jueves, 7 de abril de 2016

“Angustia y repetición: la pulsión de muerte en los confines del Siglo XXI” (*)

Introducción

El presente escrito pretende situar las coordenadas contemporáneas de la clínica psicoanalítica tomando en consideración lo que podría definirse como una terapéutica de lo real pulsional. “Terapéutica” allí donde el análisis propiamente dicho interviene, a nuestro entender, más en relación a “lo real de lo simbólico” (tal como J. Lacan lo denomina en 1975). De esta manera, poder precisar los diversos modos de la angustia tanto en el pensamiento freudiano así como en las consideraciones del analista francés. El tan mentando y actual “ataque de pánico”, fue expresamente definido por Sigmund Freud dentro la categoría de «neurosis actuales». Es nuestro colega Fernando Ulloa quien rescata de la nosología del maestro vienés, el concepto introduciendo a su vez la idea de una Cultura de la mortificación, inseparable del Síndrome de padecimiento. Será nuestra intención poder anudar estas nociones con lo mencionado primeramente: la subjetividad epocal atravesada por un aplacamiento del deseo en favor del goce mortífero y lo que de esta mecanización existencial deviene mutismo y repetición.

Fernando Ulloa: un referente[1]

Para este psicoanalista autóctono, la Salud Mental es algo que se produce. Es decir, no hace referencia puramente a algo que sería lo que no es “enfermedad”, siempre partiendo de una idea deficitaria. Suponer que la salubridad se construye, invita a pensar nuestra praxis, como tratamiento de lo real por lo simbólico, en su complejidad y movimiento, donde diversos actores son responsables del efecto sujeto. Con este último vocablo, podría hablarse de un consultante cualquiera, pero también de una familia, de una institución o inclusive de una comunidad. El trasfondo de un analista comprometido, es una ética coligada a creer en la Democracia en tanto verdadera, donde las ilusios (Bourdieu) estén sostenidas en tiempos y espacios genuinos, posibilitando esto que los participantes se sientan causados por entrar en el juego de los intercambios societales, a todo nivel.
El sujeto es una producción, no un “PRODUCTO”. Bien valdría aclarárselo a la industria psiquiátrico-farmacéutica actual. Este último es precisamente la objetivación de la exsistencia, allí donde se atrofia la hiancia del ser con paliativos iatrogénicos que indiferencia pacientes con “clientes”. El sistema capitalista demanda una petrificación a sus circuitos de consumición fatídica y una adaptación acrítica a moldes superficiales, donde la ontología está basada en el “tener” diluyéndose cualquier referencia a la constitución estrictamente «espiritual»[2] de nuestra subjetividad. Espíritu no es alma sino solamente una manera de no hablar de “neuronas” o de “genes”. «Geist» es, ante todo, palabra. Seres inteligentes, iluminados por el símbolo, sujetos al lenguaje pero con la posibilidad de ejercer la función del habla que dé cuenta de una presencia no anónima.
Regresando al autor argentino, la mortificación da cuenta de un avance de la pulsión de muerte por sobre una sociedad. Se pierde la palabra, el buen trato, el cariño, el amor y por consiguiente, el goce avanza sobre la castración, que es falta. Hablamos del Síndrome de padecimiento. La telaraña de deseos que constituyen la trama histórica de nuestro devenir juntos en un mismo tiempo-espacio se degrada notablemente cuando lo que se antepone es el Ego en sus diversas manifestaciones patológicas. En principio, cesa la creación. Los narcisismos atentan de lleno contra la tarea, dando cabida a posiciones estultas caracterizadas del siguiente modo:

-         Predominio del pensamiento único y de la uni-versión
-         Mecanización de las conductas y de los modos de interacción social
-         Obediencia e imposición de camino fijos incuestionables (tanto material como abstractamente
-         Mundo del sentido. Faltan los puntos de fuga o de ruptura. No es tolerado el sinsentido, por ende, la vida – estúpida e inefable (LACAN, 1955-56).  
-         Insistencia propia de lo simbólico en su faz imperativa y parasitaria. Sujetos del lenguaje más que de la parole, conversación o del diálogo.
-         La letra – inclusive en su valor de goce  - impera sobre la palabra – que es pérdida, siempre. Sujeción del deseo por signos muy cargados de un sentido “en sí”, que no existe más que en el fantasma de la periferia del enfermo.

La angustia: singularidad de la “especie”

“… nuestra predisposición a la neurosis no es sino el reverso
de nuestros dones puramente humanos.”
 (Sigmund Freud)

En una de sus Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, Freud sostenía:

“Por último, creemos observar que las tendencias sexuales poseen una más íntima conexión que las del yo con el estado afectivo de angustia, observación que aparece robustecida por la interesantísima circunstancia de que la no satisfacción del hambre y de la sed, los dos más elementales instintos de conservación, no trae consigo jamás la transformación de dichos instintos de angustia, mientras que, como ya sabemos, la trasformación en angustia de la libido insatisfecha es uno de los fenómenos más conocidos y frecuentemente observados.”[3]   

Estamos en la época del dualismo pulsional según el cual, están por un lado las pulsiones de autoconservación o yoicas y, por el otro, las sexuales. Sin embargo, la libidinización del ego provoca un callejón teórico que llevará al maestro vienés a construir un par de triebs definitivo y referido a la antinomia entre Eros y Tánatos que todos conocemos. De todas maneras, la lectura que nos interesa situar en este punto es la que sigue.
Lo que Freud está diciendo es que a nivel de la necesidad no aparece ninguna ligazón con la reacción afectiva de la angoisse - en francés, para decirlo con Lacan. Ésta última, en cambio, presenta un vínculo estrecho con esa irrealización prototípica del deseo en su condición de falta. Deseo sexual, infantil, reprimido. Su energía misma es insatisfacción, molestia, síntoma, inhibición cuando no pasaje al acto o acting out. El deseo, de existir como articulable a un significante, sería una demanda imposible, radicalmente aplastante de toda subjetividad. El deseo es, en el fondo, el restante de una demanda primitiva, inclusive su causa misma. Piénsese en la topología del toro, como la trabaja Lacan en el Seminario IX.
Yendo profundamente más allá, aunque se nos acuse de mezclarlo todo, no creemos que, como se ha puesto de moda decir, “el deseo sea un destino pulsional”. Más bien, afirmaríamos lo contrario; esto es, que el deseo es el drang de los componentes de todo instinto. Es lo que de la pulsión no compete ni al objeto más que tomándolo por su causa (el a), ni a la fuente (zona erogenizada de un cuerpo viviente) ni mucho menos a la meta (la satisfacción de un goce, generalmente sufriente). El deseo es la fuerza de toda pulsión, diríamos que es la pizca vital, siendo “de muerte” la tendencia cesante de su recorrido mismo. Pero el deseo está del lado de la eternidad. Por eso, Lacan lo plantea en 1975 (“Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter”) en tanto referido a lo infernal. Si hay nudo entre los dos reales lacanianos es en el ombligo donde la sexualidad humana, autoerótica y parcial, para desarrollarse en tanto tal toma su fuerza de un campo previo y que es el del Otro en tanto hablante/ castrado/ deseante. El sueño no llega a simbolizar ese ombligo.
La función de la palabra, es la dimensión del deseo que es siempre desir. El decir del Otro aloja al animal pre-culturalizado y lo baña de significantes que portan la maldición de una barra. Esta barra es el Falo, referente del goce inexistente. Su articulación marca el fin del análisis, allí donde no hay más nada que decir. Efectivamente, no hay nada más que… decir. Pero ese límite sexuado del goce en tanto se divide en dos (lado macho – lado hembra), es un punto de llegada fuerte y absolutamente difícil de desplegar cuando a duras penas nos decimos “buen día”.
El amor no deja de ser la única vía de acceso posible a una relación temperada con el objeto del deseo. El fantasma arruina más de las veces lo que de no entrometerse la repetición, funcionaría bárbaro (eso se cree). Pero no podemos estar sin él. A lo sumo, vaciarlo y vaciarse de consistencia desgraciada. Degradar el objeto, en este sentido, resulta un modo indirecto de atacar la infatuación secreta a la que llamamos narcisismo y que parte del I (A) como letra superyoica. Acentuar la dialéctica y discordancia del sujeto dividido entre lo que ama y aquello con y en lo que cifra su gozo, es precisamente el horizonte del deseo del analista. El neurótico evade y al evadir, se evade. Y más aún se evade evadirse. Toda la parafernalia del Sistema y sus caminos prefabricados, está destinados a sostener ese estado de evasión que llamamos estulticia. El pensamiento crítico viene a rescatar al sujeto de semejante tragedia, dándole las riendas para poder volver a “mover a los Dioses del infierno”. Pero dentro de las metodologías críticas, solamente una afecta de un modo directo al sujeto dividido. Aquí es donde, solamente y finalizando, decimos que la vehemencia subversiva del psicoanálisis es única.       

Conclusiones

Comprometerse en una época oscura no es realizar un programa sino buscar de manera  situada y según vías múltiples y muchas veces contradictorias. Una de esas vías es el pensamiento crítico como modo de posicionarse frente a la realidad, inclusive en su más vaga intrascendencia cotidiana. Pensamiento crítico es lo opuesto al reproche. Primero: siempre es colectivo. O sea: nuestro pensamiento siempre está interpelado por el pensamiento crítico de nuestros compañeros. Para finalizar, simplemente invitarlos a interrogarnos respecto de la pertinencia/ impertinencia de trasladar las adquisiciones personales de transitar un análisis hacia el plano compartido de esos otros que, aún en su anonimato y diferencia, constituyen parte de mi misma realidad y de mi misma existencia sociohistórica. Que no ponen en palabras una demanda de análisis, pero que en su sintomatología cotidiana, tampoco desestiman la posibilidad de un acercamiento en este sentido. El pensamiento crítico es una vía de interpelación directa que puede coadyuvar a despabilar entes aquietados. Y a nosotros mismos en nuestra estulticia irreductible. Si para Freud “nuestra predisposición a la neurosis no es sino el reverso de nuestros dones puramente humanos”, esto significa que el envés de una subjetividad alienada, es la condición absoluta que el objeto a como lugar de una causa perdida le ofrece a cada cual de desasirse, trascendiendo la espesa trama que puede objetivarlo en la desgracia de una repetición significante. Ahora bien, el presente desarrollo supuso considerar que para situarse en la malla, un paso previo es salir del estado de autismo en el que el sujeto posmoderno día a día se desenvuelve junto a sus pares. Para traspasar el fantasma, primeramente tenemos que ubicar a los sujetos en la urdimbre que los amarra. Pero, cuando alguien no se interpela dicha matriz alienatoria, ¿es ético intervenir sin demanda? Esta pregunta intitula un trabajo de mi autoría próximo a publicarse en Fuegos del Sur.
Ahora sí, finalizando, solamente agregar que no hay una receta para romper con esa carencia de lazo, que no es el no relación lacaniano, sino un síntoma cultural de aislamiento doliente, amigo de la soledad y de la protagonista de la época: la depresión. No existe el manual de procedimientos, pero sí una ética. La ética analítica está del lado de creer en el deseo como apuesta, cuerpo, palabra. Quizá de lo que se trate es, sin caer en el acting out, de entregarse más, apelando a un romper con tanta fijeza pulsional. El modo más eficaz de la resistencia epocal, desde el punto de partida de que es del analista, tal vez esté articulado justamente a no haber saldado lo suficiente su propia stultitia, lo que lo lleva a ser un mero técnico de saberes preestablecidos, descontextuado y a-histórico. Antes de pretender ubicar con claridad cuál es la subjetividad de la época, la tarea que se nos plantea a los espíritus libres [Freigester] es cuestionarnos profundamente qué lugar ocupamos nosotros en la dialéctica contemporánea, en todos sus aspectos: económico, social, político, analítico, etc.       

TRABAJO RECHAZADO POR LA COMISIÓN EVALUADORA DEL HOSPITAL PAROISSIEN de ISIDRO CASANOVA, POR SUPUESTAMENTE EXCEDER LOS LÍMITES DE LA TEMÁTICA DE LA JORNADA DEL 21 DE ABRIL DE 2016 RELACIONADA CON EL SEMINARIO SOBRE LA ANGUSTIA. SE TRATA DE UN TRABAJO QUE PRECISAMENTE ABORDA LA CUESTIÓN DE LA ANGUSTIA Y LA MORTIFICACIÓN SOCIETAL EN LA ÉPOCA ACTUAL. 

Quizá preferible juntarse a reiterar como loros los párrafos archi-conocidos, en lugar de dar cabida a lo nuevo por decir. 


Bibliografía

-         Freud, S.; ““Nuevas lecciones de Introducción al psicoanálisis: La teoría de la libido y el narcisismo.” en Obras completas, Biblioteca Nueva Ed., Buenos Aires, 1968. Tomo II.
-         Lacan, J.; El seminario, Libro IX: La identificación, inédito.
-         Lacan, J.; “Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter” (1975).
-         Ulloa, F.; Salud Ele-Mental, con toda la mar detrás. Ed. Del Zorzal, Buenos Aires, 2011.
-         Langelotti, L.; “La subjetividad epocal, ¿una clínica de lo real de la pulsión?” Trabajo presentado en las Jornadas por el 30° Aniversario de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Económicas, Año 2014.



[1] Se toman como referencia fuerte, las premisas del autor en Salud ele-Mental, con toda la mar detrás. Buenos Aires, Ed. Del Zorzal, 2011.
[2] Jean Allouch habla de “spi-análisis » pretendiendo deslocar el sentido «psico » en tanto esta realidad, siguiendo a Lacan, no existe.  
[3] Freud, S.; “Nuevas lecciones de Introducción al psicoanálisis: La teoría de la libido y el narcisismo.” en Obras completas, Biblioteca Nueva Ed., Buenos Aires, 1968. Tomo II. Conferencia XXVI.  

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