martes, 27 de diciembre de 2011

"La lectura desarma al Saber"



"¿Fue la temática convocante, precisamente, convocante? Quizá sea ésta la pregunta a trabajar en referencia a aquello que se planteó como “Grupo de los Viernes” y cuyo eje es “Edipo, Angustia e Inconsciente”.


En lugar de realizar una aproximación erudita acerca de las temáticas trabajadas, preferiría en principio responder por mi lugar de “coordinador” del artificio que posibilitó cierto despliegue de una tarea - siempre respetando la pregunta antedicha. En este sentido, situar otro interrogante que creo necesario para encarar esta indagación. Angustia y doctrina: ¿cómo pensar dicha relación?


Si inquiero sobre este vínculo es porque, en principio, me apoyo en una referencia bibliográfica precisa en la que Lacan, refiriéndose a Freud en el caso del pequeño Hans señala que “la angustia siempre está ahí presente en las distintas etapas de su observación, y la doctrina viene luego”, y además ya que considero que el mismo no es ajeno a la propuesta. Máxime cuando la misma intenta marcar cierta diferencia respecto de un abordaje de los textos más ligado a lo académico, o sea, a cierta transmisión sin resto que invierte el lugar del enseñando situándolo en posición de objeto. Objeto de un Saber acabado, cerrado, uniforme y frente al cual no quedaría otra opción más que la de acatar acríticamente y de un modo fetichizado los “conceptos nodales” - que han pasado a ser más bien preceptos ideales e incuestionables.


Para decirlo todo, “Edipo, angustia e inconsciente” son en principio significantes, o sea que no remiten anticipadamente a nada más que al deseo de quien arma este artificio y lo sitúan como un sujeto semi-representado y abierto al inter-juego de lo que se pudo decir. De lo que se pudo decir por algo que a lo que llamamos “Grupo” y que supone, en principio, una profunda renuncia a “quedarse leyendo solito en casa”. Aun cuando lo Grupal trabaja sobre lo Otro en términos de identificación y, en ese sentido, atenuando la vertiente de la singularidad, no obstante, el debate, la discusión, la diferencia, han tenido lugar. En este sentido, un tratamiento distinto que el vinculado a la mera identificación creo que ha sido posible.


Se pudo decir y decir esto no es decir poco, sino que más allá de lo que se dijo, se dijo. Esto trae la siguiente deducción: quedaba por decir. Y, evidentemente, había quienes tenían ganas de decir y hacer valer esa deuda: nuestro encuentro de hoy lo testimonia. El “Grupo de los Viernes”: ello habla… aún cuando sea Sábado; quizá sea el eco de ese decir que todavía retumba.


De aquí extraigo que hubo una política en acción, la cual yo pienso en sintonía con la política misma del psicoanálisis. Me refiero a una simple dimensión y que ilustraría con una pregunta, que quienes me acompañan en este sendero habrán escuchado más de una buena vez: “¿qué más?”


Pero también está “lo que se dijo” efectivamente y el hecho de que ningún enunciado pueda suturar al “decir” no excluye que haya enunciados… y enunciados. La cuestión, obviamente, no deja de ser qué consecuencias les damos a nuestros enunciados, cuál es nuestra enunciación. Sabemos que una psicoterapia, por muy “inspirada psicoanalíticamente” que se proponga, por mucha utilización de sentencias y frases de Freud o inclusive de Lacan en las que abunde y por las cuales se pretenda orientada, no deja de ser una psicoterapia: “Terapia, cada uno sabe la diversidad de modos y de resonancias que esto evoca. Su centro está dado por el término “sugestión”.” (Lacan Sem. 15).


Abordemos como más no sea superficialmente nuestros enunciados. Digo “superficialmente” ya que me resulta imposible dar cuenta de todo lo trabajado durante este productivo e intenso año 2011.


Y bien. Pienso en el Edipo como una matriz que postula el psicoanálisis para dar cuenta de una modalidad propiamente humana de dar una incompleta solución a una problemática también singularmente humana y que Lacan define claramente: “… el ser está perdido en el basurero del Otro.” (Lacan, Sem. 9). De esto parte la clínica psicoanalítica. De la falta en ser.


Falta en ser o Verwerfung del sí-mismo vinculable a la exigencia ética que conlleva sostener una escucha analítica, en tanto de ella dependerá dicha escucha en el sentido de que “analista” no es un “ser” sino un deseo. Que hay más allá del falo, allí se sitúa la apuesta del discurso que es el nuestro, ya que entendemos que el mismo implica alejarse de los ideales de totalidad, de completitud, de perfección. Desde esta óptica, el camino personal (abierto a la contingencia) se presenta como un desafío complejo pero necesario. Camino personal que no debe confundirse con un llamado al autismo del analista. Quiero decir: el analista se autoriza de sí, mas no sin otros. Otros con quienes hoy nos escuchamos y cuya sanción es, en última instancia, lo que orienta el camino a construir, armar, desarmar, rearmar.


No nos oponemos al estudio, etc., que uno pueda llegar a realizar en centros de grado o de post-grado, sino al hecho de la “gradación” misma de la “formación” analítica, implícito y eficaz en este modo de abordar las cuestiones. La figura del “especialista” propia de nuestra época, que involucra la diversificación en términos de “especialidades”, precisamente, y que nos llevan a hablar de “clínica de…”, “clínica de…”, “clínica de…”. La clínica es una, tan una como que no hay LA. Por eso la política es la lectura, ya que la lectura desarma al Saber y oblitera toda certidumbre anticipada, y tanto más cuanto que menos la de los textos, la de la “bibliografía obligatoria” o la del “programa”. Porque el primado del análisis personal, Freud primero y, Lacan después, nunca dejaron de señalarlo. El texto a leer es el texto que nos atraviesa como sujetos y que condicionará irreductiblemente la lectura de cualquier otro texto, eventualmente, uno de Freud o también el que salga de la boca de un analizante.

“Edipo, angustia e inconsciente” hacen a un pensar crítico e intempestivo, que nos interroga a todos y a cada uno. Pensar con ellos y repensarlos cada vez¸ es hacer lugar a nuestra potencia subjetiva y a nuestra voz. Esta es la apuesta a sostener con esos tantos significantes que hemos heredado: que en cuanto tal no significan nada y dependerá de nosotros articular su sentido y hacerlo valer.”














(Ponencia presentada por participante del Grupo de los Viernes en la Jornada del 3 de Diciembre. La imagen: "Madonna”, de Edvard Munch).

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