miércoles, 17 de octubre de 2012

"Introducción al pensamiento de F. Nietzsche" - Octubre de 2012


Mail de recapitulación

“Desde que conozco mejor el cuerpo – dijo un día Zaratustra a uno de sus discípulos -, el espíritu no es ya para mí más que una manera de hablar; y lo “imperecedero” tampoco es más que un símbolo”.   
(Así habló Zaratustra, “De los Poetas”)

¿Cómo andan? Paso a realizar mi breve recapitulación en relación a lo que estuvimos trabajando la semana pasada. Bien, en principio el texto que nos sirvió de mayor orientación fue el de Jacobo Muñoz, "El sin-sentido de la tierra". El pensamiento calculador, el sujeto epistémico, necesita simplificar, reducir, de-tener lo múltiple, el «devenir». Para Nietzsche, lo real no es un más allá de las realidades perecederas y transitorias con las cuales el Hombre debe vérselas cada día, es decir, un más allá delazar y del sinsentido, de lo errático, de la incompletitud, etc., sino que estas cuestiones constituyen sus genuinos caracteres. Lo real no es "profundo" o supra-transitorio sino superficie, movimiento, transmutación, multiplicidad. Pero el Hombre no soporta - no podría soportarlo, por lo demás - estar plenamente relacionado a ese real, a ese devenir constantePor eso sintetiza, unifica, escinde en términos binarios, por ejemplo, al estilo "River" - "Boca", orden de lo antinómico donde lo singular queda entramado en una versión polarizante y simplificadora. Dice Jacobo Muñoz, en el texto antedicho (Pág. 15): "Que todo tenga su plazo y transcurra, que todo sea, en suma, finito, no tiene ya, en esta afirmación [nietzscheana] del devenir, el significado de que ese todo tenga en otro lugar que él mismo su «verdad intemporal»." 
De este modo, Dios - en cuanto que representación del Mundo platónico Ideal, del Ser, de las esencias, de lo Eterno e imperecedero -, ha muerto. Porque cae el fondo que garantiza el sentido del estar-ahí. Devenir, finitud, no hay más allá, etc., son cuestiones que van de la mano en tanto hacen a la posición trágica del pensamiento nietzscheano. Por eso es nodal leer el texto de Freud sobre "Lo perecedero" (1915), ya que allí se esgrime una clave hermenéutica del texto nietzscheano más que interesante, en la que lo efímero no sólo no es motivo de decepción psíquica sino que pasa a ser concebido como aquello da unplus a las cosas. Decía Freud en “Múltiple interés del psicoanálisis” (1913): “El extravío temporal de objetos no es, por lo común, sino la realización inconsciente del deseo de verlos desaparecer, y su rotura, la de sustituirlos por otros mejores.” (subrayado mío). La postura freudiana es notable y, a mi entender, entra en clara sintonía con el pensar del filósofo que estamos leyendo. 
El Hombre racional racionaliza su propia vida de modo tal que queda sujeto a una Observación constante - un Otro que lo ve todo - por parte de un Otro espectador y juzgador, con el cual, además, se identifica. Pero esto mortifica su multiplicidad, ya que allí el Hombre queda reducido a un mero personaje del Teatro del Otro. El "televidente" queda pegado a la novela que circula en ese aparato que es la televisión, pero esto lo termina transformado a él mismo en un aparato. Teoría, teatro, novela, guión, etc., en suma, ese conjunto de enunciados que sostienen cierta ontología en la cual adormecerse. El Otro sabe, interpreta, me da sentido, me guía. El obsesivo precisamente es aquel sujeto que no puede salir de ahí, de ese "estado de interpretado", esa existencia in-auténtica en donde consume a-críticamente lo que "se dice". El yo es ese personaje que coincide con lo que el Teatro impone como imagen amable. Pero esto acalla y obtura la emergencia de una voz singular. Si el Otro me da sentido quedo lleno, pero la aparición de una diferencia implica ceder de ese significado que el Otro impone como verdadero, vaciarmede esos signos, de ese Saber. El creyente fanático, al rehusar el carácter genuino del devenir y de la finitud, se anula a sí mismo en carencia de ser o ex-sistencia. ¿Qué quiere decir carencia-de-ser? Básicamente que ningún ente puede definirme, representarme completo y acabadamente. El "barrabrava", por ejemplo, cree que es completamente hincha-de lo que fuere. Pero eso lo objetiva, lo transforma en un objeto (el yo es un objeto para el psicoanálisis, para Nietzsche una ficción gramatical) supeditado irrestrictamente al Ideal. El fanático proyecta en un Otro omnipotente su propia «voluntad de poder», rechaza de ella, no la soporta. La voluntad de poder no debe pensarse como voluntad de dominación, de manipulación, de controlar al otro. Para mí, esto significa entender la «voluntad de poder» en puramente términos yoicos, imaginarios. El "River y Boca" que se arma en la Cultural es, más bien, producto de la cobarde decisión de cada cual de no escuchar su «voluntad de poder». Equivale a amordazarla, a entregarla a algún Ideal, a algún Dios sacrificialmente (piensen la cantidad de barrabravas que cada dos por tres mueren en batallas campales, ni qué hablar de los sacrificios que se hacen en nombre de la Religión, de la fe, etc.).  Como lo veremos el último Sábado tomando ciertas referencias bibliográficas puntuales, pero ya lo podemos ir anticipando, no es lo mismo entender el «poder» como acumulación o dominio (ya que esto sabemos que tiene unos alcances harto limitados) que entender el «poder» en cuanto que estar-habilitado-para. Esto último implica pensamiento crítico, es decir, una distancia del Modelo Ideal Legitimado. 
En cierto momento del encuentro surge la cuestión de la compasión. Pues, ¿cómo podemos pensarla? Lo importante es nuestra lectura. Tomemos El Anticristo de Nietzsche: "¿Qué es bueno? - Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre. ¿Qué es lo malo? - Todo lo que procede de la debilidad. ¿Qué es felicidad? El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada. Noapaciguamiento, sino más poder; no paz ante todo, sino guerra (...). Los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer. ¿Qué es más dañoso que cualquier vicio?  - La compasión activa contra todos los malogrados y débiles - el cristianismo..." (subrayado mío). El definitiva, podemos pensar en la compasión como un "ponerse en el lugar del otro". Una posición humana, empática, comprensiva... cristiana. O sea: objetivante ya que toma al otro por un objeto conocido. O sea, me identifico al otro, rechazo la diferencia. Obviamente, estamos hablando en términos generales. No podemos decir que cualquier actitud a simple vista altruista se basa en una identificación imaginaria y objetivante con el otro. No lo sabemos. Pero sí esto nos sirve para hacer una lectura del desprecio nietzscheano por la compasión. La compasión se inscribe en la vertiente del amor fraternal. Pero esto amor fraternal no es otro que el lazo que liga a los yoes en el esquema de la masa que Freud nos presenta en Psicología de las masas y análisis del yo (1912).
Finalmente, cuando nos dirigimos al Zaratustra, lo interesante fue aproximarse al movimiento que él realiza para desarmar ese fantasma que él mismo creó, a saber, el Dios transmundano. No era en absoluto supramundano, era más bien humano... demasiado humano. Si armar un fantasma es algo que podemos calificar como humano, lodemasiado humano remitirá, pues, al excesivo apego a ese esquema metafísico de aprehensión de lo real, donde renegamos de la castración, de la falla, de la incompletitud de todo Teatro. Lo nodalmente interesante de la posición trágica nietzscheana es que no goza de la falta como el melancólico para el cual que la vida no tengaun sentido es motivo de su tenaz martirio, sino que la misma es causa del movimiento y debe ser afirmada. Como lo señala Enrique López Castellón“… defender la vida contra el dolor, mostrar la incoherencia que supone condenar la vida sobre la base de experiencias personales dolorosas. El camino hacia la curación, aspiración física de Nietzsche y no sólo metáfora, no podía consistir en la elaboración de un sistema filosófico desde una valoración pasiva de la vida condicionada por el sufrimiento, la decepción, el hastío y la soledad. Nietzsche comprende este peligro porque sufre la tentación de justificar su frágil situación recurriendo al remedio fácil de la universalización consoladora (…). (…) este analgésico surte un efecto pasajero y en última instancia no hace justicia a los ejemplares sanos, fuertes, bellos y poderosos de la vida ni a los momentos de gozo radiante que experimenta todo individuo. (…) He aquí el punto en el que Nietzsche vive inicialmente su distanciamiento de Schopenhauer para quien la vida es en esencia dolor.”[1]

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