miércoles, 1 de febrero de 2017

Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo




            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

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Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.

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Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017













  








 











 


 



 





  


 


 



 
 Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo
            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

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Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.
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Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017