jueves, 10 de agosto de 2017

“Asociación – compulsión – separación”



Resumen:

El presente trabajo (ponencia), pretende abordar la contemporaneidad desde ciertas claves freudianas, apoyándonos a su vez en el pensamiento del psicoanalista francés J. Lacan. Esto no quita, sin embargo, un importante aporte de elaboraciones personales del autor.

Existencia, insistencia, exsistencia
El psicoanálisis existe. Es una práctica a la que le ponemos el cuerpo. Tiene su densidad, su consistencia, es lo que hay. Colegas formándose, capacitándose, analizándose, atendiendo sujetos que demanda una escucha, supervisando esa praxis, aprendiendo a saber-hacer con el malestar. Ese malestar habla de algo que no existe, sino que insiste. Es el inconsciente, como cadena significante, como huellas mnémicas – trazas, marcas – que conservan una eficacia de goce y que hacen ni más ni menos que a la compulsión, en tanto no son puestas a trabajar en el marco de este dispositivo que es el análisis, donde la conversación es el eje. Es decir, se trata de una experiencia dialéctica que va tejiendo una trama a través de la cual pueda llegarse a una urdimbre. Esa urdimbre es el fantasma fundamental, defensa por excelencia de la sexualidad en tanto traumática. Es una escena, en la que el sujeto remite a una posición. Y allí hay un objeto, es el a minúsculas en su función de plus de goce, porque el fantasma previene del goce del Otro, pero articula un instante privilegiado para la satisfacción del sujeto. Es el resto que las zonas erógenas pulsionales delimitaron gramaticalmente (ello habla) y que el análisis, vía la retórica del inconsciente, reducirá a elementos significantes separados, desarticulados. La lógica de la cura es hacia la ex-sistencia que implica toda destitución subjetiva. Que el sujeto pueda sostenerse en su extimidad al Gran Otro. Desarrollemos esto.

Lo epocal. Homogeneidad zombie
¿La época está cada vez más muda? O quizá los analistas cada vez más sordos. El malestar en la cultura no es de ahora, es de siempre. No negaremos la particularidad de este momento histórico, donde la mortificación silente parecería copar la parada, vía lo que Freud definió como neurosis actuales. Más que la era del vacío, parece la edad de lo lleno. Frenesí, anticipación, multi-espacialidad, subjetividades compactas, patologías masivas. Lluvia torrencial de Ideales individualistas, de éxito, empresarial, consumista (subjetividad neoliberal). Avance fenomenal de la letra por sobre el discurso. Del lenguaje por sobre la palabra. Como diría Bifo [filósofo italiano], semiocapitalismo. Iconicidad, emotions, abreviaturas cada vez más agramaticales. Antes se clavaba una mirada. Ahora te clavo el visto. Diríamos que la época está más bien, verborrágica. Tiene muchas bocas, orejas, ojos. Lo que, desde luego, tampoco equivale a una mejoría en la “comunicación”. Porque ese no es un verdadero cuerpo, es una esfera de tubos que no conducen a ninguna parte más que al limbo del autoerotismo. Es un cuerpo cibernético, una consistencia artificial, redobladamente imaginaria, sostenida en la tecnocracia imperante. Lo simbólico al servicio de la objetivación absoluta. Las series web [NETFLIX] son un buen referente para ver qué está pasando con el Hombre. Narcos, zombies, mucha sangre, transgresiones, codicia, poder, lujuria. Una bajada de línea bastante particular. Sobre todo, desde el punto de vista de cómo se elabora esto. Es ficción, pero, lamentablemente, la realidad no está mucho más acá; al contrario, y para ser fiel al dicho, la supera. Terrorismo, femicidios, fascismo, crisis económicas, desagregación familiar, racismo, xenofobia. Violencia de toda rama. Nuestro país, azotado por el desempleo, la desocupación, la carencia de oportunidades… otra vez.
Una vía
Nuestro compromiso debería permitirnos salir un poco de la consulta privada entendida en un sentido paupérrimo, como abordaje del individuo. Tenemos que aprovechar ese espacio en toda su contundencia. Porque nos viene la subjetividad ´de hoy´ pero no deja de traernos algo del ayer (lo que padecen muchas mujeres – para tomar un ejemplo de esto - no es el patriarcado, sino sus marcas de las que no se han podido separar aún). También hay futuro. Es decir, del mañana y, para decirlo nietzscheanamente, del pasado mañana. El sujeto es hablado, hay que hacerlo devenir subjetividad. Para eso, es esencial que, a su vez, el analista sea un sujeto hablante. Lo que no quiere decir que vaya demandar: lo hará en su análisis. Debe tirar un anzuelo. Algo hay que proponer, desde algún lugar debe estimularse la transferencia, para que empiece el juego. El analista tiene que seducir. Si el deseo es el deseo del otro, qué mejor que articulando su deseo y es lo que hace en su práctica. Su deseo de analista es su cuerpo, con todo lo que implica de enunciación, de hechura, de estar-ahí. De dasein. De compromiso. Al principio, no basta, luego tal vez solamente escuchar ya produzca grandes efectos, pero en un inicio debe tomar la palabra, invitar a charlar, a dialogar. Lo real es para después, al principio importa la Verdad. El neurótico ha perdido toda fe en la verdad. Es un pobre infeliz. Un incrédulo. Alguien que ya no piensa en el deseo. Lo que Séneca llamaba un estulto. Un nihilista, un pesimista, alguien tomado hasta el cuello por el aburrimiento de vivir. En eso radica la importancia del síntoma. Ya no nos podemos entretener, algo nos ha dejado de divertir, perdió eficacia. Y retorna el MALESTAR. Ahí es donde puede suceder que el habla sea recobrada. Nosotros pondremos la oreja.

Pensamiento crítico y desasimiento
El paciente-objeto (del sistema, del mercado, que se autodefine y piensa como “cliente”, motivo por el cual querrá tener siempre la razón) está absorbido por la compulsión – claramente fomentada por el momento histórico que la propone como modelo. El método psicoanalítico le impondrá la asociación libre como regla fundamental del psicoanálisis. Eso implica dejar de hablar al pedo, para empezar a escuchar-se, para hilar, tejer, hilvanar un entramado crítico. Historizarse. Subjetivarse. Salir de la sujeción, dejar de ser sujeto/ sujetado (aunque esto sea un primer paso) para devenir subjetividad. Renovada esperanza cual flecha lanzada al ocaso, con el espíritu de lo que se afirma en el instante y por la eternidad, puesto que sabe que renacerá Otra. Eterno retorno del que Zaratustra hizo apología. Vivir el presente terrenal como corpo-mentalidad desasida de la máquina que nos consume internamente. Ser-en-acto o faltar-en-ser, traspasar el fantasma para disfrutar la pulsión desde otro lugar, esa es ni más ni menos que la ética del deseo. Más desasido, desprendido, separado. Asociar para dejar la compulsión y vivir la separación. Esto resume toda la clínica psicoanalítica. Esto es todo lo que Freud y Lacan dijeron. La compulsión es síntoma de alienación. El amor de transferencia reduce ese lazo patológico al Otro, gracias a que internamente opera el deseo de analizar, como una búsqueda crítica por el desprendimiento verdadero. O sea, un plano allende la identificación. El pensamiento crítico, así como la capacidad de amar y de trabajar, es algo que el psicoanálisis hace posible. El pensamiento crítico es dejar de ver la realidad (y a uno mismo) como una COSA, dura, rígida, estanca, inmutable. Es empezar a entender que se deja moldear, que pese a lo imposible [sexualidad y muerte; goce y finitud] algo es posible y que esa posibilidad puede [cada vez y cada vez] superarse y superarse. Correr el límite, la auto-superación de la que hablaba el filósofo alemán, es equivalente al transitar de un psicoanálisis, que ha empezado por la vertiente del silencio pulsional que no llama a nadie, que se satisface solo, para empezar a ser un llamado a Uno – el psicoanalista -  pero que tampoco debe quedar en eso. Separarse es salir del Edipo, del incesto, de la endogamia, es empezar a llamar al definitivo, al último, al decisivo y verdadero Otro. Pero también, y quizá esto sea más fundamental aún, aprender a bancarse su falta de respuesta. Su inexistencia, su vacío, su falla. Lo que se dice castración y que, pese a lo que diga el cognitivismo, es la mayor y más fundamental [puesto que funda] de todas las evidencias.

Buenos Aires, Agosto de 2017