miércoles, 21 de diciembre de 2011

"La palabra es el único medio que tiene el psicoanalista..."



"¿Para qué asistir a un grupo de estudio en épocas en las cuales el saber está tan desprestigiado, cuando no hay tiempo para nada, muchísimo menos para llevar a cabo una actividad extraoficial?

Lo que nos convoca constantemente, lo que nos convocó este año, fueron las ganas de saber. El psicoanálisis nos llama a un estudio constante de la obra de Freud, de Lacan y de otros psicoanalistas.

Particularmente yo acepté la propuesta de comprometerme con un grupo de estudio porque quería aprender a leer. Más allá de lo ingenuo que puede sonar tal afirmación, los invito a que se la cuestione. Es justamente lo que sucede en este grupo: se cuestionan los textos. Nada más alejado de lo que ocurre en la facultad en donde, para aprobar una materia, uno tiene que memorizar un sentido unívoco de lo escrito o de lo dicho por el profesor.
Justamente Lacan nos enseña que esa no es la lógica del psicoanálisis. Apostando al significante- es decir, a su condición de no corresponderle representar un significado a priori- Luis nos invitó a que nos zambullamos en la lógica de la palabra, en la multivosidad de la misma. Para que de esta manera logremos hacer una operatoria de lectura. Ese es el significado particular, atravesado por mi subjetividad que se liga al significante lectura.
Operatoria que es sumamente riesgosa, que nos puede hacer dar pasos falsos, en una palabra: que nos quita la garantía del saber. Lo que se logró en cada encuentro fue la discusión de lo que leíamos en Freud, en Lacan, en lo que decía un compañero y de lo que decía Luis. Discusión que no se logra si no reinan las dos formas esenciales que tiene el psicoanálisis: la palabra dicha y la palabra oída. Lacan lo denuncia claramente: La palabra es el único medio que tiene el psicoanalista.

De esta manera, operando los textos de Freud pude llegar a una lectura, una suerte de intento por pescar la lógica de los textos, y encontré una idea que no está explícita en Freud, pero que, si no me equivoco demasiado, puede hallarse de buscarla.
Es la siguiente.

La sexualidad infantil y la sexualidad, en Freud, no son sino la misma cosa.
Es decir, que es un pleonasmo decir sexualidad infantil. Toda sexualidad es infantil.

Idea quizá arriesgada pero que los invito a que reflexionemos. ¿Qué otra lógica tiene el psicoanálisis si no es la de abrir la pregunta? Otras psicoterapias se encargan de obturar el sentido de lo dicho. Acá tratamos de que eso no suceda. Como psicoanalistas, como personas que adherimos a la idea freudiana del inconciente, sabemos que si un paciente habla nada sabemos. Si Freud dice que algo es inconciente para el paciente no significa que el psicoanalista lo sepa, o que (en una lectura que no comparto de la famosa frase: “el inconciente es un saber no sabido”) se trate de algo que en el fondo el paciente sabe, pero que no dice. Como si el analista tuviera que insistir para que el paciente confesase. La sugestión de aplicar la mano en la frente para que el paciente hablase Freud la descartó tempranamente. No tardó en sustituirla justamente por la asociación libre y la atención flotante.

Volvamos con mi idea: La sexualidad adulta y la sexualidad infantil no pueden ser muy distintas.
Podría buscar respaldos en la obra de Freud, por ejemplo:

“La felicidad es grande cuando el deseo infantil de tener un hijo encuentra más tarde su satisfacción real, sobre todo cuando el hijo es un niño que trae consigo el anhelado pene”

Si abrimos el término “deseo infantil de tener un hijo” podemos entrar en muchos textos, por ejemplo cuando menciona la famosa equivalencias del inconciente: Pene = niño = regalo = heces = dinero. Y con ella leer el Complejo de Edipo en la mujer, terreno bastante espinoso.
Se abre la pregunta ¿Porqué la niña cambia de objeto de amor, porqué ya no es la madre y pasa a ser el padre? Freud lo dice claramente: La envidia del pene. A fin de satisfacer su deseo- la envidia es un deseo- la niña espera de su padre que le provea de un niño.
Entonces, cuando una mujer adulta busca quedar embarazada, tener un hijo, un analista si escucha con la función significante introducida por Freud con las equivalencias, puede empezar a abrir el terreno para que la paciente, “trabaje” ese anhelo de ser madre.
Dos aclaraciones que no por ser obvias no merezcan ser dichas:


-No todo deseo de un hijo es un deseo de pene, si no el psicoanalista tendría la fácil garantía de escuchar de la misma manera a todos los pacientes con tal regla,
-Trabajar su deseo de ser madre es en caso de que para la paciente sea causante de alguna pregunta, es decir, cuando se cuestiona su propia posición subjetiva. No todo se analiza.

Otro caso para pensar la sexualidad como sexualidad infantil es el de la impotencia.

Entre muchachos suele escucharse que en caso de que un amigo tenga impotencia, siendo tan joven, lo burlen suponiendo que fuese por un problema físico, hormonal, como si el cuerpo se hubiese envejecido precozmente.

Freud cuando habla de las impotencias menciona que puede ser causa de una fijación incestuosa a la figura de la madre. Es muy claro cuando al escribirlo:


“Puede suceder así que toda la sexualidad de un joven quede ligada en lo inconciente a objetos incestuosos o, dicho de otro modo, fijada en fantasías inconcientes. El resultado es entonces una impotencia absoluta (…)”

De esta manera puede verse que la sexualidad no es únicamente un encuentro de genitales. En un caso de impotencia puede verse cómo el muchacho – y la muchacha…- se vieron perturbados por la perpetuidad de la sexualidad infantil en el inconciente de las personas, o lo que es lo mismo: por lo fallido de la represión.
Con esto último quiero decir que si la represión fuese un mecanismo de defensa infalible, el inconciente (si es que pudiese existir) no se manifestaría, no se presentarían a la conciencia esos fenómenos de tropiezos discursivos que tanto le interesaron a ese joven médico vienes.

Es de esta forma lo que entiendo por leer, como una operatoria de lectura. Lo dice la cultura popular: Cada libro tiene un final distinto, el que le da su lector. Por eso pienso que leer es sumamente arriesgado. Si no hacemos tal ejercicio, nos limitamos a repetir lo dicho y para eso, si me permiten la franqueza, prefiero fotocopiar el libro."


(Ponencia presentada por Participante del Grupo de los Viernes en la Jornada del 3 de Diciembre. La imagen corresponder a Vladimir Lush).

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