domingo, 23 de noviembre de 2014

“La subjetividad epocal: ¿una clínica de lo real pulsional?” (*)



Eje: Los usos del diagnóstico
Sub-eje: Diagnósticos de la subjetividad contemporánea

Resumen

No son pocas las veces en que nos confrontamos con presentaciones clínicas donde la dimensión misma de la demanda (en el sentido de un síntoma que, al poner en juego un mecanismo psíquico, se volvería interpretable) aparece problematizada. Hablaríamos con Freud de eso que él llamaba “neurosis actuales” o, junto a Fernando Ulloa, de las consecuencias de una Cultura de la mortificación (el malestar hecho cultura) y del Síndrome de padecimiento que le es correlativo (pérdida de coraje, de lucidez, de contentamiento del cuerpo). Cuerpos cansinos, des-erotizados, tóxicamente angustiados, pensamiento empobrecido, carencia de palabra pero, también, impulsiones y caracteropatías en donde la vertiente subjetiva aparece mermada, quedando en primer plano una captura pasiva y alienada al significante (al goce de lalengua, podríamos decir), y que, vale aclarar, no necesariamente es la psicosis. Me propongo realizar brevemente una articulación entre estas presentaciones clínicas epocales con la “Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter” (1975) de J. Lacan y con cierta puntuación del analista francés sobre el grafo del deseo en “Subversión del sujeto...” (1960).      

Dos reales en Lacan

En el primero de los artículos mencionados, Lacan se propone distinguir entre dos reales, a partir de la pregunta de M. Ritter acerca del término freudiano Unerkannte [lo no-reconocido]. Lacan asevera que no se trata allí, al contrario de la suposición de M. Ritter, del real pulsional, sino que eso nos pone de cara a un real otro que él define como el real de lo simbólico: “… Unerkannt, no reconocido, creo que de lo que se trata es de lo que él [Freud] denomina, designa expresamente, por otra parte, lo Urverdrängt, lo reprimido primordial…” ¿Cómo explica Lacan la noción freudiana de ombligo del sueño articulada a este Unerkannte? Él señala: “… un parlêtre [hablanteser] se encuentra excluido de su propio origen, y la audacia de Freud en esta ocasión es simplemente decir que se tiene en alguna parte la marca en el sueño mismo.” Podríamos preguntarnos: ¿La marca del exilio del real natural, la traza de la forclusión [Verwerfung] de ser del Hombre (su esencia, su identidad) en tanto animal apresado – “capturado y torturado” - por el lenguaje? A partir de este interrogante, creo que podemos pensar esta marca como el estigma de la castración real, esto es, como signo - o traza - del ingreso de nuestro ser de vivientes al campo del lenguaje. Dice Colette Soler: “La tesis de Lacan es que el lenguaje es un operador. (…) Es decir, algo que transforma el pequeño viviente, que lo transforma. Podemos decir que lo desnaturaliza. (…) Operación lenguaje: transforma las necesidades naturales en pulsiones. Y en la operación algo se pierde.” (SOLER, 2002). La operación castración sustrae nuestra esencia viviente (biológica, natural). Así, pues, podemos afirmar que nuestro ser de vivientes queda forcluido (Verwerfung). Pero no-todo es pérdida: un resto de esa “naturalidad” queda, pues, en el interior del cuerpo simbólico que se ha constituido (Bejahung), como si algo (¿tal vez el objeto a minúscula?) fuera al lugar de la falta real en lo simbólico. ¿Será que hay una suplencia de un real por otro? En su respuesta, de todos modos, Lacan no habla de suplencia sino más bien de analogía. Hay analogía entre el real de lo pulsional y el real de lo simbólico. Retomo esta analogía un poco más adelante. Con respecto al plus que el significante deja en su atravesamiento del viviente, dice J. C. Cosentino: “Lo que hay en nuestro ser de “necesidad natural” es el masoquismo erógeno en sentido estricto. Un componente de la libido que sigue teniendo como objeto al propio ser. Un testigo y resto (Überrest) de aquella fase de formación en la que tuvo lugar la aleación (Legierung) entre pulsión de muerte y Eros.” (COSENTINO, 2005). Es decir, la forclusión del ser natural es lógicamente correlativa de un tiempo de afirmación del - y alienación a un - pseudoser real. Pseudoser de goce en donde se juega una identificación a la mónada primitiva del goce en lalengua. Queda abierta la pregunta por si esa primitiva fijación es, acaso, subjetivante.

De la analogía a la homología en Subversión del sujeto

En “Subversión del sujeto…” Lacan afirmaba lo siguiente: “El grafo escribe que el deseo se regula sobre el fantasma así establecido, homólogo a lo que sucede con el yo con respecto a la imagen del cuerpo.” Si retomamos la analogía de la que Lacan habla en su “Respuesta…”, resulta, pues, más que interesante pensar dicha analogía en referencia a la homología del grafo del deseo. ¿Por qué? Porque puede establecerse la siguiente relación: hay homología entre el yo y el fantasma así como hay analogía entre el real de lo pulsional y el real de lo simbólico. Veamos cuál sería una de las consecuencias más productivas de esta vinculación. Sabemos que Freud, al hablar del sentido psíquico del síntoma, plantea, por un lado, fantasías y, por el otro, identificaciones. En términos de Lacan, diríamos que el sentido psíquico es aquello con lo cual se anuda lo real de la estructura. Entonces, la vinculación antedicha nos permite pensar que, si el yo y las identificaciones recubren el real de lo pulsional, aquello que velará la castración real - el real de lo simbólico, lo Unerkannte -, ¿no es precisamente el fantasma: ($ a)? Si hay dos reales diferentes, entonces: el real pulsional (nuestro pseudoser de goce) se suelda al sentido psíquico como identificaciones (el narcisismo) y, en cambio, el real de lo simbólico (a fin de cuentas, ese infierno que es el deseo del Otro en tanto tal, como hiancia, agujero, vacío, y a la vez traza de un exilio, estigma de un origen, pregunta en sí mismo en tanto “ni me reconoce ni me desconoce” sino que me “cuestiona, me interroga en la raíz misma de mi propio deseo como a, como causa de dicho deseo”), se soporta en el fantasma, función que hace las veces de un lindo cuentito que le dará un cierto grado consistencia a eso que “somos” como ex-sistencia, como inesencia, como falta de sustancia. El delirio psicótico, por su parte, brinda una certeza inquebrantable a eso que nadie sabe: Schreber no tiene la intuición o el anhelo de ser una linda mina, ni tampoco se hace la pregunta de si acaso Dios (el Otro) podría querer eso. No. Schreber es LA mujer, y no se discute. Como tampoco se conversa su saber sobre el deseo del Otro: Dios exige la voluptuosidad, sólo queda acatar o extinguirse.  




Clínica de lo real de lo simbólico

Si nuestro ser primitivo es un pseudoser de goce, posición objetal y masoquista-erógena trans-estructural, entonces la histeria y la obsesión serán sus elaboraciones particulares (vía el recurso al Padre, al semblant fálico). La histérica se identifica al significante de la falta (Ф) tomando a este deseo del Otro como un objeto, para hacer emblema de la incompletitud y de la insatisfacción estructurales, a diferencia del obsesivo que, defendiéndose de esa insatisfacción traumática – desarmónica – primera, se aboca a sostener un goce fálico – armónico - absoluto, que lo deja tan muerto como al Padre ideal. Si la histérica se exhibe en su ser de falo deseado, mas para no entregarse como ser-de-falta, el obsesivo dará lo que tiene, para no ofrecer su castración simbólica, el misterio de su ex-sistencia – (que no soporta, porque lo angustia su precio). Ahora bien, en tanto interviene la lógica del significante de la falta y esa escena que es el fantasma como un modo de guarecerse del infernal deseo del Otro, a mi entender, constituyen una clínica de lo real de lo simbólico.   

Palabras finales: ¿clínica del real de lo pulsional?

Yendo a las presentaciones contemporáneas de las que me propuse hablar, son casos en donde la subjetividad, tomada por el mutismo pulsional, aparece fijada a una posición objetal rígida, maquínica, objetivada. Casi no hay chiste, juego, síntoma, sueños, ternura, amor o, todo esto, está altamente empobrecido. Mas esa rigidez del ego responde a una intensa fijación pulsional subrepticia. Si bien Lacan ubica al pasaje al acto en relación al “Yo no pienso” [Je pense pas] del ello hablando de la constitución subjetiva, de todos modos, clínicamente esta vinculación nos resulta muy útil porque en el pasaje al acto se trata efectivamente de una alienación no subjetivante a un lugar objetal que queda rápidamente al descubierto ante a la caída de las identificaciones auxiliares (imaginarias). Pero, entonces, el pasaje al acto (como ligado a estas presentaciones actuales) y el acting out corresponden a dos niveles diferentes. Yo creo que el acting out es más bien de la clínica de lo real de lo simbólico, puesto que en tanto “Yo no soy” [Je ne suis pas] habla de un intento resolutivo-curativo de asimilación y simbolización de ese punto de imposible, de infranqueable opacidad, en cuanto a nuestro origen y exilio. Y esa, ¿no es la función del fantasma? De lo que se trataría, entonces, en nuestras entrevistas preliminares, es de intentar desplazar esa alienación no subjetivante del “Yo no pienso” (pseudoser real) a esa otra alienación a la que estimo subjetivante del acting out y que, al ser coincidente con la alienación lacaniana del Seminario XI - en la que juegan al menos dos significantes -, es solidaria del movimiento clínico de separación (la separación como algo temporal, que se va dando en un análisis discontinuadamente, nunca de una sola vez y para siempre). La clínica psicoanalítica propiamente dicha – la de las neurosis transferenciales o fantasmáticas –, tal como yo la entiendo, es una clínica que apunta más bien a lo real de lo simbólico – no hay Otro del Otro - en tanto, como dice Lacan en el Seminario XIII: “… el psicoanálisis es la interpretación de las raíces significantes de aquello que hace a la verdad del destino del hombre”, pero en vías de desmistificar esa signación oracular por los significantes-amo para que emerja la inexistencia de un garante último, la verdad del deseo del Otro, agujero y límite del análisis. Es la regla fundamental, la asociación libre, en la medida en que abre a ese otro escenario en donde las sobredeterminaciones inconscientes comienzan a ponerse en movimiento, lo que puede provocar un cuestionamiento del pseudoser de goce de las presentaciones epocales, referidas a lo que podríamos llamar una clínica del real pulsional, para abrir así a un análisis propiamente dicho. La responsabilidad analítica, por su parte, no será otra sino la de provocar – poniendo en juego su cuerpo, su deseo y, no van a creerlo sus orejas, su amor – la posibilidad de esa transferencia necesaria para que la palabra se despliegue.


(*) Trabajo presentado como Ponencia en las Jornadas de la Cátedra II de Psicopatología (UBA). 14 y 15 de Noviembre de 2014. Facultad de Ciencias Económicas.  

BIBLIOGRAFÍA:

-          Cosentino, J. C.; “El inconsciente no-todo reprimido” en Cosentino, J. C. y Escars C. (comp.) El problema económico. Yo- ello - superyó - síntoma. Imago Mundi, Buenos Aires, 2006.
-          Lacan, Respuesta a una pregunta de Marcel Ritter. 26 de enero de 1975, Strasbourg.
-          Lacan, “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” en Escritos 2, Paidós, Buenos Aires, 2008.

-          Soler, C.; “La angustia en las psicosis”. Conferencia dictada en el Hospital Álvarez en el año 2002 en G. Bertrán (comp.) Hospital de día. Particularidades de la clínica, temas y dilemas. Minerva, Buenos Aires, 2004. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario