lunes, 1 de mayo de 2017

"Palabras iniciales" QUÉ SIGNIFICA PENSAR CRÍTICAMENTE (futura publicación)


Toda introducción no deja de tener siempre un hálito de respuesta a una demanda de sentido, a un pedido de explicación. Si el acto es acto, lo es en la medida en que, por serlo, no se deja seducir por la pretensión de tener que justificarse ante nadie. De todos modos, esto no quita que sobre un acto no se pueda conversar. A fin de cuentas, pensar que por hablarse del acto se estaría tratando de justificarlo ante alguien, no es más que un prejuicio. Uno de esos que cada cual arrastra individualmente consigo. Por el contrario, puede sostenerse la idea de que hablar sobre los actos sea hasta algo necesario para que estos queden sancionados como tales (o entren en la vía de serlo). Por eso no creo vana la empresa de conversar sobre este acto de publicar, para poner en circulación aquello que durante cierto tiempo me he estado preguntando y pensando, conversando, masticando, reelaborando, cuestionando, produciendo.

“Cada cual cree que no cambia y que cambian los demás…”[1],  decía el poeta Atahualpa Yupanqui. Valdría agregar: hasta que de repente un rayo misterioso desciende desde una nube y nos despierta abruptamente, poniéndonos al corriente de que las circunstancias han cambiado (léase: nosotros mismos). Un rayo que sacude la modorra de nuestros autoengaños y nos desvela para situarnos de cara a lo que ha sido una transformación. El tiempo no pasa solo, sino que al pasar el tiempo pasan muchas otras cosas con él. Y en este pasar va jugándose un verdadero pasaje, del que uno puede enterarse o hacerse el desentendido (non arrivé). Por su parte, este acto – el de la publicación de estas líneas bajo el concepto de un “libro” - tiene precisamente el carácter de ese rayo sacudidor. O, tal vez, más precisamente, el haberme confrontado con su posibilidad. Porque ahí el rayo se vuelve, entonces, pregunta. Pregunta como momento de decisión donde debe arriesgarse, o no, una jugada.

«¡De modo que realmente existe esa serpiente marina en la que nunca quisimos creer!»[2] De modo que existe. ¿Qué cosa? Diría esa posibilidad, la de ser partícipe del diálogo epocal con otros pensadores, interesados, “colegas”, en definitiva, con aquellos con quienes se comparte una comunidad en el interés (decir “en el deseo” sería demasiado. Sobre todo, demasiado histérico). Entonces, este acto de publicación no sólo aparecería como un modo de sancionar y resignificar un trabajo que ya se ha venido haciendo sino que además aparecería como una puerta de apertura al diálogo crítico y constructivo con otros. La publicación bajo el concepto de libro como instrumento de lazo social. Y también de potenciación y de apuesta. De apuesta por el psicoanálisis como - y por el – pensamiento crítico, vale dejarlo claro. Suena interesante y, en gran medida, es mi intención que esta sea la movida. Lo común sería caer en la trivialidad habitual en donde algún mengano escribe alguna trillada y archiconocida futilidad para que la letra quede muerta y haya consecuencias de repetición acrítica, puesto que nadie va a decir nada sobre lo que se produjo, puesto que ninguno va a tomarse el trabajo de problematizar lo dicho, de repreguntar, de reformular, de repensar. Pasa habitualmente, estimo, sobre todo con los “autores consagrados”, allí donde de lo que se trata es de consumir la novedosa mercancía que nos obsequian sin un mínimo de pausa crítica.

¿O sea que los escritores mismos tenemos una cuota importante de responsabilidad en esas consecuencias de achatamiento, de reiteración banal y recurrente? Recuerdo algo en el final de un número especial de la revista Sudestada, dedicado a J. L. Borges y R. Arlt, en donde se citaba a este último, quien decía:   

“La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases. Es el oficio, “el métier”. La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.”[3]  

Es muy dura su posición. Quizá no sea para tanto. Pero vale la pena traerlo a colación, para problematizar algo que puede pasar y que, de hecho, pasa. Esta introducción algo distendida en su discurrir, discúlpeme el lector, es parte del proceso mismo de hacerse la pregunta. ¿Cuál? La de si acaso publicar es un acto genuino – significativo - o un punto de alienación a una demanda epocal, muy instituida entre los psicoanalistas contemporáneos. Tal vez haya un nudo de contradicción insalvable en términos morales (del bien y el mal) y cuya superación esté dado únicamente por la introducción de una mirada ética sobre la acción misma. En ese sentido, si uno va alienarse para pujar por un acto de separación, es decir, si uno va a entrar en el espacio para interpelarlo realmente (“desde adentro”), entonces, bienvenida esa tensión y ese nudo. Porque ahí el asunto que se plantea es desde dónde intervenir y para qué (no si está bien o si está mal).

Recuerdo una frase de Lacan muy interesante y ligada a esto que vengo planteando:

“La comunicación desinteresada, en última instancia, no es sino un testimonio fallido, o sea, algo sobre lo cual todo el mundo está de acuerdo. Todos saben que ese es el ideal de la transmisión del conocimiento. Todo el pensar de la comunidad científica está basado en la posibilidad de una comunicación cuyo término se zanja en una experiencia respecto a la cual todo el mundo puede estar de acuerdo.”[4]

Si hay algo que puede pensarse como provocando el trabajo de este escribir es, siguiendo la lógica de la cita, el desacuerdo. El desacuerdo como un intento de ruptura con lo estatuido y el des-interés. Estar en desacuerdo como un modo de apostar por el estilo, genuino punto de referencia a la hora de pensar en la enunciación de un discurso cualquiera (o sea, de pensar si efectivamente alguien está diciendo algo o solamente está haciendo señas en busca de aprobación). Entonces, en cierta medida, aquel que haya obtenido este libro con la idea (tal vez inconfesada) de conseguir una sumatoria intrascendente de “monografías” pseudocientíficas (desinteresadas, eruditas, prolijas y armónicas) - francamente - perdió. Pero, ojo, no deja de ser una pérdida que quizá haya que poner a la cuenta de una eventual intervención para con la subjetividad del lector y que, dejo oír una esperanza, puede que devenga causa del interés de proseguir con su lectura (genitivos subjetivo y objetivo). Esto tampoco significa que quien hubo de adquirir el libro sin aquellas expectativas (tal vez inconfesadas), vaya a tener asegurada una ganancia. Es que todo plus nunca deja de ser a posteriori de una jugada. Porque no soy de los que creen que puede haber genuina producción sin algún esfuerzo, como más no sea el de la lectura. Y vaya esfuerzo si los hay.

Si tuviese que ser directo y claro, diré que la tesis central de este libro es que el pensamiento crítico constituye una verdadera «ética», entendiendo por tal, un estilo de vida aceptado y asumido como propio, tanto en sus beneficios y conquistas así como en sus contrariedades y derrotas.

Hablé de enunciación. Pues bien, ese es el punto de conexión que me parece válido para pensar en lo que podría darle cierto dejo de “unicidad” a este libro. Lo cual no quita que podamos preguntarnos libremente: ¿por qué un libro tendría que ser algo unificante, integrado, sensato, razonable, armónico? ¿Serán las pretensiones del ego y de la Razón? La razón encarcela la palabra y la vuelve impotente para llegar a su cúspide, el efecto de transmisión de un decir que desfallecería en una hiperracionalización significante. Lo cual no excluye tampoco que uno tenga que ser claro en ciertas ocasiones. De hecho, creo que en varias de las cosas que comparto a través de esta publicación lo soy. Pero hablando de la lógica que enlaza los diferentes trabajos agrupados, pienso directamente en una enunciación común. Lo cual no deja de quedar a criterio del lector, quien a fin de cuentas es el que va a sancionar si hubo o no alguien diciendo algo o meras gesticulaciones asemánticas. Tengo que aceptar, a pesar de mi renuencia a que algo quede incalculado, que se me escapan cuáles podrían ser las consecuencias de este acto de publicación.  

Retomo algo que se me ocurrió en esa ocasión: “Aquellos a quienes menos les importa el arte, quizá sean los propios artistas”. O sea, bajémoslo un poquito a todo esto. Que el psicoanálisis nos enseña que no estamos hechos de un alma celestial perfecta sino estructurados como un chiste, que nuestro espíritu está henchido de pasiones oscuras, triviales y absurdas y que nuestras miserias - esas que no queremos ver ni mostrar - nos singularizan hasta tal punto que el mejor camino termina siendo el aceptarlas, y reír. Del mismo modo, “Tal vez, aquellos a quienes menos les interesa la escritura no sean sino los propios escritores.” Y entonces, así, el libro cae de ese lugar pesado, sublime y divino en el que solemos ubicarlo para transformarse ahora en una simple y terrenal publicación de cierto volumen y seriedad (dije seriedad para no decir: rigurosidad) a cuyo través logramos realizar nuestro anhelo de expresar algo de lo que pensamos y de lo que sentimos, y de un modo muy personal. El libro como un espacio de posible encuentro entre dos subjetividades (no necesariamente unificantes) en donde se pellizcan, se acarician, se pelean, se interceptan, se sacuden, se seducen las ideas, los pensamientos, las sensaciones, los sentidos, los afectos, los deseos, el espíritu. El libro como publicación inquietante y viva, tanto más provocadora cuanto menos responda al criterio de tener que “satisfacer al cliente”. Al contrario, un libro que venga del psicoanálisis, debería saber decepcionar al “cliente”, es decir, saber dejarlo insatisfecho. Creo que estas líneas que me propuse agrupar, pueden ir tranquilamente en el sentido de ese promover alguna insatisfacción.

Pero el que primero aceptó que el libro tenía que jugar más en esa dirección que en la dirección de un complacer, fui, indefectiblemente, yo mismo. Yo mismo tuve que aceptar que, fuere como fuere, el producto final jamás iba a ser exactamente aquello que hubiese soñado. Entonces, estas Palabras iniciales, son un poco también la crónica de un duelo personal. Ahí hay, ciertamente, una degradación operatoria que es muy amiga de la lógica de una cura en tanto tal, donde se le falta un poco el respeto a las solemnidades admitidas, perdiéndose así las ilusiones sujetadoras. La pregunta que da título a la publicación, en absoluto es ajena a semejante movimiento, por cierto. Puesto que el pensar crítico necesariamente conlleva una exigencia de degradación, en el sentido de una terrenalización de lo cuestionado y también del cuestionador y de su instrumento mismo. Mas todo duelo no deja de ser, en su ambigüedad, un desafío. Y, como anticipo del desarrollo posterior, afirmo que el pensar crítico conlleva fuertemente esa vertiente del desafiar. Ante todo, del desafiar-se. El duelo no es la pérdida, sino su aceptación, el trabajo de asunción de esa falta. “Los hombres son dioses muertos, de un templo ya derrumbao”, decía nuevamente Don Ata. Templo ya derrumbado de los paraísos ideales, en donde se resquebraja la completitud de la sublimidad y en donde pueden emerger la hombría - y la femineidad -, como posición inédita para aquel andrógino ángel inmaculado, que yacía a la espera. El duelo es el desafío de aceptar que uno está presto a devenir. A devenir otro. Porque hay delgadas líneas que son harto delgadas, es cierto, finísimas como una línea de sal derramada sobre la mesa. Pero cuyo pasaje marca una transformación radical en la subjetividad que allí elige.

Un primer acto de publicación, representa para quien opta por escribir, un pasaje mutativo cuya verdadera (más nunca “última”) significación siempre está por verse en un futuro por venir. Pero no creo que esté demás poner al tanto al lector de lo que representa para mí – en este momento - compartir estas líneas que son de mi autoría. Y que son de mi autoría tanto más cuanto que, al publicarlas, más me autorizo de ellas en su circular, porque las suelto para que sean (y quizá regresen algunas vez, tan iguales y tan distintas, en el transitar de un boomerang que sacuda a un dueño desprevenido, taciturno y olvidado). No deja de ser parte del trabajo de uno mismo con su propia palabra todo esto y, en ese sentido, una parte del propio análisis. Publicar un libro, en este caso, además de ser la materialización de un sueño muy personal e intenso, va en la orientación de cuestionar a EL libro, como idea pesada y aplastante, henchida de moho, de polvillo, de saber, de superyó. Es una toma de posición frente a la severidad del pensamiento incondicional-demandante, por la vía del corte y en donde se pone a jugar la condición absoluta del ser-en-acto como desasimiento (cuestiones estas a desplegar en el libro, desde ya).

Quisiera insistir en un aspecto no subrayado con tanta firmeza y que tiene que ver con esto del corte, más precisamente en tanto que punto de capitón. Se trata también de un hacer justicia a toda una producción jugada efectivamente que viene desplegándose desde hace varios años y en donde, al ser encarada seriamente, se han provocado consecuencias de formación, de transmisión, de creación, de crecimiento verdaderas. Grupos de lectura sobre psicoanálisis y otros pensadores; interés por conversar y repreguntar sostenidamente sobre lo supuestamente obvio, promoviendo siempre la participación particular en miras de dar cabida a la emergencia de posiciones singulares; clases individuales o grupales sobre autores psicoanalíticos; atención clínica propiamente dicha; análisis personal; participación en una Cátedra universitaria; dedicación a la escritura de lo trabajado (cuya cúspide, hoy por hoy, pretende ser esta publicación, pero como un paso inicial), etc. Así, pues, en sintonía con la idea del duelo como aceptación de la pérdida, uno tiene que aprender a aceptar y a justipreciar lo efectivamente jugado y vivido, inclusive más allá de sus propios prejuicios y temores. Entonces, este publicar no sólo tiene un carácter prospectivo en el sentido de “lo que vendrá” junto a él, sino que tiene un profundo carácter de resignificación que da un peso muy especial a todo lo acontecido durante estos últimos años, en donde, para decirlo claramente, le estuve poniendo el cuerpo al psicoanálisis.

El autor
Buenos Aires, Febrero de 2014.



[1] “Guitarra dímelo tú”.
[2]  Freud, S. (1936); UNA PERTURBACIÓN DEL RECUERDO EN LA ACRÓPOLIS -1936(Carta abierta a Romain Rolland en ocasión de su septuagésimo aniversario). Sería la expresión de aquel que, paseándose por el Lago Ness de Escocia, de golpe se cruza con el cadáver del famoso monstruo.  
[3] Citado en Revista Sudestada (de colección) #9: Borges vs. Arlt.
[4] Lacan, J. (1955-56): “El Otro y la psicosis” en El Seminario, Libro 3, Las Psicosis. Paidós, Buenos Aires, 2007. Clase III. Punto 3. Pág. 60. 

lunes, 17 de abril de 2017

La importancia de no confundir la Psicología con el Psicoanálisis. No son lo mismo. Sabemos que la primera disciplina es un campo heteróclito de prácticas y teorías más o menos difuso al que Foucault intentó dar unidad situando al descubrimiento freudiano justamente como la superación unificante (¿un Michel hegeliano?) de las tensiones habidas. Pero hoy día, así como en su momento, los psicoanalistas rechazamos esa junción sin desconocer los enormes aportes que aquella le debe a nuestro Padre. También sabemos de las inigualables aportaciones freudianas a la Psiquiatría y no por eso nos consideramos insertos en ese grupillo.

Sería totalmente erróneo creer que por ir a la Facultad de Psicología, acercándonos un poquito a nuestros lares, dentro de lo que es la UBA, uno saldría con una formación analítica insustituible. De un modo lamentable, los notables siguen vendiendo esa versión, ofreciendo encima capacitaciones pos-graduales a través de las cuales se garantiza un ser-de-analista nefasto y mentiroso. La parodia de restitución del Otro sigue a la orden del día. Y no vaya a creerse que por fuera del ámbito PSI, las cosas estarían tan distintas puesto que sabemos en qué han devenido las Escuelas psicoanalíticas argentinas. Articulan una lógica semejante a la del mundo universitario.    


Nuestra propuesta no deja de ser la misma de todos estos años en los que venimos trabajando en el PSICOANÁLISIS. Primero, la radical trascendencia del análisis personal. Después vemos…   

miércoles, 1 de febrero de 2017

Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo




            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

1
Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.

2
Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017













  








 











 


 



 





  


 


 



 
 Monopolios del conocimiento o la pasión de la ignorancia: Psicoanálisis, capitalismo
            “Tomar la palabra en una institución [el Psicoanálisis lo es] puede llegar a ser peligroso para algunos, en la medida en que la legitimidad de aquella palabra parece tildada de antemano de nulidad de parte de aquellos que ocupan una posición de dominio de tal magnitud que están persuadidos de que ellos solos son dueños del saber. Ellos solo saben. En este sentido, pueden exigir, del mismo modo que una madre todopoderosa, un amor total de parte de sus sujetos.”
(Jacques Hassoun, El oscuro objeto del odio)

1
Saber y amor total. Si puede hacerle una crítica a la idea de “destitución psicoanalítica” es la confusión o el achatamiento del concepto de INSTITUCIÓN  a lo que ordinariamente debe precisarse como organización. Esta zonza precisión, no lo es tanto si se piensa bien puesto que justamente a lo que apunta al autor es a cuestionar esa voluntad de organizar el discurso freudiano. La cual, de hecho, está presente de manera exorbitante por los lares más diversos produciéndose un efecto degradante y de confusión entre puestas en acto de transmisiones genuinas (con consecuencias de formación) y meros resultados sugestivos de fanatismo con el enseñante-brillante, de quien se repetirán sin cesar sus acertadísimas e inalcanzables  ocurrencias.
¿Cómo ir contra el estancamiento del espíritu lacaniano? Posiblemente haya que ampliar el foco, no quedarse en la estrechez de miras. Hay quienes creen que lo que acaece en el ´ámbito psi´ en nada se asemeja a lo que acontece en otros campos o a otros niveles de la sociedad; como si la esfera psicoanalítica de la relación analista/ analizante estuviera descontextuada y se diera en una zona desconocida ajena al planeta tierra. Este es un claro resultado de la prevalencia imaginaria en la constitución de grupúsculos psicoanalíticos que responden a significantes amo específicos según los cuales es válido seguir durmiendo, en la felicidad de la armonía del SABER y el AMOR TOTALES. Parroquias posmodernas que tienden a la ex-comunión de sí mismos en tanto sujetos, ipso facto acceden al pacto de supeditarse a un Otro de la Verdad que nunca deja de ser un Otro del Poder. Otra cita del pensador francés:
Quisiéramos insistir en el hecho de distinguir entre Institución y Organización. Lo primero es mucho más abstracto que lo segundo (lo cual no quita lo material). Es el nivel verdadero de eficacia subjetiva. El lenguaje lo es, por ejemplo. Las instituciones psicoanalíticas, en rigor, son organizaciones analíticas (colegios, foros, sociedades, escuelas, etc.). Es decir, implican un punto de capitón por sobre el tejido discursivo nombrándose a sí mismas, dándose un lugar (geográficamente valioso desde el punto de vista socioeconómico lo cual advierte que los psicoanalistas no están tan más allá del principio de realidad como lo suelen afirmar, es decir, del placer). Fundación que, por otro lado y como diría Masotta, nada tiene de humildad. La presuntuosidad está en el acto de presentarse como los herederos. Los continuadores, los que no se desviaron, los que conservan el sentido real de la experiencia de Freud y Lacan: los que realmente leyeron su obra. ¿Serán también los que comprendieron? Ahí es donde la cosa empieza a tornarse oscura. Siguiendo el título del libro de Hassoun, diremos… odiosa.
La institución psicoanalítica está en el punto donde se abre un libro de Freud, sin más. Donde se lee una oración, se comenta un párrafo, se trae a colación una cita. También cuando se trata de hacer casuística. Y eso no necesariamente requiere de los ornamentos ritualistas de un edificio destinado a la preservación de la Idea. La concretitud de los bloques no tarda demasiado en sustituir la casa familiar, significación edípica que trasladará al grupo sentidos no-analizados que operarán como resistencias. Siempre frente a lo mismo: lo Real. Lo real del psicoanálisis es irreductible a cualquier nombre, apellido, transferencia, SsS, entramado simbólico_imaginario que se pretenda Pater Noster de la fraternidad de analistas. La única fraternidad posible es la basada en la castración del Otro [imposibilidad del goce, irreductibilidad del falo, irrecuperabilidad del divorcio entre significante y significado]. Posiblemente, en este sentido, sólo la haya como analizantes, es decir, como sujetos de la falta, Spaltung, y – de ese modo – la cura dirige a implicarse en la época junto a los otros, saliendo de las reediciones de elitismo basura en donde se siguen sosteniendo figuras emblemáticas como sustitución de los PADRES IDEALIZADOS DE LA NOVELA FAMILIAR REPRIMIDA. La cuna del amor es la misma que la del odio y también, acaso, la de la ignorancia. Empuje a coincidir el ser con el sujeto o el sujeto con el ser. 
Insistimos en que salir de las pasiones del ser debe transitar otros caminos, en principio, des-idealizando la plenipotencia analítica que no tiene nada que ver con los poderes de la cura. El Psicoanálisis no es respuesta a Todo. Es la práctica del no-todo llevada a sus máximas consecuencias. Comulga con pensares y decires que también acepten la falla, la hendidura del estar-humano como lo son el Arte, ciertas Filosofías y vertientes de la ciencia menos arrasadas por el sistema/ mercado.
2
Monopolizar el conocimiento para venderlo… Uhm. ¿Qué podemos pensar/decir a este respecto sin caer en un planteo moral? Para responder a este interrogante debemos previamente dar una rodeo por lo que podría pensarse como un análisis del capitalismo (al que no definiremos como un “discurso”, evitando entrar en estribillos gastados). En primer lugar, vamos a decir que no nos encontramos entre quienes sostienen que “no podría salirse… sin operar desde allí”. A confesión de parte relevo de pruebas. Los analistas de reloj activo, es decir, posmodernos admiten operar desde el capitalismo. Si esto no es cinismo, se le parece bastante. Coincide con sus negocios fenomenales en cuanto al manejo catedrático de materias universitarias en donde la oferta (por no decir imposición obscena) de material bibliográfico nunca escasea, así como la promoción más o menos camuflada de sus posgrados y grupos cerrados de lectura lacaniosa. No nos vamos a detener en esto, que ya es avanzar bastante. Vayamos al asunto del CAPITALISMO desde lo más banal, elemental, como si estuviéramos dirigiéndonos a estudiantes de secundario.
El capitalismo consiste en tener un dólar, comprar un caramelo a 50ctvs y en pagarle a otro para que comercialice ese producto, de manera tal que haya ganancia; para el caso, U$D 2. Esto me posibilita reinvertir uno y guardar otro, lo que constituye el fundamento de mi nuevo capital acumulado. Imaginemos esto incrementado exponencialmente. Obviamente, el empleado tendrá que ahorrar bastante para poder acceder a eso que él mismo manipula cotidianamente. No entra dentro de su círculo habitual de consumo, lo cual representa un modo de alienación. Su fuerza de trabajo siempre es inferior a lo que produce, porque un resto es coaptado por el capitalista quien saca provecho de su posición privilegiada. Ese plus motoriza la continuidad misma de todo el aparato, hasta que el explotado se sustrae de la cadena cortándose por su lado: se vuelve auto-gestivo o emprendedor. Esto no representa estar exento de dependencias, pero hay un salto interesante donde el sujeto recupera al menos parte de la libertad “vendida”.
Regresando a nuestro asunto, donde más se observa la implementación de una lógica acorde al capital, es en lo que hace a la capacitación psicoanalítica. Aquí sobre todo se registra un monopolio del ´conocimiento válido´. Poniéndose el énfasis en el Saber, se invisibilizan otras variables que hacen a la misma dinámica del Mercado. Como decíamos antes, zonas geográficas comerciales o accesibles, invención de pos-títulos ligados a la materia, en definitiva, centralización del público presto a recibir enseñanzas por parte de aquellos que cuentan con más recursos. La confianza – término fuertemente economicista – reemplaza a la transferencia y al deseo, elementos esenciales de cualquier acercamiento al discurso psicoanalítico sea en calidad de lo que fuere [como interesado, como analizante, como oyente]. Se entiende que “de algo hay que vivir”, pero… ¿le es dable al psicoanálisis, traicionarse en su ética, sin alterarse en su discurso? Nuestra ética no es la del utilitarismo, o sea, la del empuje al consumo (que, por lo demás, es el derroche de lo inútil llevado al extremo). Cuando decimos ética del deseo, creemos que no siempre llega a entenderse bien qué estamos diciendo. Ética significa pensamiento crítico. No necesariamente para llevar las cosas hacia un orden geométrico cuasi-natural en el sentido de la perfección. Al contrario, perfecta es la propuesta del Capitalismo: cierra por todos lados, no deja más que una abertura calculada, el deseo tomado en las redes de una metonimia que ha devenido goce pulsional, puesto que la demanda ¡Produce! se desentiende del objeto que postula (objeto que sí vale en el campo artístico como causa del deseo). El a en su función de residuo, basura, desecho es la clave de este discurso mortificante. Sólo que el encandilamiento del i(a) que le es correlativo supone el olvido del tiempo ulterior. Los libritos de psicoanálisis – especialmente lo de ciertas colecciones – tienen una estética admirable. Lástima que su futuro inmediato sea el tacho de descartes, esto es, la biblioteca. El cesto de Descartes también podríamos decir o de como la Razón vuelve a entronizarse dominando el saber no sabido a través de una inteligencia nunca antes vista. Eruditos sobran, psicoanalistas, cada vez hay menos. Y seguirán escaseando como no nos abstengamos de depositar nuestra libido en cuanto Otro grande se nos aparezca como garante de la veracidad de nuestra praxis. De la que a fin de cuentas somos los responsables últimos. Y ahí está el horror. Pero su más allá, es el relanzamiento del entusiasmo deseante que nos lleva a querer más y mejor en relación a lo que hacemos.

Buenos Aires, Febrero de 2017

viernes, 13 de enero de 2017

¿A QUIÉN ABURRE FREUD? DEL POST-LACANISMO COMO RESISTENCIA AL PSICOANÁLISIS

Introducción

Freud aburrió, eso es cosa sabida. Sin ir más lejos, el posfreudismo criticado por Lacan supuso una pretensión de ir más allá del padre del psicoanálisis, no sin traicionar muchos de los pilares esenciales de su obra y pensamiento. Grandes discípulos del maestro vienés gestaron sus propias teorías y muchos supuestos seguidores llegaron a desconsiderar de sus conceptualizaciones clínicas elementos tan básicos – tan “abc” – tales como el inconsciente o la sexualidad. En esta dirección, la perspectiva lacaniana abrió luces nuevas yendo al frente con respecto a los puntos más oscuros del armazón freudiano. En otras palabras, transformando el aburrimiento en «deseo de Otra cosa». En el presente, no es casual encontrar una diseminación bastante marcada de sustituciones o reemplazos donde, para entender nociones esenciales del freudismo, se recurre a no a bibliografía “ampliatoria” (lo cual, no estaría mal, llegado el caso) sino a textos que suplen lisa y llanamente el encuentro problemático con la letra freudiana. Las ofertas de pedagogos (¿demagogos?) prestos a “enseñar” – en el doble sentido de la expresión: mostrar – sus talentos tampoco falta a la cita. Libritos de colecciones simples, hechas para “comprender a x” abundan y, obviamente, son un éxito editorial. Porque, pese a que esto lo hayamos afirmado hace unos 4 o 5 años atrás, no sigue siendo más ´barato´ el costo de leer. ¿Qué significa leer? Tal vez esta es la interrogación que los aburridos no se han planteado a sí mismos.


Schopenhauer: la vida, entre el tedio y el dolor

En su obra princeps, el pesimista alemán, Arthur Schopenhauer, sitúa algunas concepciones esenciales para entender gran parte del pensamiento freudiano. Nos referimos a “El mundo como voluntad y representación.” En las páginas de esa libro podemos leer:

“… entre el querer y el lograr se desliza la vida humana. El deseo es por su naturaleza doloroso; la satisfacción engendra al punto la saciedad; el fin era sólo aparente; la posesión mata el estímulo; el deseo aparece bajo una nueva figura, la necesidad vuelve otra vez, y cuando no sucede esto, la soledad, el vacío, el aburrimiento, nos atormentan y luchamos contra éstos tan dolorosamente como contra la necesidad.” (SCHOPENHAUER, 2008, p. 445).                                                          
                 
La concepción metafísica del pensador sitúa en el deseo una ilusión que conduce al sufrimiento en lugar de brindar la posibilidad de esquivarlo, puesto que se activa la búsqueda de placer y esta siempre es fallida. Tampoco a nivel de la necesidad, está garantizado el placer, puesto que aquella insiste indefinidamente y toda nuestra existencia es una lucha cotidiana por responder a esa demanda, sin cuya presencia seríamos vencidos rápidamente por la finitud – hacia la que, por otro lado, día a día vamos como quien marcha hacia el precipicio del final de un puente. Dentro de este sistema de pensamiento, el dolor y el aburrimiento se caracterizan como teniendo un lugar central. Dice Schopenhauer:

“… trátese de quien se trate y de lo que posea, no se sustraerá nunca al dolor de vivir [de existir, en Freud].”

Y más abajo:

“Los esfuerzos incesantes para desterrar el dolor no consiguen otra cosa que variar su figura: ésta es primordialmente carencia, necesidad, cuidados por la conservación de la vida. Al que tiene la fortuna de haber resuelto este problema, lo que pocas veces sucede, le sale de nuevo el dolor al paso en mil otras formas, distintas según la edad y las circunstancias, como pasiones sexuales, amores desgraciados, envidia, celos, odios, terrores, ambición, codicia, enfermedades, etc. Y cuando no puede revestir otra forma toma el ropaje gris y tristón del fastidio y el aburrimiento, contra el cual tantas cosas se han inventado.”

Llega así, su frase célebre:

“… entre dolor y aburrimiento se pasa la vida”

Muy bien. Hasta aquí la posición del sucesor de Freud, de quien este último heredó varios elementos para sus consideraciones teóricas.


Superar al Padre    

La dificultad nodal del neurótico es no poder ir más allá del padre. Este estribillo que reiteramos sin parar, guarda una verdad realmente preciosa. Habría que definir qué entendemos por padre, y del mismo modo, cómo podemos concebir la idea de “superar”. Vamos a decir que tal tarea es imposible y que, por eso mismo, necesaria. El padre representa el límite en sí de la estructura hablante y pretender ir allende el mismo es realmente delirante. Pero, justamente, se trata del poder del deseo que se articula a ese deseo infantil de trascendencia y si decimos que es necesario situamos que alguna contingencia podría llegar a escribirse. De modo delirante pero no paranoico, precisamente. No basado en el horror a la diferencia y en esa presuntuosidad de sentirse parte de la “crema” o de la elite del momento. Lo que es lo mismo, en el mercado sólo zumban las moscas…

Freud fue más allá de Schopenhauer, no sin él. Se bancó la densidad de su pensamiento, el pastoso espíritu de sus líneas. Amalgamo cosas de este con partículas de otros personajes de su particular situación o coyuntura histórica. No se basó en descalificaciones ni en forclusiones adrede. Ir más allá del padre, no es ignorarlo ni a él ni a la diferencia. Hacer como si nunca hubiese existido o como si sólo mi pensamiento fuera el más genuino. Los que se pretenden el último grito de la vanguardia analítica avanzan ciegos hacia el abismo del pre-freudismo. Están en el torbellino del SABER o, lo que es lo mismo, en el ojo de la tormenta. ¿Será casualidad que no se dan cuenta de cosas tan elementales como intitular alguna de sus eminentes publicaciones con… una orden (!)? 

Los que se aburren de Freud no quieren el camino de la castración simbólica porque fue él quien la fundó y, en este punto, no hay negociación posible. Para estar psicoanalista, se es freudiano… o se es freudiano. Claro que cada época definirá el freudismo que le compete. Fue necesario un tal Lacan (como significante y como obra) para que se geste ese desplazamiento de sentido que hizo del freudismo un post-freudismo a posteriori. Hoy la pelea es posibilitar – generar las condiciones de su posibilidad - el paso del sentido para que quienes se han atornillado al Poder/ Saber del psicoanálisis (que no es el del psicoanalista ni mucho menos de la cura), puedan ser desplazados, destituidos (sus emblemas, sus modos, sus prestancias, sus jueguitos y negocillos que realmente aburren pero en el sentido del deseo; en definitiva, su goce), aunque en esta fórmula estemos articulando algo de esa pasión del ser que es el odio. Es nuestra respuesta a la suya: la ignorancia o, dicho en términos más vulgares, el ninguneo – del que tanto placer narcisista extraen.

Conclusiones

La respuesta al ninguneo de los Reyes del Saber no debería ir por la vía del amor, en un eterno camelo donde se deja de leer a los fundadores para pasar a leerlos a ellos, que tanto conocen puesto que son la reencarnación de la Verdad en la tierra. El odio quizá en un primer momento de separación pueda funcionar, como desea de destitución del Otro. Pero la genuina respuesta, va por otro lado, que no es el de las “pasiones” ni mucho menos del “ser”. La verdadera herejía es, como se les hace a los toros (no topológicos sino mamíferos), hacerles ole. Mantenerse al margen de sus propuestas alienantes que no son homólogas a las del sistema: son exactamente ellas, bajo otro cara.

Por suerte hemos leído (y lo seguimos haciendo) a Freud y también a otros como Nietzsche. Schopenhauer, el gran despreciador de la vida, amargo (casi diríamos en el sentido futbolero) y nihilista, retorna del pasado cada tanto bajo figuras emblemáticas y “bien ubicadas” dentro de los engranajes del status quo. Siempre prestos a la foto. No son precisamente los que mejor semblantean la causa del deseo. Lo suyo es tirar rostro, que es muy distinto. En la perspectiva de ese amador-de-la-nada, un visionario y agitador de la dialéctica como Hegel (de quien se dice que escribió La fenomenología del espíritu en algunos pocos meses para conquistar a una mujer) no sería nada más que “un testimonio monumental de la tontería alemana”. Se ven los efectos reduccionistas de lo que es estar tomado por el imperativo superyoico. La misma transferencia de complejos no analizados está en juego en aquellos que no ven en Freud más que a un viejo delirante, cocainómano y pederasta o en Foucault a un homosexual troglodita. Ya no son necesarios los referentes del pasado, porque el “aquí y ahora” lo superó. No es casual que lo actual de las neurosis sea el crecimiento formidable de la neurosis actual. Porque hasta los analistas están mortificados… 

Uno de los puntos sobre el que queremos reflexionar como articulación es que, hay una relación, casi al estilo partenaire-síntoma, entre por un lado los brillantes maníacos que no se detienen un instante en su impresionante y “animal” manera de producir contenidos excelsos y por el otro la larga batuta de deprimidos ignorantes que se afirman en un lugar de incomprensión e impotencia pero a la vez de fanatismo irracional (omnipotencia), donde la tradición, la historia, la memoria y demás elementos de la trama simbólica en su eficacia (la verdadera, que no depende de la dirección ni del ´mando´ de naides), son barridos por un alud de lo imaginario que no es el desencadenamiento psicótico pero que se le asemeja bastante en su infertilidad. Yo lo llamo stultitia [Séneca] y lo opongo al DESPRENDIMIENTO -  ese del que hablaremos en otra oportunidad.

Buenos Aires, Enero de 2017