lunes, 26 de diciembre de 2011

"Para el sujeto hay alguien que sabe sobre su deseo..."




"Hemos realizado un largo recorrido desde nuestro primer texto “Sueño de muerte de seres queridos” hasta finalizar con nuestro último texto de este año capitulo VIII de Inhibición, síntoma y angustia. Parece que el psicoanálisis es causa de deseo para todos nosotros. Por eso mantenemos este espacio de lectura critica y reflexiva, enfrentamos nuestro “no saber”, aprendemos y debatimos desde una lógica muy diferente a la universitaria.


El hilo de este año giró entorno a “Edipo, Angustia, e Inconsciente”. Teorías centrales para el psicoanálisis.


Cuando hablamos de Edipo ¿a que nos referimos? ¿a esa ligazón afectiva entre madre e hijo? Entre la madre y el hijo podríamos agregar otro elemento simbólico intermediario, el FALO. El deseo de la madre es deseo de falo. Y el del hijo ser el deseo de su madre. Por lo tanto ser el falo de su madre. El falo viene a representar al niño, “la madre no lo tiene y el no lo es”. ¿Cómo sale el niño de esta posición obturante, aplastante? Depende del padre, el padre en tanto ley, que ejerce una doble prohibición, hacia la madre “no reintegraras tu producto” y hacia el hijo “ no te acostaras con tu madre”. La función del padre como agente de la castración es de corte. La castración extrae un goce, para no quedar aplastado por el deseo del Otro. Hay un rechazo del ser, hay algo del ser del sujeto que en lo simbólico no se inscribe “perdió ser el falo”, no hay objeto que lo represente. El sujeto falta en ser por la entrada al lenguaje. El sujeto está determinado por los significantes del Otro, los significantes maternos, pero hay un residuo que se escapa a estos significantes, el deseo, el deseo como lo que resiste. No hay otro que me nombre, hay una falta de saber, hay una falta en el Otro, el Otro está barrado. No hay garantía, hay un margen de indeterminación. De hecho esta es la ética del psicoanálisis, la ética de la falta, del deseo. “ser en la falta”, hacia ese lugar se dirige la cura.


Para Lacan la falta de objeto tiene un carácter central, es motor de la relación del sujeto con el mundo. El sujeto busca encontrar en el mundo ese objeto perdido, busca tapar la falta, velar la castración. Responde a la falta por medio de su fantasma, le da cierta consistencia de ser. Desde lo imaginario “yo tengo lo que al otro le falta y el otro tiene lo que a mi me falta”.


En las ultimas semanas en el grupo surgieron muchas cuestiones en relación al analista y al analizante. Cual es la posición del analista?


En primera instancia podríamos decir que se corre de un lugar de poder, de un lugar de saber, se abstiene de saber. El analizante le supone un saber al analista “el sabe lo que me pasa”, “que tengo que hacer para curarme”. Hay una demanda. Para el sujeto hay alguien que sabe sobre su deseo, “el otro tiene lo que a mi me falta” que es esto? La transferencia, otorgarle un saber al otro. Para analizante el deseo del analista es una incógnita, que intenta obturar. Y para nosotros ¿Cuál es el deseo del analista? Hemos hablado de deseo de que el analizante se haga cargo de su deseo, hemos hablado también de un no deseo, como si el analista debería abstenerse ya que estaríamos interponiendo nuestro fantasma, hemos hablado también de deseo de interpretar, finalmente dejamos abierta la pregunta, como un interrogante para responder el proximo año."



(Ponencia presentada por participante del Grupo de los Viernes en el marco de la Jornada construida por dicho grupo para debatir respecto de la temática elegida durante este año, a saber, "Edipo, angustia e inconsciente". La imagen corresponde al film de Almodovar, "La piel que habito").

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