miércoles, 1 de febrero de 2012

"Destino del Canto"


Nada resulta superior al destino del canto.

Ninguna fuerza abatirá tus sueños,

porque ellos se nutren con su propia luz.

Se alimentan de su propia pasión.

Renacen cada día, para ser.


Sí, la tierra señala a sus elegidos.

El alma de la tierra, como una sombra, sigue a los seres

indicados para traducirla en la esperanza, en la pena,

en la soledad.


Si tú eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra,

si comprendes su sombra, te espera

una tremenda responsabilidad.

Puede perseguirte la adversidad,

aquejarte el mal físico,

empobrecerte el medio, desconocerte el mundo,

pueden burlarse y negarte los otros,

pero es inútil, nada apagará la lumbre de tu antorcha,

porque no es sólo tuya.

Es de la tierra, que te ha señalado.

Y te ha señalado para tu sacrificio, no para tu vanidad.


La luz que alumbra el corazón del artista

es una lámpara milagrosa que el pueblo usa

para encontrar la belleza en el camino,

la soledad, el miedo, el amor y la muerte.

Si tú no crees en tu pueblo, si no amas, ni esperas,

ni sufres, ni gozas con tu pueblo,

no alcanzarás a traducirlo nunca.

Escribirás, acaso, tu drama de hombre huraño,

solo sin soledad...

Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito

será un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya entender.


Sí, la tierra señala a sus elegidos.

Y al llegar el final, tendrán su premio, nadie los nombrará,

serán lo "anónimo",

pero ninguna tumba guardará su canto...


(Atahualpa Yupanqui - en quechua, "el que viene de lejanas tierras para decir algo" - ,

seudónimo de Héctor Roberto Chavero Haram, 1908 – 1992.)

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