martes, 27 de diciembre de 2011

"La lectura desarma al Saber"



"¿Fue la temática convocante, precisamente, convocante? Quizá sea ésta la pregunta a trabajar en referencia a aquello que se planteó como “Grupo de los Viernes” y cuyo eje es “Edipo, Angustia e Inconsciente”.


En lugar de realizar una aproximación erudita acerca de las temáticas trabajadas, preferiría en principio responder por mi lugar de “coordinador” del artificio que posibilitó cierto despliegue de una tarea - siempre respetando la pregunta antedicha. En este sentido, situar otro interrogante que creo necesario para encarar esta indagación. Angustia y doctrina: ¿cómo pensar dicha relación?


Si inquiero sobre este vínculo es porque, en principio, me apoyo en una referencia bibliográfica precisa en la que Lacan, refiriéndose a Freud en el caso del pequeño Hans señala que “la angustia siempre está ahí presente en las distintas etapas de su observación, y la doctrina viene luego”, y además ya que considero que el mismo no es ajeno a la propuesta. Máxime cuando la misma intenta marcar cierta diferencia respecto de un abordaje de los textos más ligado a lo académico, o sea, a cierta transmisión sin resto que invierte el lugar del enseñando situándolo en posición de objeto. Objeto de un Saber acabado, cerrado, uniforme y frente al cual no quedaría otra opción más que la de acatar acríticamente y de un modo fetichizado los “conceptos nodales” - que han pasado a ser más bien preceptos ideales e incuestionables.


Para decirlo todo, “Edipo, angustia e inconsciente” son en principio significantes, o sea que no remiten anticipadamente a nada más que al deseo de quien arma este artificio y lo sitúan como un sujeto semi-representado y abierto al inter-juego de lo que se pudo decir. De lo que se pudo decir por algo que a lo que llamamos “Grupo” y que supone, en principio, una profunda renuncia a “quedarse leyendo solito en casa”. Aun cuando lo Grupal trabaja sobre lo Otro en términos de identificación y, en ese sentido, atenuando la vertiente de la singularidad, no obstante, el debate, la discusión, la diferencia, han tenido lugar. En este sentido, un tratamiento distinto que el vinculado a la mera identificación creo que ha sido posible.


Se pudo decir y decir esto no es decir poco, sino que más allá de lo que se dijo, se dijo. Esto trae la siguiente deducción: quedaba por decir. Y, evidentemente, había quienes tenían ganas de decir y hacer valer esa deuda: nuestro encuentro de hoy lo testimonia. El “Grupo de los Viernes”: ello habla… aún cuando sea Sábado; quizá sea el eco de ese decir que todavía retumba.


De aquí extraigo que hubo una política en acción, la cual yo pienso en sintonía con la política misma del psicoanálisis. Me refiero a una simple dimensión y que ilustraría con una pregunta, que quienes me acompañan en este sendero habrán escuchado más de una buena vez: “¿qué más?”


Pero también está “lo que se dijo” efectivamente y el hecho de que ningún enunciado pueda suturar al “decir” no excluye que haya enunciados… y enunciados. La cuestión, obviamente, no deja de ser qué consecuencias les damos a nuestros enunciados, cuál es nuestra enunciación. Sabemos que una psicoterapia, por muy “inspirada psicoanalíticamente” que se proponga, por mucha utilización de sentencias y frases de Freud o inclusive de Lacan en las que abunde y por las cuales se pretenda orientada, no deja de ser una psicoterapia: “Terapia, cada uno sabe la diversidad de modos y de resonancias que esto evoca. Su centro está dado por el término “sugestión”.” (Lacan Sem. 15).


Abordemos como más no sea superficialmente nuestros enunciados. Digo “superficialmente” ya que me resulta imposible dar cuenta de todo lo trabajado durante este productivo e intenso año 2011.


Y bien. Pienso en el Edipo como una matriz que postula el psicoanálisis para dar cuenta de una modalidad propiamente humana de dar una incompleta solución a una problemática también singularmente humana y que Lacan define claramente: “… el ser está perdido en el basurero del Otro.” (Lacan, Sem. 9). De esto parte la clínica psicoanalítica. De la falta en ser.


Falta en ser o Verwerfung del sí-mismo vinculable a la exigencia ética que conlleva sostener una escucha analítica, en tanto de ella dependerá dicha escucha en el sentido de que “analista” no es un “ser” sino un deseo. Que hay más allá del falo, allí se sitúa la apuesta del discurso que es el nuestro, ya que entendemos que el mismo implica alejarse de los ideales de totalidad, de completitud, de perfección. Desde esta óptica, el camino personal (abierto a la contingencia) se presenta como un desafío complejo pero necesario. Camino personal que no debe confundirse con un llamado al autismo del analista. Quiero decir: el analista se autoriza de sí, mas no sin otros. Otros con quienes hoy nos escuchamos y cuya sanción es, en última instancia, lo que orienta el camino a construir, armar, desarmar, rearmar.


No nos oponemos al estudio, etc., que uno pueda llegar a realizar en centros de grado o de post-grado, sino al hecho de la “gradación” misma de la “formación” analítica, implícito y eficaz en este modo de abordar las cuestiones. La figura del “especialista” propia de nuestra época, que involucra la diversificación en términos de “especialidades”, precisamente, y que nos llevan a hablar de “clínica de…”, “clínica de…”, “clínica de…”. La clínica es una, tan una como que no hay LA. Por eso la política es la lectura, ya que la lectura desarma al Saber y oblitera toda certidumbre anticipada, y tanto más cuanto que menos la de los textos, la de la “bibliografía obligatoria” o la del “programa”. Porque el primado del análisis personal, Freud primero y, Lacan después, nunca dejaron de señalarlo. El texto a leer es el texto que nos atraviesa como sujetos y que condicionará irreductiblemente la lectura de cualquier otro texto, eventualmente, uno de Freud o también el que salga de la boca de un analizante.

“Edipo, angustia e inconsciente” hacen a un pensar crítico e intempestivo, que nos interroga a todos y a cada uno. Pensar con ellos y repensarlos cada vez¸ es hacer lugar a nuestra potencia subjetiva y a nuestra voz. Esta es la apuesta a sostener con esos tantos significantes que hemos heredado: que en cuanto tal no significan nada y dependerá de nosotros articular su sentido y hacerlo valer.”














(Ponencia presentada por participante del Grupo de los Viernes en la Jornada del 3 de Diciembre. La imagen: "Madonna”, de Edvard Munch).

lunes, 26 de diciembre de 2011

"Para el sujeto hay alguien que sabe sobre su deseo..."




"Hemos realizado un largo recorrido desde nuestro primer texto “Sueño de muerte de seres queridos” hasta finalizar con nuestro último texto de este año capitulo VIII de Inhibición, síntoma y angustia. Parece que el psicoanálisis es causa de deseo para todos nosotros. Por eso mantenemos este espacio de lectura critica y reflexiva, enfrentamos nuestro “no saber”, aprendemos y debatimos desde una lógica muy diferente a la universitaria.


El hilo de este año giró entorno a “Edipo, Angustia, e Inconsciente”. Teorías centrales para el psicoanálisis.


Cuando hablamos de Edipo ¿a que nos referimos? ¿a esa ligazón afectiva entre madre e hijo? Entre la madre y el hijo podríamos agregar otro elemento simbólico intermediario, el FALO. El deseo de la madre es deseo de falo. Y el del hijo ser el deseo de su madre. Por lo tanto ser el falo de su madre. El falo viene a representar al niño, “la madre no lo tiene y el no lo es”. ¿Cómo sale el niño de esta posición obturante, aplastante? Depende del padre, el padre en tanto ley, que ejerce una doble prohibición, hacia la madre “no reintegraras tu producto” y hacia el hijo “ no te acostaras con tu madre”. La función del padre como agente de la castración es de corte. La castración extrae un goce, para no quedar aplastado por el deseo del Otro. Hay un rechazo del ser, hay algo del ser del sujeto que en lo simbólico no se inscribe “perdió ser el falo”, no hay objeto que lo represente. El sujeto falta en ser por la entrada al lenguaje. El sujeto está determinado por los significantes del Otro, los significantes maternos, pero hay un residuo que se escapa a estos significantes, el deseo, el deseo como lo que resiste. No hay otro que me nombre, hay una falta de saber, hay una falta en el Otro, el Otro está barrado. No hay garantía, hay un margen de indeterminación. De hecho esta es la ética del psicoanálisis, la ética de la falta, del deseo. “ser en la falta”, hacia ese lugar se dirige la cura.


Para Lacan la falta de objeto tiene un carácter central, es motor de la relación del sujeto con el mundo. El sujeto busca encontrar en el mundo ese objeto perdido, busca tapar la falta, velar la castración. Responde a la falta por medio de su fantasma, le da cierta consistencia de ser. Desde lo imaginario “yo tengo lo que al otro le falta y el otro tiene lo que a mi me falta”.


En las ultimas semanas en el grupo surgieron muchas cuestiones en relación al analista y al analizante. Cual es la posición del analista?


En primera instancia podríamos decir que se corre de un lugar de poder, de un lugar de saber, se abstiene de saber. El analizante le supone un saber al analista “el sabe lo que me pasa”, “que tengo que hacer para curarme”. Hay una demanda. Para el sujeto hay alguien que sabe sobre su deseo, “el otro tiene lo que a mi me falta” que es esto? La transferencia, otorgarle un saber al otro. Para analizante el deseo del analista es una incógnita, que intenta obturar. Y para nosotros ¿Cuál es el deseo del analista? Hemos hablado de deseo de que el analizante se haga cargo de su deseo, hemos hablado también de un no deseo, como si el analista debería abstenerse ya que estaríamos interponiendo nuestro fantasma, hemos hablado también de deseo de interpretar, finalmente dejamos abierta la pregunta, como un interrogante para responder el proximo año."



(Ponencia presentada por participante del Grupo de los Viernes en el marco de la Jornada construida por dicho grupo para debatir respecto de la temática elegida durante este año, a saber, "Edipo, angustia e inconsciente". La imagen corresponde al film de Almodovar, "La piel que habito").

miércoles, 21 de diciembre de 2011

"La palabra es el único medio que tiene el psicoanalista..."



"¿Para qué asistir a un grupo de estudio en épocas en las cuales el saber está tan desprestigiado, cuando no hay tiempo para nada, muchísimo menos para llevar a cabo una actividad extraoficial?

Lo que nos convoca constantemente, lo que nos convocó este año, fueron las ganas de saber. El psicoanálisis nos llama a un estudio constante de la obra de Freud, de Lacan y de otros psicoanalistas.

Particularmente yo acepté la propuesta de comprometerme con un grupo de estudio porque quería aprender a leer. Más allá de lo ingenuo que puede sonar tal afirmación, los invito a que se la cuestione. Es justamente lo que sucede en este grupo: se cuestionan los textos. Nada más alejado de lo que ocurre en la facultad en donde, para aprobar una materia, uno tiene que memorizar un sentido unívoco de lo escrito o de lo dicho por el profesor.
Justamente Lacan nos enseña que esa no es la lógica del psicoanálisis. Apostando al significante- es decir, a su condición de no corresponderle representar un significado a priori- Luis nos invitó a que nos zambullamos en la lógica de la palabra, en la multivosidad de la misma. Para que de esta manera logremos hacer una operatoria de lectura. Ese es el significado particular, atravesado por mi subjetividad que se liga al significante lectura.
Operatoria que es sumamente riesgosa, que nos puede hacer dar pasos falsos, en una palabra: que nos quita la garantía del saber. Lo que se logró en cada encuentro fue la discusión de lo que leíamos en Freud, en Lacan, en lo que decía un compañero y de lo que decía Luis. Discusión que no se logra si no reinan las dos formas esenciales que tiene el psicoanálisis: la palabra dicha y la palabra oída. Lacan lo denuncia claramente: La palabra es el único medio que tiene el psicoanalista.

De esta manera, operando los textos de Freud pude llegar a una lectura, una suerte de intento por pescar la lógica de los textos, y encontré una idea que no está explícita en Freud, pero que, si no me equivoco demasiado, puede hallarse de buscarla.
Es la siguiente.

La sexualidad infantil y la sexualidad, en Freud, no son sino la misma cosa.
Es decir, que es un pleonasmo decir sexualidad infantil. Toda sexualidad es infantil.

Idea quizá arriesgada pero que los invito a que reflexionemos. ¿Qué otra lógica tiene el psicoanálisis si no es la de abrir la pregunta? Otras psicoterapias se encargan de obturar el sentido de lo dicho. Acá tratamos de que eso no suceda. Como psicoanalistas, como personas que adherimos a la idea freudiana del inconciente, sabemos que si un paciente habla nada sabemos. Si Freud dice que algo es inconciente para el paciente no significa que el psicoanalista lo sepa, o que (en una lectura que no comparto de la famosa frase: “el inconciente es un saber no sabido”) se trate de algo que en el fondo el paciente sabe, pero que no dice. Como si el analista tuviera que insistir para que el paciente confesase. La sugestión de aplicar la mano en la frente para que el paciente hablase Freud la descartó tempranamente. No tardó en sustituirla justamente por la asociación libre y la atención flotante.

Volvamos con mi idea: La sexualidad adulta y la sexualidad infantil no pueden ser muy distintas.
Podría buscar respaldos en la obra de Freud, por ejemplo:

“La felicidad es grande cuando el deseo infantil de tener un hijo encuentra más tarde su satisfacción real, sobre todo cuando el hijo es un niño que trae consigo el anhelado pene”

Si abrimos el término “deseo infantil de tener un hijo” podemos entrar en muchos textos, por ejemplo cuando menciona la famosa equivalencias del inconciente: Pene = niño = regalo = heces = dinero. Y con ella leer el Complejo de Edipo en la mujer, terreno bastante espinoso.
Se abre la pregunta ¿Porqué la niña cambia de objeto de amor, porqué ya no es la madre y pasa a ser el padre? Freud lo dice claramente: La envidia del pene. A fin de satisfacer su deseo- la envidia es un deseo- la niña espera de su padre que le provea de un niño.
Entonces, cuando una mujer adulta busca quedar embarazada, tener un hijo, un analista si escucha con la función significante introducida por Freud con las equivalencias, puede empezar a abrir el terreno para que la paciente, “trabaje” ese anhelo de ser madre.
Dos aclaraciones que no por ser obvias no merezcan ser dichas:


-No todo deseo de un hijo es un deseo de pene, si no el psicoanalista tendría la fácil garantía de escuchar de la misma manera a todos los pacientes con tal regla,
-Trabajar su deseo de ser madre es en caso de que para la paciente sea causante de alguna pregunta, es decir, cuando se cuestiona su propia posición subjetiva. No todo se analiza.

Otro caso para pensar la sexualidad como sexualidad infantil es el de la impotencia.

Entre muchachos suele escucharse que en caso de que un amigo tenga impotencia, siendo tan joven, lo burlen suponiendo que fuese por un problema físico, hormonal, como si el cuerpo se hubiese envejecido precozmente.

Freud cuando habla de las impotencias menciona que puede ser causa de una fijación incestuosa a la figura de la madre. Es muy claro cuando al escribirlo:


“Puede suceder así que toda la sexualidad de un joven quede ligada en lo inconciente a objetos incestuosos o, dicho de otro modo, fijada en fantasías inconcientes. El resultado es entonces una impotencia absoluta (…)”

De esta manera puede verse que la sexualidad no es únicamente un encuentro de genitales. En un caso de impotencia puede verse cómo el muchacho – y la muchacha…- se vieron perturbados por la perpetuidad de la sexualidad infantil en el inconciente de las personas, o lo que es lo mismo: por lo fallido de la represión.
Con esto último quiero decir que si la represión fuese un mecanismo de defensa infalible, el inconciente (si es que pudiese existir) no se manifestaría, no se presentarían a la conciencia esos fenómenos de tropiezos discursivos que tanto le interesaron a ese joven médico vienes.

Es de esta forma lo que entiendo por leer, como una operatoria de lectura. Lo dice la cultura popular: Cada libro tiene un final distinto, el que le da su lector. Por eso pienso que leer es sumamente arriesgado. Si no hacemos tal ejercicio, nos limitamos a repetir lo dicho y para eso, si me permiten la franqueza, prefiero fotocopiar el libro."


(Ponencia presentada por Participante del Grupo de los Viernes en la Jornada del 3 de Diciembre. La imagen corresponder a Vladimir Lush).

domingo, 11 de diciembre de 2011

Acerca de lo perecedero en la clínica psicoanalítica



[Comentario sobre "Lo perecedero" de S. Freud - 1915]



"En primer lugar, mi elección de este texto de Freud se debe a que es un texto muy interesante, ya que describe personas preocupadas por el perecimiento del esplendor de la naturaleza. Sin embargo, sostiene que hay dos tendencias psíquicas al respecto: la negativa y la rebelde. Una lleva a ver al amargado hastío del mundo que sentía el joven poeta; la otra, a la rebeldía contra esa fatalidad.
También sostiene que esta característica de lo perecedero le da un valor de rareza en el tiempo, porque las menores posibilidades de gozarlo lo tornan más precioso. Pero el valor de lo bello y perfecto es importante solo para nuestra percepción. No es necesario que estas cualidades sobrevivan en el tiempo.
Freud concluyó que la rebelión psíquica contra la aflicción, contra el duelo por lo que se perdió, dañó el goce de lo bello. Explica que estas personas sintieron inhibido su goce por lo bello, por la pérdida de algo amado o admirado.
Y luego compara esta situación con la capacidad amorosa, llamada libido. Si los objetos admirados son destruidos o si son perdidos, nuestra capacidad amorosa (libido) vuelve a quedar en libertad, y podemos tomar otros objetos para suistituirlo, o retornar transitoriamente al yo. Pero, llamativamente, Freud no encuentra explicación al porqué es un proceso tan doloroso este desprendimiento, el duelo.
Posteriormente, trata sobre la guerra. Dice que enlodó su excelsa ecuanimidad científica, y mostró en cruda desnudez su vida instintiva.
Detalla que la guerra les quitó tanto de lo que amaban y demostró la caducidad de muchas situaciones y objetos que creían estable. Sostiene que no es raro que la libido de las personas afectadas, que quedó tan empobrecida de objetos, ocupó con mayor intensidad los objetos que si les quedaron: amor a la patria, cariño por los suyos y el orgullo que les inspira lo que poseen en común.
Concluye Freud, que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente. Una vez que éste haya renunciado a todo lo perdido, se habrá agotado por sí mismo, y nuestra libido quedará nuevamente en libertad de sustituir los objetos perdidos por otros nuevos, posiblemente tanto o más valiosos que aquellos, siempre que aún la persona sea lo suficientemente joven y conservando su vitalidad.
Una vez superado el duelo, se vuelve a construir todo lo que la guerra ha destruido, quizá en terreno más firme y con mayor perennidad.

Con respecto al grupo de los viernes, quiero resaltar que es un espacio donde decimos lo que pensamos y reflexionamos, indagamos sobre los textos y autores. No tiene la presión de una materia que forma parte del programa de la carrera universitaria, y de esta forma se obtienen otro tipo de conclusiones, en forma abierta y amena.
En cuanto a mis compañeros, estoy muy contenta por haber compartido este espacio de lectura, ya que he aprendido muchísimo con ellos, compartiendo ideas y pensamientos, participando en discrepancias y llegando a una conclusión general. Es un grupo con un objetivo claro, propuesto y definido.
Con respecto al coordinador, Luis, lo considero un maestro, porque como detalla, Colette Soler en su obra “El psicoanalista y su institución”, un maestro es aquel capaz de guiar por una enseñanza. Siempre con paciencia y sabiduría, nos ayuda a encontrar el camino para que nosotros mismos podamos arribar a la conclusión más adecuada.
Estoy muy agradecida por todos los hermosos momentos que pasé en compañía de todo el grupo a lo largo del año."


(Ponencia presentada por participante del Grupo de los Viernes. La imagen corresponde a Vladimir Kush)

martes, 6 de diciembre de 2011

Jornada del 3 de Diciembre de 2011: "Edipo, angustia e inconsciente"



"Mucho de nuestro trabajo del año estuvo en relación con el sentido, mejor dicho con hacer faltar al sentido. Hacerle agujeros a tanto saber académico y dar lugar a nuevos conceptos. Un proceso por momentos incomodo por momentos más feliz (o más faliz diría Luis). No es fácil sostener un no saber, un no todo. Pero en ese camino armamos algo propio, algo nuestro. Y sobre todo hablamos. Acotamos mucho goce. Cuando uno comienza un análisis es en busca de un sentido, una dirección, algo que organice tanta angustia desligada. Desde acá pensamos esa angustia como nuestra brújula. Lo mismo cuando se comienza un grupo de estudio. La incomodidad puede indicar cosas interesantes. Trabajamos con el error porque creemos que no hay discurso sin fallas. Entonces ponemos a trabajar esas fallas, las cuestionamos, las volvemos a decir. Entonces nuestro sentido como grupo es más bien errante. Por momentos pareció tener lógica y bastó una pregunta para desarmarla. Afortunadamente. Porque sin hablar somos. Al decir nos faltamos en ser. Porque nunca terminamos de explicar nada de forma acabada. Otra vez, afortunadamente.
Siguiendo ésta lógica intentaré exponer algunas cuestiones trabajadas.


“El sujeto vive ficcionalmente”, dijimos alguna clase. Una ficción en el sentido de una historia, un relato neurótico. Su novela le permite circular por el sin sentido de la existencia portando un diccionario, un compendio de significantes fundados por el más importante de ellos: el significante fálico. El mismo le permite significar algo del devenir. Ficcionar lo imposible. Novelar el desencuentro. Creer que conoce. Que se dirige. Pensamos el fantasma como defensa del deseo del Otro. Otro a quién se le atribuye todas las posibles respuestas, el significante que lo nombre “ser”. ¿Cómo llega esa trama al sujeto?


En su encuentro con el lenguaje, o lo que llama Colette Soler la “operación lenguaje” (implicando con ésta definición algo de la dimensión de la pérdida) el sujeto es dividido, el ser hablante queda indefectiblemente en falta. Nunca podrá obtener un último saber acabado sobre si mismo. Diferenciamos en varias oportunidades la diferencia entre el sujeto del inconsciente y el sujeto del conocimiento. Este último ligado a un saber que ordene el caos y conserve al individuo. Lacan propone un sujeto del inconsciente que no hace uso de las palabras, sino que es dirigido por las mismas, un sujeto que no tiene garantías de obtener una respuesta sin equívocos. ¿A quién le demanda garantía sino a su Otro? Que sólo tiene para darle su propia falta. De ese encuentro con un A barrado empieza su construcción mítica en torno a esa falta, un fantasma que le disfrace el deseo. El lenguaje lo separó definitivamente de un encuentro total con el objeto, ya que esto estará siempre mediatizado por significantes. En el fantasma se juega a alcanzar el objeto, lo protege de tanto real y de su propia dependencia significante. Se consiste de forma imaginaria. Ese objeto en el fantasma lo pensamos como defensa de quedar como objeto de goce del Otro, aplastado por él. Entonces se pregunta ¿que soy para ese Otro? Y se inventa una respuesta propia, una respuesta inconsciente que dé cuenta de su deseo de ser algo para el Otro.


Es trabajo del análisis vaciar de sentido el fantasma. El analista evita ocupar un lugar de supuesto saber y cuestionará esas palabras eficaces inconscientes que dirigen el síntoma del sujeto. El paciente demandará respuestas. Dice Lacan que se pide porque se habla. Pero no es dueño de eso que habla. La falla, el lapsus, el error se impone en el discurrir de palabras en un análisis. El paciente cree que que sabe que quiere o necesita, pero no sabe que desea. Dice Lacan en La dirección a la cura y los principios de su poder: “Los analistas se niegan a prometer la felicidad”


Armando un analista



¿Qué es ser un psicoanalista? Nos preguntamos esto numerosas veces. Repetíamos; es hacer análisis, supervisarse y estudiar los seminarios de Lacan a la letra. También esto lo pusimos en cuestión. Aquí algunas “conclusiones”:


- No hay un ser psicoanalista. Hay una invención. Ser analista es una operación. Por ejemplo una interpretación al paciente. Entonces hablamos de abstenerse de ser quien es.
- No hay un quehacer psicoanalista. Hay más bien un saber que no se sabe, ni sobre ese paciente ni sobre su deseo. Sólo sabe sobre su propia falta.
- Un psicoanalista puede armar conceptos teóricos con palabras como “pata de pollo” o “velador”
- Un psicoanalista pregunta y mucho. A otros y a sí mismo. Nada “va de suyo”
- Un psicoanalista no tiene muchas respuestas y no teme quedar como un inútil.
- Un psicoanalista a veces es un poco insoportable, y eso un poco nos divierte."


(El presente escrito constituye una Ponencia presentada por uno de los participante del "Grupo de los Viernes")
[La imagen corresponde a Vladimir Kush]

martes, 22 de noviembre de 2011

"Existe algo"





Existe algo, absolutamente

absolutamente pesado y que

y que me toma por el cuello

pincha mis piernas, y así


existe algo, no logro verlo

pero no miento, es ajeno

quizá, inclusive, al tiempo

y permanece, y yo tiemblo


existe algo, podría decir

una fiebre de estómago

o un calambre de alma

en un torcido pecho


eléctrico cuerpo, que espera

y entonces, existe algo, que

y entonces, existe algo, que

delimita un espacio siempre igual


quiero salir de este "existe algo"

preservar cierto entusiasmo

y construir algo que no exista

y que sea mío, y tuyo, lector



Buenos Aires, Noviembre de 2011

jueves, 17 de noviembre de 2011

"Poema contra rutinas abismales"






Inusitado me despierto, seré Creador
Inusitado me pregunto, seré Navegante de lo abisal
Seré en el laberinto, seré, caeré también de él
Pensares, decires y emblemas del Cuerpo

Disyunción ante la cual Decidir
Amerita, sí, un fuerte desplante el cobarde
Mirar horizontes sin, empero, al fin ir
Dejar en promesas al fuego, en alarde

No seré de los que caminan cabizbajos
Seré Emperador del Destino, cuando despegue
Virando lo propio en propensión del Exordio
De una Vida: ¿vas a entrar al Mundo?

¿De qué carece el fugitivo? En principio, carece de “Morada”
Compelida, en cambio, ella a no dibujar sino tristemente una Curva
Ante la aproximación escénica de la confluencia maldita
La bisectriz del Diablo, figura encarnizada de un subterfugio ocre

Puente entre la locura y la imbecilidad
Los nichos lógicos de lo que compunge al nervio
Ebrio sentido, ahora se abre, a Fuerza de incertidumbre
Políticas del enclaustramiento que ya me asfixian

¿Qué vértigo? “Hay multiplicidad” – responde el Ser






Noviembre 2011

sábado, 29 de octubre de 2011

"Acto ◊ Saber inconsciente" (*)





La temática de nuestro Cartel, “Angustia e inconsciente”, presenta una articulación respecto de dos cuestiones que atañen especialmente a la clínica psicoanalítica. Cuando Jacques Lacan trabaja en su Seminario dedicado a la crítica de la “Relación de objeto” el abordaje freudiano del pequeño Hans, sitúa que no va resumir “en una frase todo el camino recorrido por Freud”, pero sí indicará que “la angustia siempre está ahí presente en las distintas etapas de su observación, y la doctrina viene luego.”


La angustia en cuanto que afecto es anterior a lo que se plantea a propósito de un cierto artificio significante – Saber - y surge la interrogación acerca de sí la Doctrina no sería sino una elucubración de saber sobre la angustia. Pero, ¿hasta qué punto se puede elucubrar saber sobre la angustia y qué hay de transmisible en ello? ¿la angustia no será acaso el signo de que el saber - como saber inconsciente - falla-en-tener una representación acabada de la “sustancia” del sujeto por cuanto este es un efecto del significante, en la orientación de que, como diría J. A. Miller, “faltando allí, no por ello está pura y simplemente ausente”?


Cito a Kierkegaard: “El hombre no podría angustiarse si fuese una bestia o un ángel. (…). … tanto más perfecto será el hombre cuanto mayor sea la profundidad de su angustia. Sin embargo, esto no hay que entenderlo (…) en el sentido de una angustia por algo exterior, por algo que está fuera del hombre, sino de tal manera que el hombre mismo sea la fuente de la angustia.”


¿Adentro o afuera? ¿Exterior o interior al Hombre? Como sea, la angustia es referente ético toda vez que sitúa la vinculación del sujeto con su Otredad, con su envés, esto es, lo Unerkannt, lo no-reconocido de sí mismo o el sí-mismo extraviado del sujeto.


¿Y qué decir en referencia al rasgo de mi quehacer en este Cartel, referido al “acto y el saber inconsciente”?


Vamos a decir: lo que se instituye como acción se sostiene en un Saber que puede ser tranquilamente, por ejemplo, el de la anatomo-fisiología. La acción motriz es aquello que uno podría en cierta forma adjetivar en términos de lo esperable que suceda para dicho “corpus teórico”. Existe un límite, una determinación de las posibilidades del cuerpo concebida en términos de “lo que sí” y de “lo que no”. La Biología, en este sentido, supone un “ejercicio de las posibilidades de hacer” (lo que se llama “acción”), pero el mismo está regulado por aquellas leyes que la establecen como Ciencia.


En términos psicoanalíticos, podemos pensar en este “ejercicio de las posibilidades de hacer” en sintonía con lo que del Gran Otro se circunscribe como eficaz para un hablante. Me refiero al inconsciente entendido es su faz imperativa y a los circuitos prefigurados del fantasma que otorgan una consistencia ontológica desgraciada al sujeto de la falta.


En este sentido, el acto se plantea a propósito de la falla del saber inconsciente, vinculándose así con el instante ético en su desborde a la constante Moral. El acto, estimo, habría que poder plantearlo cual acción que excede los parámetros de sentido del Otro, la sobredeterminación. Es lo que va más allá de una conducta regida por el mandato superyoico, que es menos el “imperativo del goce” que el goce del imperativo.


Finalmente, si la acción es como decíamos “el ejercicio de las posibilidades” que el Otro ofrece para hacer, definiremos entonces al acto en cuanto que ejercicio – en el sentido de cierta operacionalización – del orden de lo imposible.

(*) Ponencia presentada en la XX Jornadas Nacionales de Carteles de

la Escuela de la Orientación Lacaniana.

29 de Octubre de 2011. CABA.

La imagen: "Divisibilidad infinita", (Ives Tanguy, 1942).

martes, 4 de octubre de 2011

“Metáfora y transferencia. Incidencias del significante en la formalización de la cura”(*)



“Todas ellas son imágenes fundamentales, indiscutiblemente atiborradas de significación, lo que ocurre es que no hay estrictamente nada que hacer con ellas, y si te paseas por este nivel, todo lo que consigues es perderte con tu lamparita en la selva vegetante de los arquetipos primitivos.”
(J. L. 8 de Enero de 1958)

“Por mi parte, en esta especie de fulminación psicoanalítica a la que aquí me dedico, intento darles una letra que no se enturbie…”
(J. L. 29 de Enero de 1958)



1) ¿Qué Retorno?


Lacan representa el retorno a Freud. Ahora bien, de ningún modo debería estimarse este retorno como una reiteración acrítica de sus enunciados. Es preciso indicar que se trata, más bien, de un retorno sofisticado, singular y no ingenuo al sentido de su obra, en la dirección de una verdadera operación de lectura. ¿Qué lectura? Pues aquella que, en el marco de una fulminación psicoanalítica – al decir del mismo Lacan -, se sostendrá en el intento de una formalización destinada a “restaurar el acceso de la experiencia que Freud descubrió”. El vocablo “álgebra” deriva etimológicamente del árabe Al-jabr [جبر], cuyo significado es “reducción”. Lo “formal” de la propuesta lacaniana radicará, precisamente, en la intención de reducir las ambigüedades y la imaginarización suscitadas en la teoría debido a la vertiente semántica implicada en el uso del lenguaje (“muro del lenguaje”). Siguiendo esta misma orientación, el psicoanalista francés se apoyará en la lingüística estructural de Ferdinand de Saussure de donde echará mano de la cuestión del significante (“imagen acústica” del signo lingüístico) para remarcar tanto su predominancia por sobre el registro del significado (“concepto” del signo lingüístico) así como su función estructurante del inconsciente freudiano.



2) Repensando la transferencia a partir de la introducción del significante: clínica y metáfora.


Ya en 1894, Freud apuntaba como la esencia de las neuropsicosis de defensa el divorcio de una representación inconciliable (con el yo) de su afecto y el posterior “falso enlace” a una representación de carácter sustitutivo. Que se trate de una sustitución es lo que nos permite ubicar que allí está en juego, en términos de Lacan, una metáfora, por cuanto la misma involucra dicha operación: que un elemento venga en lugar de otro (S`/ S). Y así, pues, el síntoma se instaura en tanto que metáfora de un goce reprimido que retorna deformado (la metáfora opera como ley del retorno de lo reprimido). Años más tarde, en su texto “La dinámica de la transferencia” (1912), Freud va decirnos que “el individuo cuyas necesidades eróticas no son satisfechas por la realidad, orientará representaciones libidinosas hacia toda nueva persona que surja en su horizonte.” De manera tal que, en buena lógica, resulta harto probable que “oriente también a la persona del médico [analista]” dicha libido en estado de represión. Es decir que, ese afecto desligado, primeramente, de la representación intolerable (sexual) y situado a través de un falso enlace en una representación sustitutiva – la cual no es otra cosa, por cierto, más que el síntoma – será ubicado ahora ni más ni menos que en el analista. La pregunta que se nos impone por necesidad es, entonces: ¿Cuál es, desde esta perspectiva, el estatuto del analista? O, más precisamente: ¿Dónde está el síntoma ahora?



3) Vínculo analítico: una relación no “asegurada”.


“¿Qué sucedería si el médico [analista] (…) utilizase la eventual libertad suya y de la paciente para corresponder al amor (…)?”, se pregunta Freud en su texto “Observaciones sobre el amor de transferencia” (1914). Al estar del maestro vienés, se produciría de ese modo la divertida historia del cura y el agente de seguros: “Un agente de seguros, muy poco dado a las cosas de la religión, cayó gravemente enfermo, y sus familiares llamaron a un sabio sacerdote para que intentara convertirle antes de la muerte. La conversación se prolonga tanto, que los parientes comienzan a abrigar alguna esperanza. Por último, se abre la puerta de la alcoba. El incrédulo no se ha convertido, pero el sacerdote vuelve a su casa asegurado contra toda clase de riesgos.” ¿Cómo leer esta sutil comedia en los términos originales que Jacques Lacan supo hacer valer? Estimo que él ha desbrozado su lógica y la ha reducido a una fórmula algebraica: “El amor como significante (…), el amor es una metáfora – si es que, la metáfora, hemos aprendido a articularla como sustitución.” ¿Y de qué se trata, entonces, en la metáfora del amor? Lacan nos lo indica: “La significación del amor se produce en la medida en que la función del erastés, del amante, como sujeto de la falta, se sustituye a la función del erómenos, el objeto amado – ocupa su lugar.” De manera tal que, en la comedia que Freud nos plantea, este efecto que es el amor se da en tanto el cura cae entrampado ante la demanda del agente de seguros, quedando así “asegurado contra toda clase de riesgos”, naturalmente, dado que el gran escollo a manejar en la orientación de la cura, ya se ha consumado. Leemos en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (Seminario del 15 de Abril de 1964): “Persuadiendo al otro de que tiene lo que puede completarnos, nos aseguramos – destaco el nos aseguramos – precisamente de que podremos seguir ignorando qué nos falta.”



4) ¿Qué conversión?


El psicoanálisis no es sin política. La misma se distingue y contrapone a la histérica, en donde el deseo reprimido se manifiesta en el síntoma a través de lo que Freud nos enseñó como conversión. Con-versión, es decir, con-fantasma: escena que sostiene la reiteración de un goce que aplasta y aplaza toda posibilidad de poner el cuerpo en acto. Estimo que el “retorno a Freud” impulsado por Jacques Lacan es inseparable de un posicionamiento ético absolutamente original y propio de nuestro campo. Quizá, halla resultado algo curiosa la analogía establecida entre el cura y el agente de seguros con la relación analista – analizante, y que leímos en clave de una fórmula algebraica a los fines de destacar la estructura significante – es decir, fundamentalmente simbólica, y no únicamente “afectiva” u “objetal”, o sea, imaginaria - de la transferencia. Sobre todo, es probable que haya resultado algo chocante en lo tocante al vocablo “conversión”. Mas, si utilizo el mismo, no lo hago, desde ya, ingenuamente, puesto que es el mismo Jacques Lacan quien lo convoca: en su Seminario sobre los Problemas cruciales para el psicoanálisis, y, justamente, a propósito de la dimensión ética en la dirección de la cura. Finalizo, de esta manera, con aquello que él nos dice a este respecto: “Ser psicoanalista es estar en una posición responsable, la más responsable de todas, en tanto él es aquel, a quien le es confiada la operación, de una conversión ética radical, aquélla que introduce al sujeto en el orden del deseo…”.



(*) Trabajo presentado en la Jornada Jacques Lacan “Las formaciones del inconsciente” de la Cátedra I (D. S. Rabinovich). Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. 20 de Noviembre de 2010.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Invitamos a participar: Curso "Introducción a la Obra de Jacques Lacan" - A partir de Octubre 2011





Presentación y Objetivos

Se trata de una actividad destinada a brindar las herramientas fundamentales relativas al discurso del psicoanalista francés Jacques Lacan. Se abordarán los conceptos principales de tal autor, pero siempre intentando realizar una presentación en la cual una lógica deje entreverse y no una mera exposición acabada de un saber ya legitimado, sin fisuras.



La propuesta se inserta en un intento de formación y transmisión crítica, más allá de los dogmatismos habituales en donde se sostiene la quimera de un Maestro que “sabe” y un alumno que “ignora”. En tal sentido, la modalidad de trabajo no excluye el debate y el cuestionamiento de aquello que hace a la doctrina analítica.


El psicoanálisis es hijo de la experiencia y no de la especulación. Esta remisión insoslayable a la clínica, hace del psicoanálisis un pensamiento crítico y el origen de una experiencia ética sin precedentes, permitiéndonos relativizar la perspectiva que ve en él una simple concepción “psicopatológica”.


Consideramos que el giro producido en el campo analítico por Jacques Lacan acentúa este quiebre inducido por el mismo Freud en la cultura. Su consigna fundamental, “el retorno a Freud”, da cuenta de un original intento de sustraer al psicoanálisis de su pegoteo con morales diversas, sean estas laicas o religiosas. La introducción formalizada del orden del lenguaje, del campo del goce y del conflicto del deseo, hacen de la enseñanza de Jacques Lacan un capítulo insustituible en lo que a la formación analítica respecta, en tanto apuesta a la singularidad de cada sujeto, allende las categorías clasificatorias a las que se preste adherencia.


Nuestra apuesta se inscribe en el sentido de revalorizar ese deseo: el que sostiene más allá de toda sobredeterminación, una convicción en la causa.



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CONDICIONES FORMALES DEL CURSO:


- Inicio: Sábado 1° de Octubre de 2011. Cierre: 22/10/2011


- 4 (cuatro) encuentros de 2 (dos) horas de duración.


- Cantidades máxima de participantes: 10 (diez)


- Coordina: Lic. Luis F. Langelotti


- Inscripción a: losange_@hotmail.com enviando DNI, nombre completo y un número de teléfono.


- Se entregarán certificados de asistencia.

sábado, 6 de agosto de 2011

Grupo de Lectura “Edipo, Angustia e Inconsciente” – 5 de Agosto de 2011



“A esta versión nueva de la afección antigua se la ha seguido desde el comienzo, se la ha visto nacer y crecer, y uno se encuentra en su interior en posición particularmente ventajosa, porque es uno mismo el que, en calidad de objeto, está situado en su centro.”
(S. Freud, Lección XXVII, “La transferencia”)





El límite del deseo es el deseo del Otro. Yo puedo querer mucho, pero si el Otro no quiere, en ese punto, habré de quedarme con las ganas. En tal sentido, inclusive, algo del condicionamiento mismo del deseo está en juego. Podemos dar un ejemplo comprensible, a nivel de lo que se plantea como la situación infantil, en el que una madre supuesta pone en juego su deseo y en tanto el mismo no coincide con el capricho del niño, allí pues, habrá de jugarse una puesta en acto de la dimensión del Padre como límite. Pero no vaya a entenderse que ahí hay un freno al deseo del niño, al contrario, el sujeto es invalidado en su posición de objeto de goce y es allí cuando se abre realmente la pregunta respecto del deseo. Que el niño comience a angustiarse, no es algo casual, puede ser la señal de cierta apertura respecto de una circunstancia oscura, o bien, signo de la necesariedad de que tal apertura principie a despejarse (el “ataque de pánico” como protesta subjetiva frente a una condición existencial desubjetivante).



Cuando hablamos del objeto no hablamos de un “objeto-cosa” en el sentido de la realidad. No. Hablamos de una posición y, por qué no, de un lugar. A esto se refiere Lacan cuando sitúa el hecho de que el objeto a es un producto de lo simbólico. Digo, no es exactamente esto lo que Lacan plantea, desde luego, estoy haciendo una lectura que me parece que trae aparejada dos ventajas: la desustancialización del objeto, por un lado y, por otro, el énfasis en la vertiente simbólica de la producción del mismo, ya que no hay plausibilidad de concebir un lugar sino es a partir de la preexistencia del orden simbólico en cuanto tal. Que situemos lugares, distancias, pérdidas, ganancias, prohibiciones, tamaños, etc., todo esto ¿de qué depende sino del hecho mismo del lenguaje? Se podría decir que todas estas cuestiones corresponden al orden imaginario. Bien, es verdad, pero creo válido hacer extensible esta determinación simbólica de lo imaginario también respecto de lo real. Dije: determinación, no causa. La causa es, precisamente, en el orden inverso, es decir, lo real es causa de lo simbólico.



Pero bien, retomando esta cuestión del objeto como lugar más que como cosa, entonces, pues bien, nos alejamos de lo teóricos de una relación de objeto en lo real. Se tratará del distanciamiento, del corte de un cuerpo en relación al objeto del fantasma del Otro. El Padre sitúa cuál es el objeto fantasmático del deseo materno. Creo que la referencia fuerte aquí es “Dos notas sobre el niño”, que pueden encontrar en “Intervenciones y textos 2”. Cómo el síntoma infantil se aviene a representar la verdad del objeto de goce del Otro cuando el Padre, el padre como dimensión y no como “persona”, no hace su jugada. Insisto: se trata menos del niño como objeto en sí que como coincidencia simbólica a nivel del objeto del fantasma del Otro materno. El objeto del fantasma del Otro materno es imaginario, desde luego, imaginario para ella (la madre), podríamos decir. Para el “sujeto” ese objeto en tanto lugar que él ocupa es real. Real en el sentido de que lo que se presenta como fantasma para el Otro es para el sujeto su goce pulsional mismo, es cómo es gozado (por nadie, por ningún “alguien”, en última instancia, excepto el significante autónomo) y sólo a partir del Padre puede ser enmarcado como fantasma para él también, pantalla que hará: del trauma, Otra cosa (“… si lo real es el trauma, lo es como [des]encuentro con el lenguaje” – dice Serge Cottet); del significante, palabra; de la falta, deseo.



Por eso hablábamos del síntoma. Que el síntoma infantil responda a un fantasma, no es seguro que ese fantasma sea ya una construcción del niño, como puede serlo el síntoma en la clínica de adultos (o en la clínica de niños misma, pero no en todos los casos). Si estamos hablando de la constitución subjetiva, lo que aparece en calidad sintomática para el sujeto infantil es goce “auto” erótico “puro”, a saber, no mediatizado por la dimensión del Padre y el fantasma en juego es el fantasma materno (en rigor de verdad, no necesariamente la “madre”). Se tratará de cómo el sujeto podrá sustraerse de esa escena del Otro: pero no estoy hablando del atravesamiento del fantasma, eso es radicalmente otra cuestión, lógicamente ulterior, corresponde a la “clínica de adultos”, si quieren tomar una referencia algo imaginaria tal vez (ya que la neurosis es siempre infantil), quiero decir que se plantea como un objetivo clínico en referencia a un sujeto ya constitutido – constitución siempre fallida, desde luego y por suerte, es decir, in-constitución o constitución inconstituyente (definición más acorde con la riqueza paradojal del psicoanálisis).



Entonces, la jugada remite a un corte respecto del objeto de goce del Otro, quitar al cuerpo de allí supone un retiro de la libido del yo y su puesta en vinculación con lo objetos del mundo (recuérdese la fijación al narcisismo apuntada por Freud a propósito de las Psicosis). ¿Qué es esto sino la muerte misma del yo-ideal y, en esa dirección, cierto fallecimiento de la Omnipotencia del Otro? No estamos hablando de algo diferente que de la ruptura respecto de la constitución subjetiva plena, lograda. En este punto, siempre resulta interesante tomar la hipótesis freudiana respecto de la constitución del superego como estando ligada a la represión: bien, ¿qué pasaría si en lugar de represión tuviésemos sepultamiento? El término sepultamiento no es algo que deba ser entendido como distinto del rechazo (Verwerfung), es decir, de la forclusión. ¿Acaso tendríamos algo diferente de la instauración de un superego radical y del rechazo mismo de la escisión subjetiva? Se trata, a nivel de la participación del significante del Nombre-del-Padre, de la interpelación del hecho – siempre amenazante - de que el sujeto se constituya en plena concordancia con lo deseado por el Otro, es decir, que el deseo armonice con la Demanda. El fantasma de devoración por la Madre es una elaboración de una posibilidad que, en el origen, es real: ser devorado por el significante, ser nombrado acabadamente como sujeto, ser objetivado. La fenomenología paranoica, en algún punto, sitúa algo de esto: ser representado por todos los significantes del mundo. Es que es el sujeto ha quedado reducido a un significante, strictu sensu. Aquí podría señalarse que, si pensamos en la Demanda como un puñado de significantes englobantes ($◊D), en las Psicosis la Demanda está en lo real – no casualmente articulada como voz imperativa, orden, etc.


El objeto como causa del deseo supone la constitución de un lugar que es el del resto, lo que queda expulsado, por fuera, se trata de la institución misma del exterior: no todo es significante, o al menos, no todo lo de un sujeto es factible de ser reducido a lo simbólico – ni a lo imaginario. No es que el objeto a está por fuera. Esto, planteado así, supondría entonces que lo real es un mundo Otro al cual la cosas se podrían echar (lo real como “bolsa”). Mi posición es indicar que el exterior humano es el objeto a. Se trata menos de un objeto-cosa que habría de quedar por fuera que de ese “afuera” en cuanto tal.


Entonces, se trata de que si el objeto, el afuera, etc., se constituye, esto no es sino porque, por otro lado y en buena lógica, damos con la institución de un interior. Bien, ese interior, es la escena del fantasma, en la cual desde luego, el sujeto también está en posición de objeto, pero se trata de un objeto de índole imaginaria. Ahora sí hablamos ya de la interpretación del niño. El sujeto toma la palabra, abroquelado: que al niño se le permita tener un deseo no es distinto del hecho de que al niño se le permita tener un fantasma. Es la identificación del sujeto con el objeto de la prohibición paterna (su relación al deseo del Padre, que hace Ley). Que el sujeto se masturbe pensando en ese objeto, fantaseando con ese objeto, etc., no es argumento suficiente como para pensar en una relación diferente que la que llamamos identificación. La masturbación fantasmática es siempre masturbación narcisista y supone una defensa del sujeto frente al goce primordial: el sujeto se cree agente y no padeciente. De hecho, el sujeto quizá no sea algo distinto de esa creencia misma y tal vez sea erróneo decir “el sujeto tiene una creencia” – es una hipótesis. Puede ser que también estemos hablando del moi y, en ese sentido, diríamos que el moi es homogéneo - en tanto el narcisismo es la defensa por excelencia frente la diferencia de los sexos – a esa creencia según la cual sujeto ≡ agente. En este punto, también habría que introducir la vertiente de la realidad como algo muy distinto de lo real. Bien.



Pero lo importante es que lo fallido de esta creencia se trasluce en la compulsión masturbatoria donde claramente aparece lo pulsional velado (esa posición perdida de objeto de goce del Otro, lo real).



Se presenta una pregunta: ¿de qué hablamos cuando hablamos del objeto causa del deseo? Mi pensamiento es que se trata de esa posición imposible en la cual, en sentido estricto, jamás se estuvo, ya que el goce del Otro no está prohibido: es imposible. Hablamos del goce como goce total, que el sujeto pueda dejar de ansiar encontrarse con ese goce total (o que viva permanentemente previniéndose de ese encuentro más bien, intensificando el deseo) es un avance en la dirección de la cura, ya que podrá gozar parcialmente, es decir, soportando y asumiendo algo de la insatisfacción. El neurótico es el rechazo de la castración, es decir, del goce pauperizado que supone el hablar. Pauperizado respecto de un goce absoluto supuesto. Esto goce absoluto supuesto, se lo vuelve a hallar a nivel del fantasma, porque lo parcial es tomado como objeto-tapón de la hiancia en el Otro. Otra cuestión se planteará una vez ubicado el sujeto en confrontación con los significantes de su propia demanda. Es decir, una vez confrontado el paciente (“la persona” que consulta) con aquellas marcas que lo sujetan como sujeto - más allá del fantasma que deniega dicha sujeción – y en relación con la indeterminación simbólica misma (la relatividad de esos significantes). “Podría haber sido otra cosa” – este es el sentimiento de un bueno giro en el análisis. “Sí, sí – diría un buen analista –, puede hacer otra cosa…”. Seguimos la orientación freudiana del Edipo como complejo nodular de la neurosis y, en este sentido, vamos “del ser al tener”. O también, “del ser al hacer”, que es también a-ser, falta en ser puesta en acto.



Entonces, recapitulando brevemente, la dimensión del a como causa del deseo es correlativa, a nivel de la constitución subjetiva, del posicionamiento del niño como intérprete del deseo del Otro, y a nivel de la dirección de la cura en el marco de un análisis, del cuestionamiento mismo de ese lugar. A nivel de la constitución subjetiva se dan las condiciones (creación de un afuera y de una escena) para que posteriormente algo se pueda hacer operativo (ese afuera mismo) en relación al deseo inconsciente que atraviesa a un sujeto.



Y el analista: ¿qué? ¿En qué posición ha de estar? Esta pregunta corresponde no a otro capítulo que al de la transferencia. Pero: ¿a qué llamamos transferencia?




Buenos Aires, Agosto de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

Grupo de los Viernes: Edipo – Angustia – Inconsciente, encuentro del 29-07-2011


Durante nuestro último encuentro destinado a la indagación teórico-clínica respecto de la triada Edipo – Angustia – Inconsciente, se retoma el interés respecto de instalar un orden lógico diferencial en lo tocante a la dinámica grupal respecto de lo que se instituye como transmisión universitaria, de manera tal que se puedan ubicar puntos de disonancia – suplementarios – que excedan la egosintonía de la formación de factura académica. En tal sentido, se plantea la cuestión del saber en una antinomia posicional “profesor de psicoanálisis” – “psicoanalista”. Se da lugar a la pregunta respecto de qué pone a prueba en su análisis aquel que pretende sostener una perspectiva analítica en lo relativo a su escucha del sufrimiento singular que afecta a un sujeto. En esta dirección es que se ubica el proceso analítico como una economía política del saber: pérdidas y ganancias. Cuestionamiento del saber yoico por la vertiente del saber como saber inconsciente. A este respecto, se sitúa al inconsciente como un saber en sí mismo y no tanto al saber como un saber al cual se lo podría describir como ajeno a la conciencia. No se trata tanto de una adjetivación del saber sino de ese saber mismo en tanto es el inconsciente. Por eso se diferencia al saber del conocimiento. De manera tal que se plantea la pregunta respecto de qué le falta al sujeto: ¿le falta al sujeto el saber? Se abre la indagación situando otros dos términos: Otro y Ser.

Bien: ¿Qué le falta al Otro? ¿Qué le falta al sujeto? Se abre la pregunta. Se desarrollan distintos modos de respuesta posible, a partir de estas preguntas, verdaderas inversiones dialécticas. En primera instancia, se plantea la vertiente freudiana del Complejo de la Castración en la orientación fálica de la carencia. Tanto al Otro como al Sujeto le falta el Falo. Ahora bien, se puntúa que en efecto pero no en el mismo sentido, ya que a la Madre le falta el falo en el sentido de que ella no lo tiene y al niño le falta el falo pero en la medida en que no lo es. Se plantean el ser y el tener como dos órdenes vinculados pero diferenciables en el marco de la clínica y de la apoyatura teórica que desde el psicoanálisis planteamos como constitución subjetiva. Por otro lado, se señala que lo que el analista pone a prueba o puso a prueba en su análisis no es tanto la falla del conocimiento sino más allá de tal fisura la falla misma del saber inconsciente, verdadero margen de indeterminación que bifurca lo que es, por un lado, la esfera de la causa (real) y lo que es la sobredeterminación simbólica, por otro. ¿A qué sino a esto hará referencia la propuesta lacaniana de un deseo del analista, deseo impuro destinado a diferenciar al máximo el Ideal del objeto a? Se trata de la falta en el campo del Otro, lo cual nos ubica de cara a lo que no cesa de no escribirse. En tal sentido, se retoma la cuestión de por qué angustia el deseo del Otro. ¿Qué implicancias lógicas son adscribibles a la carencia de lo simbólico, en qué falla el inconsciente? Se trata de una falla a nivel del saber. En el Otro no falta el ser sino el saber, o también, el saber es incompleto. Ahora bien, ¿en relación a qué sino en relación al sujeto capturado por ese saber? Al sujeto no le falta el saber porque es precisamente ese saber el que lo constituye como sujeto. A esto nos referimos cuando decimos que el sujeto es un efecto del lenguaje, o que el sujeto está sobredeterminado por el significante. Pero ese saber es fallido en su relación al ser del sujeto. El sujeto vela la falta en el Otro para resguardarse de su propia falta en el marco de una irreductible indefensión existencial. Si el Otro no lo representa (no sabe) entonces el sujeto queda confrontado con su propia falta ontológica. Jugando con los términos, in-defensión se trata de la falta de la defensa: ¿y cuál es esa defensa sino la represión misma en tanto AFIRMACIÓN PRIMORDIAL de significantes en los cuales el sujeto se mal-representará? La indefensión, el desamparo, se trata de estar sujetado como objeto del capricho del Otro, en tanto el otro me puede tirar por el inodoro en caso de que no me quiera. Fenómenos de “marasmo”, referentes clínicos que nos exigen pensar en la necesariedad de la alienación a lo simbólico, en tanto si el niño pretende satisfacer su intención de compartir un lenguaje debe moldearse en su naturalidad (castración). Ahora bien, in-defensión siguiendo la vía de la falta de la defensa primordial, es falta de la falta y por eso Lacan allí sitúa la angustia, por cuanto no sólo se trata del peligro de que el Otro rechace representarme (nombrarme) sino también se plantea en el marco de esa situación originaria la amenaza de que el Otro me represente completamente. Se vincula esta nominación plena con la figura del super-yó. Si el super-yó es pensado en Freud como aquello que se instituye a partir de la des-catectización de las figuras parentales, pues bien, factor cuantitativo en juego, ¿qué pasaría si el Complejo de Edipo fuese sepultado en lugar de reprimido? ¿Acaso esto no llevaría a la constitución de un super-yó radicalmente aplastante del sujeto y el sujeto no quedaría menos como sujeto de la falta que como in-dividuo, es decir, como persona “normal” en tanto carente del conflicto que introduce la Spaltung del deseo y la demanda? En el origen, la transferencia y por eso el deseo del analista es el factor fundamental de la dirección de la cura. La transferencia en en sí misma velar la falta del Otro, por cuanto se trata de la ilusión consistente en investir a un otro (un semejante) del poder de saber acerca de mi ser de sujeto. Autorización del otro como Otro (après coup del mandato que transforma una palabra cualquiera en una demanda eficaz). Se trata menos de la existencia de seres autoritarios (vertiente que supone a la palabra de un valor referencial) que de seres investidos de autoridad. Otra vía de pensamiento referida a la indefensión existencial, se plantea a propósito de la inexistencia de un “origen” y de un “destino” en tanto que reales. La causa no es el origen. El origen es más bien invención, artificio, novela, ficción, escena del Otro, fantasma. Por otro lado, el mundo en cuanto que real. Igual cuestión respecto del destino: inexiste la respuesta real respecto de la pregunta ¿hacia dónde? (¿qué elijo? ¿quién soy?) . Y así damos con el valor del deseo. El valor del deseo en el fantasma: permite una sustracción del respecto del Otro de la demanda. Ahora bien, el problema es introducido cuando ese fantasma mismo plantea un goce de la insatisfacción y de la imposibilidad que pauperiza la vitalidad de una persona en lo referente a su ser-en-falta. Si la falta es el motor de la relación del sujeto con el mundo (Lacan, Sem. IV), entonces la vertiente del deseo como deseo inhibido en una escena que es la del fantasma plantea una problematización del deseo en acto. Se plantea este respecto la vertiente del deseo en el fantasma como una formación de compromiso en tanto el sujeto se escapa del Otro de la demanda pero no asume al Otro del deseo sino que también le rehuye. No se trata tanto del deseo del Otro como del Otro del deseo en el sentido de tres términos: SUJETO – DESEO – OTRO. ¿El objeto a es causa del deseo o es el deseo mismo en tanto objeto perdido y, en ese sentido, es causa real del sujeto? Bien, se abren distintas vías en función de las cuales seguir planteando preguntas que dificulten nuestra comodidad respecto de una clínica que no es la de la armonía precisamente.

Buenos Aires, Julio de 2011.

viernes, 29 de julio de 2011

"Práctica y discurso del psicoanálisis"





Cuando el impulso de la vanguardia parece haberse convertido en un tímido movimiento inercial. Mientras que las pasiones de los debates primeros se hallan reducidos a nada más que tibios comportamientos inmotivados. Ahora que la locura del riesgo de "hacer una interpretación" ha quedado normalizada por la nueva jerga sin debate Anabel Salafia publica como escrito aquello que fue hablado hace 22 años en las Escuela Freudiana de la Argentina, en un trabajo artesanal en torno al Seminario VII de Jacques Lacan La Ética del psicoanálisis Un Seminario que se hace canónico, ya que soporta la interpretación necesaria para cada generación. Un Seminario que demuestra, como otros Seminarios y algunos textos fundamentales de Sigmund Freud, su carácter ahistórico y por lo mismo siempre moderno.


(Del prólogo de Carlos Quiroga)

sábado, 16 de julio de 2011

El desafío de formular, sin atrancar, una experiencia: encuentros analíticos




Una vez, cuando se dirigía a la escuela dominical, vio a unos niños malos que salían a pasear en bote. Quedó consternado, pues sabía, por lo que había leído, que los niños que salían a pasear en bote un día domingo se ahogaban tarde o temprano. Así que salió en una balsa para advertirles, pero un tronco se cruzó en su camino y se cayó al río. Un hombre lo salvó bastante rápidamente; el médico le sacó el agua que había tragado, le insufló aire hasta dejarlo nuevo, pero tomó frío y estuvo enfermo nueve semanas. Pero lo más increíble de todo fue que los niños malos pasaron un día espléndido, y volvieron a sus casas, sanos y salvos, por sorprendente que parezca. Jacob Blivens dijo que en los libros no ocurría nada parecido. Estaba absolutamente perplejo.”

(La historia del niño bueno, Mark Twain).


Durante los últimos encuentros del Grupo de los Viernes, se han ido articulando distintas y sumamente interesantes cuestiones. El desafío, siempre el mismo quizá, pero cada vez diferente: formular una experiencia bajo la exigencia de no reducirla a preceptos incuestionables, a lugares comunes en donde hacer-la-plancha respecto del caso por caso, esto es, respecto de la singularidad de cada análisis, de cada sesión - exigencia que plantea desplegar una fulminación de Saber y que el analista debe soportar para operar en tanto tal (renuncia al goce de ser el Otro). Poder situar referencias esenciales, pero que no esencialicen, que no disciplinen nuestra disciplina.


Respecto del genial artículo freudiano "Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre" (Cap. 1 de las "Aportaciones a la Psicología de la vida erótica"), se pudieron ubicar ciertos planteos freudianos que hacen a la sobredeterminación significante de la sexualidad humana. ¿Qué implicancias tiene esta determinación significante, esta subversión simbólica, este redoblamiento de la vida sexual humana? Pues bien, Freud plantea condiciones en el abordaje por parte del sujeto "masculino" en referencia al objeto de su elección sexual. Se tratan de rasgos que no se derivan sino, al estar del maestro vienés, de la "constelación materna", es decir, de la fijación incestuosa de la libido a la figura de la Madre. Respecto de la cuestión de "lo masculino", y también en ligazón con el texto que nos propusimos trabajar seguidamente de este ("Sobre la más generalizada degradación de la vida erótica"), hablamos de la histeria y su hacer de hombre. Ella no degrada al objeto que elige, no fantasea que se está cogiendo a Otra, para decirlo mal y pronto, como sí lo hace eventualmente el obsesivo para acceder a cierto plus-de-gozar; no, ella se transmuta a sí misma, ella se cree Otra, se degrada a sí misma. Su femineidad en tanto tal aparece mal-decida, degradada, puteada.


Se pregunta Colette Soler (Ce que Lacan disait des Femmes, 2004): "¿Se deben concluir que histeria y femineidad forman un todo, como aparentemente lo postula la etimología que deriva del término útero?" Y más adelante afirma: "La respuesta de Lacan es diferente y la frontera entre histeria y femineidad debe ser precisada." En este sentido, precisa que "Mujer falo no indica una identificación sino un lugar, el del complemento del deseo masculino". Lo que define la particularidad de la histeria, absolutamente capturada en la lógica fálica, es una secreta voluntad de no querer satisfacer el goce de la carne en beneficio del goce de la falta en sí misma, por eso Lacan afirma como típico de la posición histérica una identificación no con la causa de la falta sino con la falta tomada como objeto ("Introducción a la edición alemana de los Escritos"). Muy diferente de la posición femenina: La mujer quiere-gozar.


Es interesante el planteo freudiano, respecto de la supuesta diferencia Madre ≠ Puta. En el inconsciente, las más arraigadas antitesis del yo, se presentan como lo Uno y lo mismo. La madre es la Puta, el joven la degrada para poder abordarla. Se trata de "La novela familiar del neurótico" en la cual el sujeto despliega fantasías atinentes a las relaciones sexuales de su "intachable" Madre.

Hablamos así de una de las causas más frecuentes, según el mismo Freud, de consulta a un analista, a saber, que NO HAY RELACIÓN SEXUAL. Sólo que esto, a nivel de la neurosis, aparece a nivel fenomelógico, es decir, aparece en cuanto que degradación imaginaria (sabemos el pleonasmo en el que incurrimos con esta expresión) de la imposibilidad estructural respecto de una adecuación suficiente, de una imbricación exhaustiva entre un sujeto y un objeto.


¿Qué significa que no haya relación sexual? Podría plantearse así: no hay EL objeto del sujeto, por eso el sujeto es falta-en-ser y, de ese modo, toda consistencia no es sino desgraciada, así como todo intento de alcanzar la COMPLETITUD respecto de una asunción plena de una imagen ideal, es fracasado, de hecho, dañino, y no termina más que en la desintegración imaginaria (como lo demuestra la short Storie de Mark Twain). En la breve aventura del célebre escritor, la referencia al Saber y al modelo ideal que lo simbólico delimita como deseable, no acarrea sino la desgracia del Sujeto como sujeto-de-la-falta. En tanto el sujeto es falla simbólica, escisión a-ontológica, en el fantasma alcanza una consistencia errátil, pero una consistencia al fin. ¿Qué es lo velado en el marco del esa escena, de ese simbólico capturado en cierto uso imaginario? Lo que cierra, lo que atranca es la vertiente del deseo del Otro. En la medida en que el deseo del Otro, o más precisamente, el Otro del deseo, es falta de garantía respecto del ser-sexuado del sujeto y respecto de su ser-para-la-muerte, le devuelve la pelota a este para que haga lo que pueda con su condición. Entonces, no se trata tanto de aburrimiento respecto de tener que hablar del "pasado" - como plantea un paciente (cuestión que, por lo demás, no deja de ser cierta queja común a todo aquel algo reacio a recostarse en un diván - ¿y quién, por otro lado, podría exceptuarse a este respecto?) - sino de la angustia referida a tener que encontrarse con lo de que de la trama del Otro no cierra, es decir, tener que renunciar a esa desgraciada "comodidad" de representarse en los espejos del castillo parental. El sujeto figura en la trama como objeto. Por eso, una clínica que sea del psicoanálisis, no tiende a sustituir una trama por otra que sería mejor, sino que apunta al fuera-de-trama, a lo que desborda al guión prestablecido. Sabemos que hay escenas que, en toda película, quedan por fuera, no son incorporadas en la versión oficial. Pues bien, allí está lo reprimido, lo proscripto cuya emergencia en los sueños y demás formaciones del inconsciente - siempre distorsionado - aparecerá expresándose como puede. Pero más allá del retorno de lo reprimido, de la trama que retorna e insiste, lo que desborda, lo que excede. Y así, explanada donde ya no se tratará de la obediencia o desobediencia respecto de la palabra del Otro sino de la responsabilidad del Sujeto respecto de la propia palabra.


La angustia irrumpe como el afecto efecto de la renuncia a mamar de esa leche que es el sentido del Otro, sentido gozado que vela la inexistencia de la relación sexual y que obtura la plausibilidad de un amor real, de un encuentro que no por fallido menos interesante.


Buenos Aires, Julio 2011

sábado, 9 de julio de 2011

"Psicoanálisis: escritura de la falta-en-ser"




Este libro quizás sea la forma in situ de confrontarnos al pasaje que se opera en el encuentro de la propia escritura. No de cualquier escritura, de aquella que escribiéndonos realiza una obra. ¿Dónde se produjo la escritura de Psicoanálisis, escritura de la falta-en-ser? ¿Podríamos decir que en la lectura de los textos que dejaron su marca en el autor o en los aconteceres del trabajo clínico donde los analizantes nos confrontan cada vez a la pregunta acerca de qué psicoanálisis, de qué cura, de qué sujeto hablamos? ¿Durante el seminario, dispositivo elegido por Oscar Lamorgia donde transmisión y ética se aúnan en un ir diciendo, no de un saber constituido sino de aquel que irá precipitando a partir de ese decir con otros, en ese diálogo que hará de las propias letras, escritura? ¿O en el momento de la escritura material, cuando el teclado imprime en la pantalla la reescritura de lo que se podría llamar degrabación de las clases, pasaje de lo oral a otra textualidad? En cada uno de ellos y no solamente, una escritura se fue realizando y es esa riqueza lo que nos transmite Psicoanálisis, escritura de la falta-en-ser, avanzar desde lo que inquieta el pensamiento para poder cernir conceptos que hacen al cuerpo del psicoanálisis y conmueven, si se permite el desliz poético, en el corazón de su práctica.


(Del prólogo, de Alicia Smolovich)

sábado, 2 de julio de 2011

"La palabra le hace frente al espanto"



Que “no nos una el amor si no el espanto”
Dice varias cosas, esta media tarde
En principio, que el amor separa
Zanja y disjunta el pacto
Y también afirma el espanto del Uno

Prensado, pensado, borrado
Grave, de mal amor, pésimo
Sustraído del sentido
Cargado de mil dudas
Mil sentidos del ausentido

Si todo significa algo
Nada significa nada
Y yo (hombre) quedo como
correlato de un ente imposible

Coma de una oración sin punto
Celoso del renglón silente
Oración quemada, agarra esa bestia
Me tira, amarre de la totalidad
Ni idea hacia dónde, para qué ni cómo

Ser el centro, sonámbulo
Nihilismo gozoso y aplastante – debo pronunciarme ya
Excesiva vacuidad, fijeza del ojo
Que todo lo ve; él es todo

Y un terrible suspiro, desértico
Casi plomizo, denso y envolvente
“proto-humano-sin-camino-y-vencido”
Un espejo en mi nuca donde no
Me veo para nada bien

Reiteración, capicúa malformación
Juego siniestro de dubitaciones
Eternas, embarazoso lanzarse
Me preocupo por el fin
¿pero, cómo, si aún no (me) arranqué?

Quisiera arrancarme-de (y transitar la denegada mortalidad, lúcidamente)
Ese lugar inmortal, vetusto y pálido
Holgazán espectro de suspenso sin fin
“nada es cierto, ni real, ni amable”
Puntilloso karma del romper la calma

¿Y a ella? ¿La quiero o es marioneta?
Agarrada también de mi monstruo
Como si no tuviera con qué: espanto
Ordenado, encadenado, mal drenado (algo no se fue)

¿Quién es ella? ¿La muerte? ¿La vida?
¿Qué es ella? ¿El destierro? ¿Mi angustia?
¿Cómo es ella? ¿Negra? ¿Débil? ¿Maldita?
¿Qué quiere ella de mí?



Buenos Aires, Diciembre 2010




lunes, 6 de junio de 2011

Grupo de los Martes: recapitulación al 31 de Mayo de 2011

1)


“Que ese Otro no haga lugar a ciertos significantes…”. Durante el último encuentro de nuestro grupo destinado a la indagación crítica de la cuestión de las psicosis, siguiendo la perspectiva del psicoanálisis, se plantea en una primera instancia el énfasis en el diálogo infantil: “Pensemos en el diálogo infantil del niño o niña con su Otro, con aquel al que le va dirigida la palabra por excelencia.”¿Cómo pensar el hecho de que el Otro no haga lugar a la castración? Puntualmente, se trata de su castración:

- No haga lugar a la Ley
- Que sea Todo Ley

¿Son dos propuestas diferentes o, precisamente, se trata de lo mismo? ¿De qué Ley se trata a nivel de esa Ley en relación a la cual no hay lugar para el sujeto?
Otra modalidad de abordaje se piensa desde el narcisismo: ¿Cuál es el valor que tiene un hijo para una madre? El niño es una suerte de “parche narcisista”, el niño viene a tapar la falta de ella en tanto el falo que la Madre no le dio: el hijo (de una madre x) tapa la falta de los padres (abuelos). El narcisismo parental sujeto a castración, goce fálico que deberá ser atemperado: deberá ceder.

2)

Página 297 del Seminario 3: “El otro extremo, es el caso en el que se saben de memoria lo que está en el texto. (…) No leen lo que ya se saben de memoria. (…) A menudo se tiene la impresión de que la intención que dirige profundamente al discurso tal vez no sea otra que la de permanecer exactamente en los límites de lo que ya ha sido dicho. Parece que la intención última de este discurso es hacer señas a sus destinatarios y probar que quien lo firma es, si permiten la expresión, no-nulo, capaz de escribir lo que todo el mundo escribe.” Interesante propuesta lacaniana. Se sitúa luego, y en tanto que contrastante con esta “neutralidad” y “objetividad científica”, la singularidad del testimonio psicótico, y el valor de verdad del delirio para un sujeto.
Otra línea de indagación crítica se plantea a propósito de la lectura de Gustavo Maggi ubicable en el libro de Oscar Lamorgia “Psicoanálisis: escritura de la falta-en-ser”, sobre “La hermenéutica del sujeto” de Michel Foucault. El acceso a la verdad en tanto que oneroso: el sujeto debe pagar con su propia transformación. No goza en tanto tal de la “capacidad” de apropiársela (de la verdad) siguiendo la vía tradicional del “conocimiento”. Ejemplo del sujeto de la “Casa de medio camino” que, estando en un Taller de música, indica que la canción “El oso” le resulta interesante para cantársela al psiquiatra. “Es lo que pasa acá, ¿no?”. Cuestión delirante o no, pero que involucra la dimensión de la verdad. El sujeto psicótico como aquel que muestra claramente la posición subjetiva de padecimiento del saber. “Yo vivía en el bosque muy contento…”

El conocimiento como un camino que no conduce a la verdad en la antigüedad. Diferencia a la época moderna en donde el cogito cartesiano implica un pensamiento que se piensa a sí mismo y se presenta al conocimiento como la vía regia en el acceso a la verdad. Ausencia de esa necesariedad de transformación subjetiva. ¿Cómo vincular todas estas cuestiones con el campo psicoanalítico? ¿Se trata de conocer más sobre la doctrina meramente o se plantea lo académico (los enunciados) como necesarios pero no suficientes en lo tocante a la realización analítica: el problema del saber?

3)

Se sitúa una suerte de esquema de correlatividades lógicas del proto-sujeto o “acerca de las operaciones estructurales en el armado del significado al sujeto”. En primera instancia, la causación de la sexualidad por el significante (parcialización sexual del organismo viviente, obliteración de las necesidades por el surgimiento de la pulsión). En segundo lugar, tramitación de ese hetero-erotismo (falta el sujeto en sentido estricto) en el direccionamiento al Otro (búsqueda de respuesta a lo que el niño experimenta en su propio cuerpo). Tratamiento psíquico de la sexualidad (traumática), el niño es su propio psicoterapeuta, investiga y se da respuestas a sí mismo. En esta orientación al significante se articulan activamente preguntas a los “¿por qué?” de la carne y, en última instancia, en función de las respuestas del Otro y, a su vez, tratando de velar la falta de LA respuesta, se construye una posición frente a la sexualidad (distancia elaborada del deseo): $ --- a, lo que puede también leerse “sujeto corte de a”, falicización del sujeto. Se destaca la atribución de saber al Otro acerca del goce (demanda de análisis).


Buenos Aires, Junio de 2011

domingo, 15 de mayo de 2011

Centro de Estudiantes de Psicología y Ψ LØSANGΣ: CLÍNICA PSICOANALÍTICA invitan a participar:

Seminario “Introducción a la obra de Jacques Lacan”




(“Entonces, dicen - ¡Qué metafísico, ese condenado Lacan!”)



Presentación:

Se trata de una propuesta abierta a aquellos que tengan el deseo de introducirse al discurso del psicoanalista francés. Introducción destinada a brindar herramientas para el cursado de aquellas materias psicoanalíticas que involucran conceptos y nociones de tal autor (Psicopatología, Escuela Francesa, Adultos, etc.) así como a transmitir de un modo breve pero riguroso los pilares fundamentales del psicoanálisis más allá de la formación académica.

Nuestro Seminario se sustenta en la política freudiana, es decir, en la política de la palabra. La misma se contrapone a la locura contemporánea de máxima alienación a los lenguajes instituidos en pos del los cuales los sujetos claudican en el camino de su querer. Si desde la cobardía neurótica el “no hay relación sexual” (la castración) es vivenciado en tanto que “el Otro no quiere que haya relación sexual”, para la perspectiva lacaniana la falta de un garante último es el único sendero a cuyo través cada cual puede darse un lugar singular. Y esa es nuestra apuesta, es decir, que no hay en psicoanálisis un Otro cuyo saber absoluto obture el camino para que, quien esté dispuesto a asumir el desafío, pueda decir lo que tenga para decir. ¿No es acaso ésta la posición misma del analista, a saber, sostener el hecho de que “aún queda algo por decir” – un resto que causa por fuera?

Se trata, pues, del retorno a Freud, de rescatar de entre medio de tanta nominación nosológica indefinida y de tanta farmacologización del síntoma sin un mínimo de cuestionamiento, aquella dimensión abierta por el Maestro vienés, y que no es otra que la del deseo. Sólo el deseo y su fuerza instituyente es lo que puede subvertir el orden de lo “ya dicho” y del “saber ya sabido”. Y si el “saber ya sabido” cae, algo quizá pueda saberse del saber que, saber, no se sabe.

Inicio: Sábado 21 de Mayo


Día y horario: Sábados de 11:00am a 12:30am.


Duración: 4 encuentros


Dicta: Lic. Luis F. Langelotti (+ invitados)


Lugar: Facultad de Psicología – UBA.


Aula y sede: A confirmar.

El Seminario es gratuito y se entrega certificado de asistencia. Inscribite enviando un mail con tu nombre completo y DNI a: losange_@hotmail.com

jueves, 12 de mayo de 2011

"Edipo, Angustia e Inconsciente" - Reunión del 6 de Mayo de 2011



Durante el encuentro del 6 de Mayo de 2011, tuvimos un intercambio realmente enriquecedor. En primera instancia, respetando y entusiasmándose con la política del mail, Ramiro Diez Ojeda se atrevió a realizar una interesante puntuación respecto de los tres registros en la enseñanza de Jacques Lacan. Fue así que nos encontramos con los fundamentos de la orientación lacaniana y el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis: la palabra. Esto dio lugar a que se plantearan distintas cuestiones en relación a qué entendemos nosotros con referencia a dichos registros y cuáles podrían ser las implicancias éticas y clínicas vinculadas a nuestra posición. Evocación de una problemática antes suscitada:

¿Es el fin de la dirección de la cura acaso que el sujeto tengo el "acceso a lo real", entendido este último en tanto que "objeto culminante" (adecuado, complementario) y cuya distorsión parcializante no es sino el efecto fantasmático de la "enfermedad" que aqueja al paciente y que es preciso "combatir" "aliándose tearapéuticamente" a la "parte sana" de la "personalidad"? Pero: ¿Qué es lo real?

Se plantea un gran debate que está en el centro de la práctica y de la teoría psicoanalítica y que hace al estatuto del objeto. ¿Cuál es la relación, el vínculo, la conexión del objeto con el inconsciente? Sugerencias de precisión: objeto perdido freudiano (esquema del aparato fotográfico), banda de moebius, entre otras. Tensión crítica entre lo interno y lo externo: ¿hay acaso un afuera-interior, esto es, algo ajeno respecto de la geometría euclidiana para la cual algo no puede estar simultáneamente adentro y afuera? ¿Qué significa el matema del fantasma? ¿$ [corte de] a? ¿a [corte del] $?

Otra puntuación más que interesante, se realizó a proposito de lo universal - particular - singular. Se relaciona de ese modo, al sujeto con lo singular mismo en tanto no inscribible en el orden del significante (como Tesoro del significante). "Los celosos" ---- "Los no celosos", y ruptura. ¿La angustia "tiene objeto" o "no tiene objeto": qué significa, pues, que sea no sin objeto?

También se situó la noción de "motor", según la RAE, definición sencilla y sorprendente: "que mueve..." Más interesante plantearla en tanto que pregunta: ¿qué mueve?

Puntuaciones en torno a la fascinación de cierta época por la materialidad. ¿Y la materialidad de la palabra? Perspectiva oscurantista, superstición analítica y metafísica: el referente sería un más allá de la palabra. El orden en el que el analista se mueve es la realidad en tanto realidad [Wirlichkeit] simbólica.


En definitiva, se hizo un trabajo que continúa en tanto una reunión no significa nada en sí misma sino en vinculación resonante con otras acaecidas y, fundamentalmente, por venir. Este próximo Viernes, retomaremos la Clase II del Seminario IV desde el punto 3. Trataremos de precisar, es uno de los objetivos, la dimensión de la falta de objeto y la movida lacaniana en torno a la discusión respecto del sentido de una clínica que se pretenda freudiana.

¿Y nosotros nos pretendemos freudianos?

martes, 10 de mayo de 2011

"Vana Rosa"



Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana?


Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.


Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.


No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para la vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

Luis de Góngora








domingo, 8 de mayo de 2011

Inicio Grupo de lectura: Seminario 3, «Las Psicosis»






“Los locos hacen castillos en las nubes y los psiquiatras… cobran el alquiler”

Comenzamos con el despliegue de la propuesta. Durante el encuentro del día Martes 3 de Mayo de 2011, se trató de hacer lugar a la diferencia. ¿De qué modo? Pues bien, reuniéndonos en lugar de no-reuniéndonos. ¿Eh? Bueno: “Sujetos totales”, esos que no se juntan a conversar, a quienes “no les hace falta”, eso sí que, en principio, quedó en cuestión. Antes de tal día, el grupo no era más que una ilusión, una esperanza, tal vez. Un encuentro selló el acto de juntarse como verdadero y se delimitó un tiempo y un espacio a conquistar. Se armó la falta.

En esta primera reunión, de lo que se trató fue de realizar una presentación general. ¿Cuál es la lógica del grupo? Pregunta fecunda: ¿Existe un grupo en sí? Se destaca la diferencia entre transmisión universitaria y transmisión analítica. Se ubica la dimensión de la ética y del saber. Tensión entre saber (inconsciente, es decir, en relación al Otro) y conocimiento (paranoico, el yo). “La sugestión es inherente a la palabra”. La palabra tiene efectos sobre el sujeto, pero sobre todo, la propia palabra. El sujeto no sabe lo que dice y esto es algo que tendemos a dejar de lado, en tanto es angustiante. Se subraya el no-pacto de quien coordina en relación a la búsqueda de un saber garantido. En tal sentido, se ubica como referente la distancia entre “profesor de psicoanálisis” y psicoanalista.

Inquietantes recorridos:

- ¿Cómo se juega el deseo en la Psicosis?
- ¿Qué significa deseo del analista?



Por otro lado, pero respetando este pensar críticamente, se plantea una radical distancia entre “aforismo” [αφοριζειν] y “axioma” [αξιωμα]. El aforismo como aquello que decanta de cierta experiencia ligada a cierta convicción [Überzeugung]. ¿Tiene, en cambio, el axioma una mera función epistémica o también de resguardo? “Las mujeres no saben manejar…” ¿El dinero? ¿El auto? ¿No saben manejar-se? Que no sepan manejar-se: por suerte. Ella no se aviene Toda a la lectura falocéntrica del fantasma en tanto… ¿misógino? Continuemos. Entonces, intensificación del fantasma en el abordaje de las psicosis: ¿cuál es la fórmula de la causalidad no del deseo del sujeto sino de su reticencia? Poner entre el enfermo y él (el psiquiatra) el banquillo de la escuela... a justo título de angustiado, desde luego. Aparición del Saber, así con mayúsculas. No se discute, no se dialectiza, lo familiar, lo evidente.

Otra cuestión interesante, a enfatizar en este recorte, fueron las múltiples subversiones que Freud en su obra produce sobre ciertas polaridades: mente/ cuerpo; verdad/ ficción; realidad/ fantasía; interno/ externo; lo subjetivo/ lo objetivo; lo normal/ lo patológico.

Luego, abocándonos propiamente a la lectura del Seminario 3 fueron situándose distintas cuestiones que serán retomadas durante el próximo encuentro.

Sólo estudiando lo patológico llégase a comprender lo normal” – aseveraba Freud. Pero...

¿Qué es "lo patológico"?