sábado, 30 de julio de 2011

Grupo de los Viernes: Edipo – Angustia – Inconsciente, encuentro del 29-07-2011


Durante nuestro último encuentro destinado a la indagación teórico-clínica respecto de la triada Edipo – Angustia – Inconsciente, se retoma el interés respecto de instalar un orden lógico diferencial en lo tocante a la dinámica grupal respecto de lo que se instituye como transmisión universitaria, de manera tal que se puedan ubicar puntos de disonancia – suplementarios – que excedan la egosintonía de la formación de factura académica. En tal sentido, se plantea la cuestión del saber en una antinomia posicional “profesor de psicoanálisis” – “psicoanalista”. Se da lugar a la pregunta respecto de qué pone a prueba en su análisis aquel que pretende sostener una perspectiva analítica en lo relativo a su escucha del sufrimiento singular que afecta a un sujeto. En esta dirección es que se ubica el proceso analítico como una economía política del saber: pérdidas y ganancias. Cuestionamiento del saber yoico por la vertiente del saber como saber inconsciente. A este respecto, se sitúa al inconsciente como un saber en sí mismo y no tanto al saber como un saber al cual se lo podría describir como ajeno a la conciencia. No se trata tanto de una adjetivación del saber sino de ese saber mismo en tanto es el inconsciente. Por eso se diferencia al saber del conocimiento. De manera tal que se plantea la pregunta respecto de qué le falta al sujeto: ¿le falta al sujeto el saber? Se abre la indagación situando otros dos términos: Otro y Ser.

Bien: ¿Qué le falta al Otro? ¿Qué le falta al sujeto? Se abre la pregunta. Se desarrollan distintos modos de respuesta posible, a partir de estas preguntas, verdaderas inversiones dialécticas. En primera instancia, se plantea la vertiente freudiana del Complejo de la Castración en la orientación fálica de la carencia. Tanto al Otro como al Sujeto le falta el Falo. Ahora bien, se puntúa que en efecto pero no en el mismo sentido, ya que a la Madre le falta el falo en el sentido de que ella no lo tiene y al niño le falta el falo pero en la medida en que no lo es. Se plantean el ser y el tener como dos órdenes vinculados pero diferenciables en el marco de la clínica y de la apoyatura teórica que desde el psicoanálisis planteamos como constitución subjetiva. Por otro lado, se señala que lo que el analista pone a prueba o puso a prueba en su análisis no es tanto la falla del conocimiento sino más allá de tal fisura la falla misma del saber inconsciente, verdadero margen de indeterminación que bifurca lo que es, por un lado, la esfera de la causa (real) y lo que es la sobredeterminación simbólica, por otro. ¿A qué sino a esto hará referencia la propuesta lacaniana de un deseo del analista, deseo impuro destinado a diferenciar al máximo el Ideal del objeto a? Se trata de la falta en el campo del Otro, lo cual nos ubica de cara a lo que no cesa de no escribirse. En tal sentido, se retoma la cuestión de por qué angustia el deseo del Otro. ¿Qué implicancias lógicas son adscribibles a la carencia de lo simbólico, en qué falla el inconsciente? Se trata de una falla a nivel del saber. En el Otro no falta el ser sino el saber, o también, el saber es incompleto. Ahora bien, ¿en relación a qué sino en relación al sujeto capturado por ese saber? Al sujeto no le falta el saber porque es precisamente ese saber el que lo constituye como sujeto. A esto nos referimos cuando decimos que el sujeto es un efecto del lenguaje, o que el sujeto está sobredeterminado por el significante. Pero ese saber es fallido en su relación al ser del sujeto. El sujeto vela la falta en el Otro para resguardarse de su propia falta en el marco de una irreductible indefensión existencial. Si el Otro no lo representa (no sabe) entonces el sujeto queda confrontado con su propia falta ontológica. Jugando con los términos, in-defensión se trata de la falta de la defensa: ¿y cuál es esa defensa sino la represión misma en tanto AFIRMACIÓN PRIMORDIAL de significantes en los cuales el sujeto se mal-representará? La indefensión, el desamparo, se trata de estar sujetado como objeto del capricho del Otro, en tanto el otro me puede tirar por el inodoro en caso de que no me quiera. Fenómenos de “marasmo”, referentes clínicos que nos exigen pensar en la necesariedad de la alienación a lo simbólico, en tanto si el niño pretende satisfacer su intención de compartir un lenguaje debe moldearse en su naturalidad (castración). Ahora bien, in-defensión siguiendo la vía de la falta de la defensa primordial, es falta de la falta y por eso Lacan allí sitúa la angustia, por cuanto no sólo se trata del peligro de que el Otro rechace representarme (nombrarme) sino también se plantea en el marco de esa situación originaria la amenaza de que el Otro me represente completamente. Se vincula esta nominación plena con la figura del super-yó. Si el super-yó es pensado en Freud como aquello que se instituye a partir de la des-catectización de las figuras parentales, pues bien, factor cuantitativo en juego, ¿qué pasaría si el Complejo de Edipo fuese sepultado en lugar de reprimido? ¿Acaso esto no llevaría a la constitución de un super-yó radicalmente aplastante del sujeto y el sujeto no quedaría menos como sujeto de la falta que como in-dividuo, es decir, como persona “normal” en tanto carente del conflicto que introduce la Spaltung del deseo y la demanda? En el origen, la transferencia y por eso el deseo del analista es el factor fundamental de la dirección de la cura. La transferencia en en sí misma velar la falta del Otro, por cuanto se trata de la ilusión consistente en investir a un otro (un semejante) del poder de saber acerca de mi ser de sujeto. Autorización del otro como Otro (après coup del mandato que transforma una palabra cualquiera en una demanda eficaz). Se trata menos de la existencia de seres autoritarios (vertiente que supone a la palabra de un valor referencial) que de seres investidos de autoridad. Otra vía de pensamiento referida a la indefensión existencial, se plantea a propósito de la inexistencia de un “origen” y de un “destino” en tanto que reales. La causa no es el origen. El origen es más bien invención, artificio, novela, ficción, escena del Otro, fantasma. Por otro lado, el mundo en cuanto que real. Igual cuestión respecto del destino: inexiste la respuesta real respecto de la pregunta ¿hacia dónde? (¿qué elijo? ¿quién soy?) . Y así damos con el valor del deseo. El valor del deseo en el fantasma: permite una sustracción del respecto del Otro de la demanda. Ahora bien, el problema es introducido cuando ese fantasma mismo plantea un goce de la insatisfacción y de la imposibilidad que pauperiza la vitalidad de una persona en lo referente a su ser-en-falta. Si la falta es el motor de la relación del sujeto con el mundo (Lacan, Sem. IV), entonces la vertiente del deseo como deseo inhibido en una escena que es la del fantasma plantea una problematización del deseo en acto. Se plantea este respecto la vertiente del deseo en el fantasma como una formación de compromiso en tanto el sujeto se escapa del Otro de la demanda pero no asume al Otro del deseo sino que también le rehuye. No se trata tanto del deseo del Otro como del Otro del deseo en el sentido de tres términos: SUJETO – DESEO – OTRO. ¿El objeto a es causa del deseo o es el deseo mismo en tanto objeto perdido y, en ese sentido, es causa real del sujeto? Bien, se abren distintas vías en función de las cuales seguir planteando preguntas que dificulten nuestra comodidad respecto de una clínica que no es la de la armonía precisamente.

Buenos Aires, Julio de 2011.

viernes, 29 de julio de 2011

"Práctica y discurso del psicoanálisis"





Cuando el impulso de la vanguardia parece haberse convertido en un tímido movimiento inercial. Mientras que las pasiones de los debates primeros se hallan reducidos a nada más que tibios comportamientos inmotivados. Ahora que la locura del riesgo de "hacer una interpretación" ha quedado normalizada por la nueva jerga sin debate Anabel Salafia publica como escrito aquello que fue hablado hace 22 años en las Escuela Freudiana de la Argentina, en un trabajo artesanal en torno al Seminario VII de Jacques Lacan La Ética del psicoanálisis Un Seminario que se hace canónico, ya que soporta la interpretación necesaria para cada generación. Un Seminario que demuestra, como otros Seminarios y algunos textos fundamentales de Sigmund Freud, su carácter ahistórico y por lo mismo siempre moderno.


(Del prólogo de Carlos Quiroga)

sábado, 16 de julio de 2011

El desafío de formular, sin atrancar, una experiencia: encuentros analíticos




Una vez, cuando se dirigía a la escuela dominical, vio a unos niños malos que salían a pasear en bote. Quedó consternado, pues sabía, por lo que había leído, que los niños que salían a pasear en bote un día domingo se ahogaban tarde o temprano. Así que salió en una balsa para advertirles, pero un tronco se cruzó en su camino y se cayó al río. Un hombre lo salvó bastante rápidamente; el médico le sacó el agua que había tragado, le insufló aire hasta dejarlo nuevo, pero tomó frío y estuvo enfermo nueve semanas. Pero lo más increíble de todo fue que los niños malos pasaron un día espléndido, y volvieron a sus casas, sanos y salvos, por sorprendente que parezca. Jacob Blivens dijo que en los libros no ocurría nada parecido. Estaba absolutamente perplejo.”

(La historia del niño bueno, Mark Twain).


Durante los últimos encuentros del Grupo de los Viernes, se han ido articulando distintas y sumamente interesantes cuestiones. El desafío, siempre el mismo quizá, pero cada vez diferente: formular una experiencia bajo la exigencia de no reducirla a preceptos incuestionables, a lugares comunes en donde hacer-la-plancha respecto del caso por caso, esto es, respecto de la singularidad de cada análisis, de cada sesión - exigencia que plantea desplegar una fulminación de Saber y que el analista debe soportar para operar en tanto tal (renuncia al goce de ser el Otro). Poder situar referencias esenciales, pero que no esencialicen, que no disciplinen nuestra disciplina.


Respecto del genial artículo freudiano "Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre" (Cap. 1 de las "Aportaciones a la Psicología de la vida erótica"), se pudieron ubicar ciertos planteos freudianos que hacen a la sobredeterminación significante de la sexualidad humana. ¿Qué implicancias tiene esta determinación significante, esta subversión simbólica, este redoblamiento de la vida sexual humana? Pues bien, Freud plantea condiciones en el abordaje por parte del sujeto "masculino" en referencia al objeto de su elección sexual. Se tratan de rasgos que no se derivan sino, al estar del maestro vienés, de la "constelación materna", es decir, de la fijación incestuosa de la libido a la figura de la Madre. Respecto de la cuestión de "lo masculino", y también en ligazón con el texto que nos propusimos trabajar seguidamente de este ("Sobre la más generalizada degradación de la vida erótica"), hablamos de la histeria y su hacer de hombre. Ella no degrada al objeto que elige, no fantasea que se está cogiendo a Otra, para decirlo mal y pronto, como sí lo hace eventualmente el obsesivo para acceder a cierto plus-de-gozar; no, ella se transmuta a sí misma, ella se cree Otra, se degrada a sí misma. Su femineidad en tanto tal aparece mal-decida, degradada, puteada.


Se pregunta Colette Soler (Ce que Lacan disait des Femmes, 2004): "¿Se deben concluir que histeria y femineidad forman un todo, como aparentemente lo postula la etimología que deriva del término útero?" Y más adelante afirma: "La respuesta de Lacan es diferente y la frontera entre histeria y femineidad debe ser precisada." En este sentido, precisa que "Mujer falo no indica una identificación sino un lugar, el del complemento del deseo masculino". Lo que define la particularidad de la histeria, absolutamente capturada en la lógica fálica, es una secreta voluntad de no querer satisfacer el goce de la carne en beneficio del goce de la falta en sí misma, por eso Lacan afirma como típico de la posición histérica una identificación no con la causa de la falta sino con la falta tomada como objeto ("Introducción a la edición alemana de los Escritos"). Muy diferente de la posición femenina: La mujer quiere-gozar.


Es interesante el planteo freudiano, respecto de la supuesta diferencia Madre ≠ Puta. En el inconsciente, las más arraigadas antitesis del yo, se presentan como lo Uno y lo mismo. La madre es la Puta, el joven la degrada para poder abordarla. Se trata de "La novela familiar del neurótico" en la cual el sujeto despliega fantasías atinentes a las relaciones sexuales de su "intachable" Madre.

Hablamos así de una de las causas más frecuentes, según el mismo Freud, de consulta a un analista, a saber, que NO HAY RELACIÓN SEXUAL. Sólo que esto, a nivel de la neurosis, aparece a nivel fenomelógico, es decir, aparece en cuanto que degradación imaginaria (sabemos el pleonasmo en el que incurrimos con esta expresión) de la imposibilidad estructural respecto de una adecuación suficiente, de una imbricación exhaustiva entre un sujeto y un objeto.


¿Qué significa que no haya relación sexual? Podría plantearse así: no hay EL objeto del sujeto, por eso el sujeto es falta-en-ser y, de ese modo, toda consistencia no es sino desgraciada, así como todo intento de alcanzar la COMPLETITUD respecto de una asunción plena de una imagen ideal, es fracasado, de hecho, dañino, y no termina más que en la desintegración imaginaria (como lo demuestra la short Storie de Mark Twain). En la breve aventura del célebre escritor, la referencia al Saber y al modelo ideal que lo simbólico delimita como deseable, no acarrea sino la desgracia del Sujeto como sujeto-de-la-falta. En tanto el sujeto es falla simbólica, escisión a-ontológica, en el fantasma alcanza una consistencia errátil, pero una consistencia al fin. ¿Qué es lo velado en el marco del esa escena, de ese simbólico capturado en cierto uso imaginario? Lo que cierra, lo que atranca es la vertiente del deseo del Otro. En la medida en que el deseo del Otro, o más precisamente, el Otro del deseo, es falta de garantía respecto del ser-sexuado del sujeto y respecto de su ser-para-la-muerte, le devuelve la pelota a este para que haga lo que pueda con su condición. Entonces, no se trata tanto de aburrimiento respecto de tener que hablar del "pasado" - como plantea un paciente (cuestión que, por lo demás, no deja de ser cierta queja común a todo aquel algo reacio a recostarse en un diván - ¿y quién, por otro lado, podría exceptuarse a este respecto?) - sino de la angustia referida a tener que encontrarse con lo de que de la trama del Otro no cierra, es decir, tener que renunciar a esa desgraciada "comodidad" de representarse en los espejos del castillo parental. El sujeto figura en la trama como objeto. Por eso, una clínica que sea del psicoanálisis, no tiende a sustituir una trama por otra que sería mejor, sino que apunta al fuera-de-trama, a lo que desborda al guión prestablecido. Sabemos que hay escenas que, en toda película, quedan por fuera, no son incorporadas en la versión oficial. Pues bien, allí está lo reprimido, lo proscripto cuya emergencia en los sueños y demás formaciones del inconsciente - siempre distorsionado - aparecerá expresándose como puede. Pero más allá del retorno de lo reprimido, de la trama que retorna e insiste, lo que desborda, lo que excede. Y así, explanada donde ya no se tratará de la obediencia o desobediencia respecto de la palabra del Otro sino de la responsabilidad del Sujeto respecto de la propia palabra.


La angustia irrumpe como el afecto efecto de la renuncia a mamar de esa leche que es el sentido del Otro, sentido gozado que vela la inexistencia de la relación sexual y que obtura la plausibilidad de un amor real, de un encuentro que no por fallido menos interesante.


Buenos Aires, Julio 2011

sábado, 9 de julio de 2011

"Psicoanálisis: escritura de la falta-en-ser"




Este libro quizás sea la forma in situ de confrontarnos al pasaje que se opera en el encuentro de la propia escritura. No de cualquier escritura, de aquella que escribiéndonos realiza una obra. ¿Dónde se produjo la escritura de Psicoanálisis, escritura de la falta-en-ser? ¿Podríamos decir que en la lectura de los textos que dejaron su marca en el autor o en los aconteceres del trabajo clínico donde los analizantes nos confrontan cada vez a la pregunta acerca de qué psicoanálisis, de qué cura, de qué sujeto hablamos? ¿Durante el seminario, dispositivo elegido por Oscar Lamorgia donde transmisión y ética se aúnan en un ir diciendo, no de un saber constituido sino de aquel que irá precipitando a partir de ese decir con otros, en ese diálogo que hará de las propias letras, escritura? ¿O en el momento de la escritura material, cuando el teclado imprime en la pantalla la reescritura de lo que se podría llamar degrabación de las clases, pasaje de lo oral a otra textualidad? En cada uno de ellos y no solamente, una escritura se fue realizando y es esa riqueza lo que nos transmite Psicoanálisis, escritura de la falta-en-ser, avanzar desde lo que inquieta el pensamiento para poder cernir conceptos que hacen al cuerpo del psicoanálisis y conmueven, si se permite el desliz poético, en el corazón de su práctica.


(Del prólogo, de Alicia Smolovich)

sábado, 2 de julio de 2011

"La palabra le hace frente al espanto"



Que “no nos una el amor si no el espanto”
Dice varias cosas, esta media tarde
En principio, que el amor separa
Zanja y disjunta el pacto
Y también afirma el espanto del Uno

Prensado, pensado, borrado
Grave, de mal amor, pésimo
Sustraído del sentido
Cargado de mil dudas
Mil sentidos del ausentido

Si todo significa algo
Nada significa nada
Y yo (hombre) quedo como
correlato de un ente imposible

Coma de una oración sin punto
Celoso del renglón silente
Oración quemada, agarra esa bestia
Me tira, amarre de la totalidad
Ni idea hacia dónde, para qué ni cómo

Ser el centro, sonámbulo
Nihilismo gozoso y aplastante – debo pronunciarme ya
Excesiva vacuidad, fijeza del ojo
Que todo lo ve; él es todo

Y un terrible suspiro, desértico
Casi plomizo, denso y envolvente
“proto-humano-sin-camino-y-vencido”
Un espejo en mi nuca donde no
Me veo para nada bien

Reiteración, capicúa malformación
Juego siniestro de dubitaciones
Eternas, embarazoso lanzarse
Me preocupo por el fin
¿pero, cómo, si aún no (me) arranqué?

Quisiera arrancarme-de (y transitar la denegada mortalidad, lúcidamente)
Ese lugar inmortal, vetusto y pálido
Holgazán espectro de suspenso sin fin
“nada es cierto, ni real, ni amable”
Puntilloso karma del romper la calma

¿Y a ella? ¿La quiero o es marioneta?
Agarrada también de mi monstruo
Como si no tuviera con qué: espanto
Ordenado, encadenado, mal drenado (algo no se fue)

¿Quién es ella? ¿La muerte? ¿La vida?
¿Qué es ella? ¿El destierro? ¿Mi angustia?
¿Cómo es ella? ¿Negra? ¿Débil? ¿Maldita?
¿Qué quiere ella de mí?



Buenos Aires, Diciembre 2010