psíquica, anudado al fantasma individual. Pero yo insistiría en que hay una parte de ese imaginario que es simbólico y que no sólo está referido a los significantes del origen subjetivo, sino que se articulan – como lo demuestra el análisis de la neurosis o de las psicosis mismas – con los signos epocales, así como con las lógicas específicas del momento en que estamos. Lógicas simbólicas, a fin de cuentas, como lo son el capitalismo, la religión, la tecno-ciencia. Cada coyuntura histórica tiene su locura, su síntoma, su modo de gozar y los medios específicos para lograrlo. Si el sujeto es lo que un significante representa para otro significante, vamos a decir que el S2 de la fórmula convierte al sujeto-sujetado en sujeto-subjetividad, porque es de la realidad discursiva epocal de lo que allí se trata, a saber, del Complejo de Castración como operatoria del nombre del padre, carretera principal hacia el tiempo histórico real y presente, y que marca una hiancia entre las generaciones. Un corte. Inclusión en la función de la palabra.
La época demanda un individuo proactivo, capaz de disociarse en múltiples yoes para rendir más, esto es, para dar en la talla de la eficiencia y eficacia esperables para alguien de su sexo, edad, etnia, condición social. Los ideales de reconocimiento, de éxito real o virtual, están a la orden del día y el narcisismo global ha copado hasta la parada política, por ejemplo, puesto que allí también la imagen parecería estar diciendo más que mil palabras, obviamente, vacías. No es en vano destacar el impacto de la televisación e internetización (“viralización”) de todo, que nunca es Todo puesto que es lo que debe verse. Pero, ¿qué sucede con el resto? Eso no tiene mucha difusión, ni cabida, es lo que va quedando paso a paso por fuera de la trama pero que, sabemos, retorna. Y tanto más fieramente cuanto que menos se quiso saber de eso. Lo mismo sucede con aquellos sujetos que no cuajan con el imperativo mercantil epocal. Que no están a la altura de lo que se espera en una subjetividad neoliberal. Esto claramente dificulta la separación intergeneracional, al confundirse el Mundo con el Mercado, el acceso se hace cada vez menos fácil para los jóvenes lo cual opera como empuje a lo incestuoso. Ni el capitalismo estatal, ni el capitalismo empresarial ponían una distancia tan abismal entre el adentro y el afuera, entre la “casa” y el “trabajo” como hoy en día. Porque la dinámica mercantil es cuántica, impredecible, biónica, mucho más pulsional y, por eso, en algún punto horrorosa puesto que muestra una dimensión de goce desconocida.  
¿Hay, hoy por hoy, un grupo, alguien o algunos que, dentro del campo analítico, vayan muy – quizá demasiado – en sintonía con toda esta propuesta de alienación contemporánea? Es decir, personajes, o como se dice en otros ámbitos, “personalidades”, Espacios, a fin de cuentas, nichos de goce débil mental… ¡Puf! Por momentos, abundan. Como si estuviéramos en la época del Circo-análisis donde se abusa mucho del concepto de semblante. Diríamos que hasta se semblantea que se semblantea. Mucha pompa de calaña aristocrática pero muy plebeya, pese a la falsedad de su conciencia mortificada. Pseudo-intelectualidad al servicio de nada, puesto que prima exclusivamente el puro intereses personal – como si no hubiera conexión alguna con una instancia superior, más simbólica, menos superficial. Esto no quita que no se esté planteando un gran Ideal. ¿De dónde esa necesidad de sostener un Otro? La única necesidad de la que habló Freud, fue la de castigo. ¿Será una reproducción del masoquismo social o malestar en la Cultura? Habría que hablar del malestar en el psicoanálisis, por qué no. Los psicoanalistas somos culpables de permitir que ciertos imbéciles nos digan qué es lo correcto, lo incorrecto, qué pensar, qué decir. Ni siquiera sabemos si están analizados pero, sin embargo, les creemos, los “seguimos”, leemos sus notas, compramos sus libros, pagamos por sus Seminarios y hasta somos capaces de analizarnos con alguno de estos impresentables. En definitiva, sostenemos un mercado psicoanalítico soez contra el que, al menos, deberíamos estar un poco más advertidos.
Es fenomenal el modo en que nos auto-objetivamos, por no detenernos a reflexionar. Nos privamos o imposibilitamos de la chance de tomar la palabra, de pensar críticamente por nuestra cuenta, de abrir sentidos, de realizar nuevas y más incómodas preguntas. En definitiva, por la culpa – que no es la falta sino su revés gozoso - no salimos de lo mismo y compulsivamente nos exponemos a que nos gasten pacatos moralistas, prolijos y obsecuentes que no pueden ni con sus propias vidas o histéricas desencadenadas que aplican el goce fálico – en la vertiente del poder, por ejemplo - viendo al Amo en todas partes (y en ninguna). Por último, perversos psicopáticos que gozan de la angustia del otro tratando de reducir a la impotencia cualquier gesto de contradicción a sus directivas hegemónicas.
Pero no, muchachos, el psicoanálisis va a seguir su ruta, su camino, pese a que ustedes no estén más, pese a que lo hayan succionado, ultrajado, manipulado, tergiversado. O sea, más allá de que se hayan valido de él para obtener ascensos mediáticos, políticos o económicos. Por suerte, la palabra de Freud y de Lacan siguen estando allí, a veces más vejada a veces menos, pero siempre viva. Y hay otros, vale la pena decirlo, que justamente no son los que se presentan y/o posicionan como la exposición del Saber en la Tierra, si no que accionan, trabajan, hacen clínica, piensan de verdad puesto que se la juegan desde un lugar menos cómodo, en el día a día de la escucha sufriente del analizante que demanda. Gracias a esos, y al inconsciente freudiano yo creo que sigue en pie la esperanza subversiva del psicoanálisis. Es decir, no por erigir palacios cada vez más opulentos u ostentosos, ediciones de mejor calidad, por hacer aparecer el nombre propio en cualquier lado oportunistamente, si no por lo que va atento al resto, siguiendo el silente transitar de la razón freudiana, que nunca transó con la hipocresía societal sino todo lo contrario; es lo que ayudó a denunciarla.
Finalizando, nada de “psicoanálisis crítico”. El psicoanálisis, crítico… más bien.

Buenos Aires, Septiembre de 2017.


 




 




 








   

viernes, 1 de septiembre de 2017

¿La derecha lacaniana?



“En cuanto al intento de pensar a Lacan como un pensador de izquierdas, estaríamos ante un ejercicio vano. Sobran razones a lo largo de su enseñanza que desmienten esa posición. Pero esto no lo vuelve un pensador de Derecha. En nuestra posición, lo consideramos uno de los pensadores más decisivos para dar cuenta de los impasses de la izquierda.”
(Jorge Alemán, Soledad: Común. Políticas en Lacan).
En el presente trabajo, me abocaré a reflexionar respecto del eje temático convocante. No obstante, lo que sigue no pretenderá ser un recorrido descriptivo sobre el ´estado del arte´ en la materia, sino un aporte, desde un qué-decir que introduzca algunos interrogantes en lo ya dicho además de extraer consecuencias a partir de ese mismo material.

La subjetividad neoliberal. La evolución del colonialismo
“Bajo el hechizo del neoliberalismo y la magia de los medios de comunicación que lo promueven, la modernidad y la modernización, junto con la democracia, se venden como un paquete de viaje a la tierra prometida de la felicidad. (…)… cuando la gente no compra el paquete o tiene otras ideas de cómo la economía y la sociedad deben ser organizadas, se va a ver convertida en sujeto/s de todo tipo de violencia directa e indirecta. […] La torcida retórica que naturaliza a la modernidad como un proceso universal, global y punto de llegada oculta su lado oscuro, la reproducción constante de la colonialidad.”
(Walter Mignolo, “Desprendimiento epistemológico, emancipación, liberación, descolonización”).
Que la gente conozca menos a Feinmann, el filósofo argentino, que al periodista homónimo ultra-fascista, es equivalente, desde mi punto de vista, al hecho de que los profesionales de la SALUD MENTAL lean más a J-A. Miller que a Fernando Ulloa. En algún punto (por no decir en todos), es bastante triste que así sea pero, como dicen los jóvenes, es lo que hay. Quizá estas cosas suceden porque no tenemos en cuenta justamente lo contrario: lo que falta. ¿Qué es lo que falta hoy en día tanto a nivel societal así como en el ámbito PSI en particular? Volver a una ética del pensamiento (analítica de la verdad, ontología del presente). Retornar al sujeto, del cual nuevamente tendemos a extraviarnos. Aunque, por fuera de la filosofía, ese camino desemboque en una verdad no-toda dicha y en un ethos singular más que en un imperativo categórico “para todxs”.
En el campo psicoanalítico, habría que salir del enmarañamiento estúpido de unas matemáticas asépticas aplicadas al individuo ya sea bajo la forma de nudos, de trenzas o de estructuras psicopatológicas pensadas como compartimentos estancos y/o etiquetas pronósticas que, como si fuera poco, construyen una clínica temeraria en cuanto al respeto por la singularidad del caso – en toda la complejidad que el mismo implica. Son los ámbitos donde se caldea a fuego lento no sólo el saber universitario, “el conocimiento universalmente válido” (potencialmente colonizador), sino el Saber tal como lo pensamos los analistas, es decir, como sentidos e identificaciones, que provocan mucho síntoma. Que producen y soportan goce fálico, y del que mejor NO.  
Dentro de lo que es el colectivo social, el malestar en la cultura, habría que cuestionar las incidencias de este capitalismo tardío que, hoy por hoy, se manifiesta como autoritario (represor) y neoliberal (anarcofinanzas). Tanto Donald Trump como Mauricio Macri son la patentización de esta época oscura, de tecnocracia, neurociencia, ajustes, muros y despidos a palazos. Son el retorno de algo no elaborado suficientemente (¿Auschwitz? ¿La dictadura cívico-militar argentina que aplicó descaradamente la ESCUELA FRANCESA [¡!]?). Época de la satisfacción solitaria, del “comer y mirar”, del señorito satisfecho alabado por aquellos a los que piensa como una masa servil e ignorante, “populista”. Momento histórico donde parecería estar desaprobado no sólo pensar distinto, sino ya pensar, y punto.
El sentido común mundial está siendo sometido al desfiladero de un discurso Uno que pretende subsumir lo irreductible del Sujeto falta—en-ser a la calamidad de un hombre autístico, por fuera de toda idea de Comunidad, objeto de un lazo social cada vez más empobrecido, rígido, automático, cadavérico, mortificado. Como si el nexo comunitario actual fuese su rechazo mismo. Predominancia de las pasiones del ser: odio, amor e ignorancia. La renegación de lo femenino [¿estaremos en la época en que LA Mujer ha dejado de ser no-toda para pasar a ser toda-no, esto es, aniquilada, destruida, incinerada. Toda-no; sólo un cuerpo a ser gozado, un a que al no causar el deseo por (d)efecto del losange – función paterna de separación -, se torna intrusivo y angustiante]. Pauperización de la palabra como consecuencia de una pretendida infinitización del goce (psicotización epocal). Vivimos en la época donde se cree que IMPOSIBLE es nada y donde predomina el remedio de las religiones – plagadas de fanatismo e hipocresías – no sólo universales sino también privadas [coaching, liderazgo, new age] siempre prestas a orientar la subjetividad hacia algún tipo de Ideal. ¿Cómo se para el análisis frente a esto?
Lo que detentan en común los dos campos que estoy señalando (el “psi” y lo social más abarcador) es que ambos están estructurados – y significados - por el lenguaje Amo de este tiempo histórico. En cada uno de estos espacios se huele o el tufillo del autoritarismo verticalista sostenido en el Otro de turno (que se asemeja bastante al mono de la Horda primitiva) o su formación reactiva, a saber, el Padre muerto pero idolatrado, del que no puede irse más allá. Los expertos de la tecno-ciencia han aparecido también desde años en el mundo del Psicoanálisis bajo la máscara de magísteres, doctores, especialistas... No se meten en política – esa cosa fea y sucia – dado que su objeto de investigación es una cáscara hueca formalizada y, a la vez, puesta en cloroformo. Hablan de “los aparatos de formalización lacaniana” metiendo etiquetas allí donde el maestro prefirió el vacío de emblemas y de nominaciones (aunque no estuvo exento de hacerlo él tampoco). Efectivamente, cada vez hay más aparatos de formalización lacaniana [en el otro sentido]. Se aspira inclusive a ser ese modelo ideal de sabelotodo pseudo-erudito con gran formación académica pero carente de conciencia histórica, de clase social, de ideología, de calle, de barrio, de transporte público. Un psicoanalista cada vez más burgués y neutro al mejor estilo del filósofo que sólo se atiene a contemplar lo que es. Yo insistiría en que es la Razón – no freudiana – la que indirectamente inviste contra el pensar psicoanalítico, que es un pensamiento – ante todo – crítico, intempestivo, irreverente y que, como diría Max Horkheimer, siempre debería colocarse del lado de “las víctimas” (los sujetos). Esa es la historia que merece ser escrita. Pero la lógica-retórica de la modernidad/ colonialidad continúa en acción reproduciendo ciegamente la sujeción imperante acorde a cada etapa. Para el caso, la subjetividad neoliberal, apremiada por las exigencias superyoicas de “autovaloración de sí”, de puro rendimiento individual, de meritocracia estulta con una contrapartida de depresión, de culpabilidad y frustración (daño imaginario) por no alcanzar nunca el pretendido ´éxito existencial´, por no llegar nunca a la consumación mística con el Ser. La frutilla del postre patética – de pathos puesto que causa dolor ser testigo -, es ver al excluido, al postergado animando el festival de su propia ruina.

Una salida
¿Existe alguna alternativa al modo de vida actual o el capitalismo financiero, liberal y neofacho ha agotado todas las posibilidades de ex-sistencia? Jorge nos invita - como tantos otros que al igual que a él no les interesa ni la chapa, ni el prestigio, ni la fama, ni el marketing, ni lo mediático; en definitiva, que no buscan ser demandados por el caretaje (por cierto, algo muy diferente de causar el deseo del Otro)-, a pensar esa posibilidad. Su recurso, dada su formación académica, e histórica (de vida), fue heurísticamente realizar una junción entre lo psicoanalítico y lo político demostrando – a esta altura, de manera muy seria – que pueden extraerse (y hasta es necesario) corolarios de semejante entrecruzamiento. El psicoanálisis aporta luces claras a las lagunas de los pensadores políticos del siglo pasado y cuestiona a quienes bajan línea hoy no sin justipreciar los grandes hallazgos en esta materia (por ejemplo, el trabajo de Laclau o de Badiou). Por su lado, lo político resitúa al psicoanalista en su condición de sujeto histórico, contextuado, ciudadano y sobre todas las cosas –vaya paradoja - ¡neurótico! Por eso los analistas no quieren verse en tal espejo y no quieren ver tampoco la castración de sus “maestros”, líderes abiertamente neoliberales, macristas o republicanos.
Ahora bien, así como es un error grotesco interpretar que Alemán buscó generar un movimiento de izquierdas de condición “lacaniana” [¿qué demonios sería eso, por lo demás?], tampoco vamos aquí a poner en jaque los ideales del sujeto-analista puesto que cada uno es libre de pensar y de votar acorde a su preferencia e historia. Lo que no es admisible es la recusación del PSICOANÁLISIS como un pensamiento crítico en pos de edificar un nuevo dispositivo de poder y de control, de dominación, un instrumento de adaptación social, de domesticación del animal hablante, una nueva vía de clasificación objetivante amiga de los DSM y de las neurociencias oscurantistas (Foucault fue uno de los primeros en advertir tal peligro). Esos renegadores, no están dentro del psicoanálisis, al menos para mí visión, por más cargo escolar o catedrático, título y/o apellido que detenten (inclusive, como les gusta decir, por más “recorrido” que hayan hecho). Pueden estar muy familiarizados a nivel de los enunciados psicoanalíticos o ser reconocidos por las voces autorizadas del campo, pero es dudosa la factura, la raigambre, la procedencia de su enunciación.
Fanfarrones egocéntricos hay en todas las disciplinas y en todos los ámbitos humanos. Son los primeros en tildar al otro de “soberbio” o “narcisista” y están siempre dispuestos a poner en falta al Otro (¡como si el Otro no lo estuviera por estructura!), ya sea ´bajándosela´ al alumno que habla mucho en clase y opaca su ego o ninguneando al colega que ensombrece mi paper en la Jornada de la Escuela o en el Congreso de Psiquiatría. Es pedirles peras al olmo que en la nuestra, todo sea una cosa armoniosa y maravillosa. Pero hay que trazar un límite, marcar una línea divisoria (la misma escarpadura que hiende al sujeto del deseo y que es justamente la marca de esa su condición). Se trata de poder decir que no. No al tratamiento tipificado de “LA sesión lacaniosa”, no a los modelos instituidos de formación psicoanalítica (grado, posgrado, residencias, concurrencias, etc.), no a la difusión consumista de publicaciones refritadas, de cursos vanguardistas, de seminarios en Ego propio (diferente del nombre) o de talleres de iniciación en la práctica que buscan operar como Garantía-de y que adormecen al sujeto con estribillos gastados ya-masticados-por-el-Otro. No al colonialismo mental ni a la aceptación acrítica de fórmulas fetichizadas impartida por supuestos portadores de un SABER ABSOLUTO, que creen que haber atravesado el fantasma es sentirse lo bastante fuerte como para poder decirle al otro especular: “me voy a un all inclusive en Centroamérica”. Sí, les falta agregar; “Y vos no”. En fin…
En definitiva, si la ficción operativa y retórica de una izquierda lacaniana es una construcción que debe ser matizada, interpelada, deconstruida, etcétera, ¿lo es menos la imperante – e inoperante - ficción de los ´dueños del Pabellón´ del Psicoanálisis Oficial, plagado de juristas y comisarios, derecha lacaniana que vino a sustituir a la IPA (y a la APA), que está mucho más generalizada que cualquier pensamiento progresista además de ser dominante, imperativa, eficaz y – sobre todas las cosas - inconsciente? Decir que este último es la política, también implica reconocer que el poder opera desde allí.

BIBLIOGRAFÍA:
Alemán, J.: Soledad: Común. Políticas en Lacan. Ed Capital intelectual, Buenos Aires, 2012.
Alemán, J.: Horizontes neoliberales en la subjetividad. Buenos Aires, Grama ed., 2016.
Feinmann, J. P.; La condición argentina. Planeta Ed., Ciudad Autómata de Buenos Aires, 2017.
Mignolo, W.: Desobediencia epistémica. Lógica de la colonialidad, retórica de la modernidad y gramática de la descononialidad. Ed. Del Siglo, Buenos Aires, 2014.

sábado, 19 de agosto de 2017

"La condición argentina" (José Pablo Feinmann)




Existen momentos en la historia que requieren de una enorme reflexión para comprender qué es lo que, de un modo u otro, ha salido mal. La Argentina es un país tramado por acontecimientos trágicos y luminosos que parecen sucederse unos a otros sin que ninguna construcción permanezca. ¿Es ésta su condición inmanente?
José Pablo Feinmann define aquí la condición argentina como la serie de constantes estructurales que dieron forma a nuestra identidad, pero que, sin embargo, “no constituyen una determinación ni un destino, sino un juego de fuerzas que unen la persistencia y el desgaste”.
Entre la persistencia y el desgaste se escribe nuestra historia y, de ese modo, no está escrita de antemano. 
El autor traza paralelos: Mayo-Caseros; San Martín-Rosas-Perón; las organizaciones guerrilleras de los años setenta y las montoneras del siglo XIX; Perón-Kirchner; Macri-Trump. Y analiza una realidad externa que contribuye con su implacable avance hacia la derecha neoliberal. 
No obstante aclara: este no era un desenlace necesario. No tenía que suceder. ¿Cómo y por qué sucedió?¿La condición argentina está sujeta al binarismo del odio, al antagonismo excluyente que no permite opciones superadoras? Feinmann pone en este libro todo el vigor de su pensamiento vibrante de los últimos diez años para encontrar la respuesta.

jueves, 10 de agosto de 2017

“Asociación – compulsión – separación”



Resumen:

El presente trabajo (ponencia), pretende abordar la contemporaneidad desde ciertas claves freudianas, apoyándonos a su vez en el pensamiento del psicoanalista francés J. Lacan. Esto no quita, sin embargo, un importante aporte de elaboraciones personales del autor.

Existencia, insistencia, exsistencia
El psicoanálisis existe. Es una práctica a la que le ponemos el cuerpo. Tiene su densidad, su consistencia, es lo que hay. Colegas formándose, capacitándose, analizándose, atendiendo sujetos que demanda una escucha, supervisando esa praxis, aprendiendo a saber-hacer con el malestar. Ese malestar habla de algo que no existe, sino que insiste. Es el inconsciente, como cadena significante, como huellas mnémicas – trazas, marcas – que conservan una eficacia de goce y que hacen ni más ni menos que a la compulsión, en tanto no son puestas a trabajar en el marco de este dispositivo que es el análisis, donde la conversación es el eje. Es decir, se trata de una experiencia dialéctica que va tejiendo una trama a través de la cual pueda llegarse a una urdimbre. Esa urdimbre es el fantasma fundamental, defensa por excelencia de la sexualidad en tanto traumática. Es una escena, en la que el sujeto remite a una posición. Y allí hay un objeto, es el a minúsculas en su función de plus de goce, porque el fantasma previene del goce del Otro, pero articula un instante privilegiado para la satisfacción del sujeto. Es el resto que las zonas erógenas pulsionales delimitaron gramaticalmente (ello habla) y que el análisis, vía la retórica del inconsciente, reducirá a elementos significantes separados, desarticulados. La lógica de la cura es hacia la ex-sistencia que implica toda destitución subjetiva. Que el sujeto pueda sostenerse en su extimidad al Gran Otro. Desarrollemos esto.

Lo epocal. Homogeneidad zombie
¿La época está cada vez más muda? O quizá los analistas cada vez más sordos. El malestar en la cultura no es de ahora, es de siempre. No negaremos la particularidad de este momento histórico, donde la mortificación silente parecería copar la parada, vía lo que Freud definió como neurosis actuales. Más que la era del vacío, parece la edad de lo lleno. Frenesí, anticipación, multi-espacialidad, subjetividades compactas, patologías masivas. Lluvia torrencial de Ideales individualistas, de éxito, empresarial, consumista (subjetividad neoliberal). Avance fenomenal de la letra por sobre el discurso. Del lenguaje por sobre la palabra. Como diría Bifo [filósofo italiano], semiocapitalismo. Iconicidad, emotions, abreviaturas cada vez más agramaticales. Antes se clavaba una mirada. Ahora te clavo el visto. Diríamos que la época está más bien, verborrágica. Tiene muchas bocas, orejas, ojos. Lo que, desde luego, tampoco equivale a una mejoría en la “comunicación”. Porque ese no es un verdadero cuerpo, es una esfera de tubos que no conducen a ninguna parte más que al limbo del autoerotismo. Es un cuerpo cibernético, una consistencia artificial, redobladamente imaginaria, sostenida en la tecnocracia imperante. Lo simbólico al servicio de la objetivación absoluta. Las series web [NETFLIX] son un buen referente para ver qué está pasando con el Hombre. Narcos, zombies, mucha sangre, transgresiones, codicia, poder, lujuria. Una bajada de línea bastante particular. Sobre todo, desde el punto de vista de cómo se elabora esto. Es ficción, pero, lamentablemente, la realidad no está mucho más acá; al contrario, y para ser fiel al dicho, la supera. Terrorismo, femicidios, fascismo, crisis económicas, desagregación familiar, racismo, xenofobia. Violencia de toda rama. Nuestro país, azotado por el desempleo, la desocupación, la carencia de oportunidades… otra vez.
Una vía
Nuestro compromiso debería permitirnos salir un poco de la consulta privada entendida en un sentido paupérrimo, como abordaje del individuo. Tenemos que aprovechar ese espacio en toda su contundencia. Porque nos viene la subjetividad ´de hoy´ pero no deja de traernos algo del ayer (lo que padecen muchas mujeres – para tomar un ejemplo de esto - no es el patriarcado, sino sus marcas de las que no se han podido separar aún). También hay futuro. Es decir, del mañana y, para decirlo nietzscheanamente, del pasado mañana. El sujeto es hablado, hay que hacerlo devenir subjetividad. Para eso, es esencial que, a su vez, el analista sea un sujeto hablante. Lo que no quiere decir que vaya demandar: lo hará en su análisis. Debe tirar un anzuelo. Algo hay que proponer, desde algún lugar debe estimularse la transferencia, para que empiece el juego. El analista tiene que seducir. Si el deseo es el deseo del otro, qué mejor que articulando su deseo y es lo que hace en su práctica. Su deseo de analista es su cuerpo, con todo lo que implica de enunciación, de hechura, de estar-ahí. De dasein. De compromiso. Al principio, no basta, luego tal vez solamente escuchar ya produzca grandes efectos, pero en un inicio debe tomar la palabra, invitar a charlar, a dialogar. Lo real es para después, al principio importa la Verdad. El neurótico ha perdido toda fe en la verdad. Es un pobre infeliz. Un incrédulo. Alguien que ya no piensa en el deseo. Lo que Séneca llamaba un estulto. Un nihilista, un pesimista, alguien tomado hasta el cuello por el aburrimiento de vivir. En eso radica la importancia del síntoma. Ya no nos podemos entretener, algo nos ha dejado de divertir, perdió eficacia. Y retorna el MALESTAR. Ahí es donde puede suceder que el habla sea recobrada. Nosotros pondremos la oreja.

Pensamiento crítico y desasimiento
El paciente-objeto (del sistema, del mercado, que se autodefine y piensa como “cliente”, motivo por el cual querrá tener siempre la razón) está absorbido por la compulsión – claramente fomentada por el momento histórico que la propone como modelo. El método psicoanalítico le impondrá la asociación libre como regla fundamental del psicoanálisis. Eso implica dejar de hablar al pedo, para empezar a escuchar-se, para hilar, tejer, hilvanar un entramado crítico. Historizarse. Subjetivarse. Salir de la sujeción, dejar de ser sujeto/ sujetado (aunque esto sea un primer paso) para devenir subjetividad. Renovada esperanza cual flecha lanzada al ocaso, con el espíritu de lo que se afirma en el instante y por la eternidad, puesto que sabe que renacerá Otra. Eterno retorno del que Zaratustra hizo apología. Vivir el presente terrenal como corpo-mentalidad desasida de la máquina que nos consume internamente. Ser-en-acto o faltar-en-ser, traspasar el fantasma para disfrutar la pulsión desde otro lugar, esa es ni más ni menos que la ética del deseo. Más desasido, desprendido, separado. Asociar para dejar la compulsión y vivir la separación. Esto resume toda la clínica psicoanalítica. Esto es todo lo que Freud y Lacan dijeron. La compulsión es síntoma de alienación. El amor de transferencia reduce ese lazo patológico al Otro, gracias a que internamente opera el deseo de analizar, como una búsqueda crítica por el desprendimiento verdadero. O sea, un plano allende la identificación. El pensamiento crítico, así como la capacidad de amar y de trabajar, es algo que el psicoanálisis hace posible. El pensamiento crítico es dejar de ver la realidad (y a uno mismo) como una COSA, dura, rígida, estanca, inmutable. Es empezar a entender que se deja moldear, que pese a lo imposible [sexualidad y muerte; goce y finitud] algo es posible y que esa posibilidad puede [cada vez y cada vez] superarse y superarse. Correr el límite, la auto-superación de la que hablaba el filósofo alemán, es equivalente al transitar de un psicoanálisis, que ha empezado por la vertiente del silencio pulsional que no llama a nadie, que se satisface solo, para empezar a ser un llamado a Uno – el psicoanalista -  pero que tampoco debe quedar en eso. Separarse es salir del Edipo, del incesto, de la endogamia, es empezar a llamar al definitivo, al último, al decisivo y verdadero Otro. Pero también, y quizá esto sea más fundamental aún, aprender a bancarse su falta de respuesta. Su inexistencia, su vacío, su falla. Lo que se dice castración y que, pese a lo que diga el cognitivismo, es la mayor y más fundamental [puesto que funda] de todas las evidencias.

Buenos Aires, Agosto de 2017